Exportaciones per capita criollas, 70% menos que en Chile

En el primer semestre, fueron US$ 640 en Argentina versus US$ 1.800 en Chile

 

Una de las principales fuentes de promoción de desarrollo son las exportaciones, y tanto ortodoxos como heterodoxos coinciden en esa premisa. Como en otras áreas que favorecen el desarrollo (desde la calidad de la infraestructura hasta la seguridad jurídica), Argentina hace agua. Porque, como dice el informe que difundió Idesa ayer, “no se caracteriza por su vocación exportadora”.

 

Vamos a los números, que (ya) no mienten. Según datos recientes publicados por el Indec, en el primer semestre del 2017 se exportaron algo más de U$S 28.000 millones. ¿Mucho o poco? Eso equivale a unos US$ 640 por habitante. “En el mismo período Chile generó US$ 1.800 y Uruguay US$ 1.000 por habitante”, dice Idesa. Poco.

 

Pero hay más: el carácter poco unitario de las exportaciones. Nuevamente, a los números.

 

  • La región centro concentra el 84% de las exportaciones y, entre ellas, 75% son industriales y 25% primarias y energía.
  • Patagonia participa con el 8% de las exportaciones totales, distribuidas entre industriales y bienes primarios y energía en partes iguales.
  • El norte aporta otro 8% de las exportaciones de las cuales el 60% son primarias y energía y el 40% son productos industrializados

 

“Esos datos ponen en evidencia las enormes diferencias en la capacidad exportadora que se presenta según las regiones”, dice Idesa.

 

Hecho el diagnóstico, ¿qué camino(s) hay hacia adelante? “Existe un amplio margen para aumentar las exportaciones. Especialmente si se pone el énfasis en abordar los factores que aletargan la capacidad exportadora a medida que se aleja de Buenos Aires. El desafío plantea una agenda de políticas amplia y compleja. Por un lado, seriedad y profesionalidad diplomática, tomando como prioridad estrechar lazos comerciales con los países más dinámicos. A esto hay que agregar un replanteo en las agencias de exportación estableciendo metas y examen de resultados, reduciendo así los riesgos de que se conviertan en meros promotores de turismo de empresarios y funcionarios. Tan importante como esto es desplegar un trabajo perseverante para elevar la calidad del capital humano (educación y formación para el trabajo), del complejo científico tecnológico (para agregar valor e innovaciones a los productos argentinos) y multiplicar la inversión en capital físico, infraestructura y financiamiento de la producción”, dice el trabajo.

 

“De impactos más inmediatos e igualmente importantes son la reforma impositiva, la desburocratización y la eliminación de regulaciones que encarecen artificialmente la logística. Las cargas sociales (impuesto al trabajo), Ingreso Brutos y tasas municipales (a los insumos), Impuesto Al Cheque (al financiamiento) y a la Ganancia Mínima Presunta (al capital físico) son impuestos que, a diferencia del IVA, quitan competitividad porque quedan incorporados dentro del costo final de los productos que se quieren exportar. Como en la exportación no se pueden trasladar a precio y tampoco se pueden licuar con devaluación, se convierten en una piedra atada al cuello de quiénes quieren desarrollar capacidades exportadoras. En el mismo sentido operan las regulaciones que generan prebendas rentísticas encareciendo el transporte de la producción”, concluye Idesa.

 

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