“El Gobierno debe ser ambicioso en los próximos nueve meses”

El Economista dialogó con Rodrigo Alvarez, socio y director de Analytica Consultora

 

Entrevista a Rodrigo Alvarez Socio y director de Analytica Consultora Por Alejandro Radonjic

 

En diálogo con El Economista, Rodrigo Alvarez, socio y director de Analytica Consultora, ofrece una visión optimista sobre la coyuntura macro. Además, enfatiza la necesidad de la reformas (“el Gobierno tiene licencia para gobernar”, afirma), sostiene que disminuyó el riesgo político tras las PASO y pide no perder de vista la agenda requerida para generar dólares genuinos. Por último, cree que, más allá de que el crecimiento continuará, no hay margen para ver tasas superiores a 3% en el corto plazo.

 

Estamos viendo variaciones positivas en el PIB y la gran pregunta es si se trata de un rebote estadístico por la fuerte caída de 2016 o si es el comienzo de una etapa de crecimiento. ¿Usted qué opina?

No comparto la idea de que sea un rebote, aunque es obvio que la comparación con lo peor de 2016 exagera un poco las cifras. Pero la economía ha iniciado un proceso de crecimiento y sobre finales de 2017 ya vamos a estar transitando por encima de los máximos anteriores. A diferencia de episodios previos, hoy no vemos una restricción por falta de dólares en el horizonte. Hoy hay financiamiento. Y, además, algo que nos motiva a ser optimistas es la dinámica de la inversión: la vemos creciendo más de 10% en 2017. Y eso no creemos que se corte y va a ir ganando fuerza, más aún luego de los resultados de las PASO que, creemos, se van a ratificar en octubre.

 

¿Cree que el riesgo político, ese gran tema que obstaculizaba el proceso inversor, pierde potencia con los resultados que se avizoran en las legislativas?

Sí. Hay una mirada algo liviana a veces sobre la decisión de inversión. Es un variable que requiere seducción, tiempo y confirmación de rumbo. El que toma la decisión de invertir toma una decisión irreversible en el corto plazo y precisa un horizonte que le garantiza el repago de ese capital. Teníamos dos modelos: Uno decía “vamos para allá” y el otro proponía ir en el sentido totalmente opuesto. A partir de las PASO, hubo un espaldarazo para el Gobierno y, como dice Julio Burdman, tiene licencia para gobernar. Podemos proyectar con más probabilidad un ciclo que no va a ser de dos años más sino de ocho. Y eso va a ayudar a que los resultados sigan llegando.

 

El Gobierno dice que se siente cómodo con una tasa de crecimiento de 3-4% y que la economía no da para más. ¿Usted coincide o podríamos aspirar a crecer más? Por el estancamiento desde 2011, digo…

Allí tiendo a coincidir con el Gobierno. No podemos aspirar a tasas de crecimiento de más de 2,5% o 3% hasta que la economía no depure sus lastres. Además, hay un marco regional que muestra que los países vecinos crecen poco. Dado todo eso, crecer 3% no es desdeñable. Cuando ajustemos precios relativos y la cosa se ordene, allí podríamos crecer más, pero para eso falta.

 

La desinflación viene lenta. ¿Es normal y esperable, teniendo en cuenta experiencias similares o hay algo que no se está haciendo bien?

Hay una combinación. El BCRA se ha puesto objetivos demasiado ambiciosos. Cuando pensamos en los casos de Chile o Colombia, hablamos de ciclos largos cuyas condiciones iniciales, además, eran mejores. Generar una presión tan fuerte para llegar a un dígito en un mandato presidencial es uno de las mochilas que hace que la reactivación de la economía sea más lenta. El Gobierno, además, mira un sólo instrumento, que es la tasa de interés, y yo creo que se podrían haber usado más herramientas, como una actitud más enfática en la coordinación de precios allá por 2016. Eso podría haber servido, y mucho. El BCRA debería haber sido más laxo con sus objetivos, sobre todo viniendo desde una inflación de 40% y con 6 puntos de ajustes de tarifas. Fue demasiado ambicioso y en 2018 se dará una dinámica similar. Eso obliga a la autoridad monetaria a poner una tasa de interés en un nivel asfixiante para la economía. El BCRA tiene poco gradualismo.

 

Las exportaciones crecen poco o nada, hay un déficit comercial importante y, retomando su primera respuesta, el financiamiento que hay hoy para lubricar la economía es externo, es decir, no son los famosos dólares genuinos o reales. ¿Preocupa eso?

Esa es mi principal preocupación. No me preocupa la proyección del déficit o la deuda pública sino la capacidad de generar dólares genuinos. Y lo que está detrás de eso: si vamos a tener una economía más eficiente y competitiva. El reloj de arena avanza porque lo que para nosotros está empezando a ser normal, como tener una macro ordenada, ya es normal, hace rato, para casi todo el mundo. Cuando miramos los rankings de competitividad, Argentina está en el último tercio de la tabla en la mayoría de ellos. Hay que hacer reformas, y rápido. Y la ventana son los próximos nueve meses. Hay que hacer reformas pensando en la competitividad sistémica. El Gobierno tiene que ser prudente, pero también debe ser ambicioso para transformar la realidad más profundamente.

 

¿Dice nueve meses porque después empalmamos con las presidenciales de 2019 y todo se hace más difícil?

Sí. La ventana de construcción, que requieren acuerdos y consensos políticos, de transformaciones son los próximos nueve meses.

 

Entre las reformas en danza, ¿cuál juzga más importante?

Son todas importantes. Cuando miras el plano laboral, observas que la productividad por trabajador ocupado creció 2% en los últimos veinte años cuando aumentó 50% en el mundo; 40% en EE.UU., casi 30% en Chile y 10% en Brasil. Argentina, junto a Brasil, están en el lote del fondo y no casualmente estas cosas se están discutiendo. También hay que tener en cuenta que, entre 10 trabajadores, 3 está en negro, 2 en el Estado y sólo 3 son asalariados privados registrados. Hay que atacar la cuestión de la cantidad, la productividad y debes elegir desde dónde querés competir. Es una locura, como hace Brasil, su idea de salir a competir con China.  Son discusiones que debe darse. Y lo mismo pasa con la cuestión de la presión fiscal. Lo que se está tratando de hacer, y el gran desafío, es generar un cambio cultural. Cuando hablamos de la capacidad de generar dólares no depende sólo de que el Estado baje los impuestos. También necesitamos un sector privado más eficiente y activo, así como un mayor diálogo entre sindicatos y empresas. Son distintas dimensiones y es complejo. El cambio cultural detrás del desafío de ser más productivos, implica debate, tiempo y el aporte de todos.

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