“El desafío de Argentina es ser un país normal”

El Economista dialogó con el economista chileno Sebastián Edwards

 

Entrevista a Sebastián Edwards Economista y profesor de UCLA Por Alejandro Radonjic

 

“Desde hace mucho tiempo yo he planteado que un gran desafío para Argentina es transformarse en un país normal”, dice el prestigioso economista chileno Sebastián Edwards en un intercambio con El Economista.  Y va por más: “Si tan sólo lograra eso, y pudiera imponerse esa normalidad por un período largo  –digamos por una generación o 25 años– , Argentina se transformaría en una gran potencia internacional”, agrega el profesor de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) en un diálogo en el que también ofrece su visión sobre la economía global, América Latina y explica por qué apoya a Sebastián Piñera en las presidenciales venideras.

 

Empecemos por lo más general. Pese a los problemas que arrastra, el 2017 parece ser un año relativamente positivo para la economía global. Cuanto menos, en lo referido al nivel de actividad global. Los diversos shocks que se sucedieron en los últimos tiempos (por  caso, Brexit y Donald Trump) no han tenido el efecto negativo imaginado inicialmente. El FMI, por ejemplo, proyecta un crecimiento de 3,5% en 2017 y 3,6% para 2018. ¿Usted tiene una mirada optimista también y, en ese caso, podrá continuar el crecimiento?

Efectivamente, el 2017 ha sido un año positivo. En ese sentido, ha sorprendido a los analistas que habitualmente muestran pesimismo. Este ha sido el primer año, en un largo período, en el que todos los cilindros de la economía mundial están operando. La economía europea ha avanzado a buen paso, lo que sugiere que pronto el Banco Central Europeo va a comenzar a recoger liquidez. Japón lleva seis trimestres con crecimiento positivo y, si esto se mantiene hasta septiembre, será un récord en el Siglo XXI para este país. China crece con vigor, sorprendiendo a los analistas del Fondo Monetario Internacional. Gran Bretaña, a pesar del Brexit, da señales de expansión. Quizás la región más floja sea nuestra América Latina. Sin embargo, incluso en Brasil se empiezan a ver brotes verdes. Como están las cosas, lo más probable es que el año 2018 también sea un año benigno para la economía mundial. Aunque no hay que descartar ciertos peligros, ciertos riesgos no triviales.

 

¿Y cuáles son esos “riesgos no triviales” que se observan en el horizonte?

Hay varios problemas potenciales que debemos atender. Una primera área tiene que ver con los riesgos geopolíticos. Aquí el tema de Corea del Norte ha adquirido mayor importancia en los últimos meses. Pero, naturalmente, no es la única área de peligro. Ataques terroristas en las principales ciudades del mundo continúan siendo una triste posibilidad. Al mismo tiempo, los “encontrones”, por llamarlos de alguna manera, entre naves de guerra de Estados Unidos y otros navíos en el sur este asiático son problemáticos, y podrían derivar en un conflicto serio.

 

Efectivamente, el 2017 ha sido un año positivo. En ese sentido, ha sorprendido a los analistas que habitualmente muestran pesimismo. Este ha sido el primer año, en un largo período, en el que todos los cilindros de la economía mundial están operando.

 

¿Y los riesgos económicos?

Desde un punto de vista puramente económico, uno de los mayores desafíos tiene que ver con la manera en que los principales bancos centrales del mundo enfrentarán el 2018. Parece haber una “nueva normal” donde los bancos centrales sufren dilemas agudos, y tienen mucho menor poder que antes para guiar la política monetaria. Eso se ve con mucha claridad en Estados Unidos, donde la inflación continúa bastante por debajo de la meta, pero donde el desempleo ha caído a niveles muy bajos desde un punto de vista histórico. Esto le da señales contradictorias a la Reserva Federal. Además, viene un importante cambio de liderazgo, y no sabemos a qué tipo de personas Trump tiene en mente. Los bancos centrales latinoamericanos tienen su propio dilema: deben seguir a la Fed, o forjar su propio camino independiente. Las decisiones que tomen al respecto tienen importantes consecuencias, tanto en la economía real como en lo cambiario.

 

Pasemos a América Latina. Tras el superciclo de las commodities, a la región le está costando crecer a tasas más elevadas y son muy pocos los países cuyas tasas de expansión están en 4% o más arriba. ¿En qué fuentes deben encontrar el crecimiento hacia delante?

Aquí hay que notar dos cosas: en primer término, los precios de muchas materias primas han empezado a subir, especialmente los de los metales, tanto los básicos como los metales preciosos. Esto, naturalmente, ayuda a muchos países de la región. Además, las tasas de interés globales siguen estando bajas, y eso es positivo para América Latina. Pero al mismo tiempo hay que notar que la mayoría de los países de nuestra región se ha ido quedando atrás en lo que a crecimiento de productividad y modernización de sus economías se refiere. Independientemente de los índices o rankings que uno use, lo que se ve es muy claro: los países latinoamericanos van rezagándose en relación a los del resto del mundo. Tomemos el caso de Chile, el país con el mayor ingreso per capita, y durante las últimas décadas el más exitoso de toda América Latina. Hace tan sólo unos años se encontraba en el lugar 35 del ranking “Doing Business” del Banco Mundial. En la última edición de ese ranking, Chile estaba en el lugar 57. Esta es una caída libre, muy seria, que refleja no sólo lo que está pasando en ese país sino también en toda América latina. En ese sentido, es de urgencia que los líderes de nuestros países entiendan que el mundo está enfrentando una revolución tecnológica sin precedentes, y que ello requiere de reformas rápidas, eficientes, y profundas. Si estas no se hacen, América Latina quedará irreparablemente rezagada del resto de los países del mundo

 

Hay varios problemas potenciales que debemos atender. Una primera área tiene que ver con los riesgos geopolíticos. Aquí el tema de Corea del Norte ha adquirido mayor importancia en los últimos meses

 

Hablemos un poco más de Chile. ¿Cómo está hoy su economía y por qué decidió apoyar a Piñera en las elecciones del 19 de noviembre?

Esto tiene mucho que ver con lo que decía en la pregunta anterior. La disyuntiva en este momento en Chile —y en el resto de la región, como decía hace unos minutos— tiene que ver con cómo enfrentaremos la llegada de máquinas inteligentes que tenderán a reemplazar a seres humanos. Si uno mira a los distintos políticos latinoamericanos (y chilenos) uno se da cuenta que la mayoría de ellos siquiera está consciente de éste problema. La prestigiosa consultora McKinnsey presentó un estudio definitivo a principios de este año: en él se determina que con la tecnología ya existente, más de la mitad de los empleos en América Latina podrían ser reemplazados por máquinas inteligentes. Los sectores afectados varían de país en país —son diferentes en Argentina, Chile y Brasil—, pero lo que es bastante estable es que entre 49% y 55% de los empleos son susceptibles a desaparecer. ¿Cómo enfrentaremos esa realidad? ¿Cómo competiremos con aquellos países que tomen la delantera en adoptar las nuevas tecnologías y los robots inteligentes? En Chile, el único candidato que, más o menos, está pensando en estos temas es Piñera. El candidato oficialista, el senador Alejandro Guiller, es una buena persona y un ex periodista de prestigio, pero alguien con una visión tremendamente nostálgica del país y del mundo. Yo creo que la única manera en que Chile puede seguir progresando es uniéndose a esta revolución tecnológica y, desde la política, eso significa Piñera.

 

Yo creo que la única manera en que Chile puede seguir progresando es uniéndose a esta revolución tecnológica y, desde la política, eso significa Piñera.

 

Por último, Argentina. ¿Cómo está viendo las macrinomics? El Gobierno dice que está normalizando el país luego de doce años del populismo insustentable de los Kirchner y, más allá de que ya se ven algunos brotes verdes y datos positivos en la economía luego de un primer año de ajuste, el camino parece largo…

Desde un punto de vista histórico, el caso de Argentina es muy interesante y a la vez tremendamente triste. Uno de los países con mayor potencial en el mundo, en lo que a recursos naturales y recursos humanos se refiere. Una Nación con individuos creativos, originales y generosos que se ha quedado atrás, que ha sido golpeada una y otra vez por crisis generada por sus propios políticos. En ese sentido, desde hace mucho tiempo yo he planteado que un gran desafío para Argentina es transformarse en un país “normal”. Si tan sólo lograra eso, y pudiera imponerse esa normalidad por un período largo  –digamos por una generación, o 25 años–, Argentina se transformaría en una gran potencia internacional. En ese sentido las acciones del actual Gobierno del presidente Mauricio Macri están encaminadas en la dirección correcta. Los últimos doce años en Argentina fueron un ejemplo clásico de populismo irresponsable y enormemente costoso. Es una situación que corresponde, casi exactamente, al patrón que hace ya más de 25 años propusimos Rudiger Dorbusch y yo, como el patrón del populismo. Salir de ese pantano no es fácil, y al margen de algunos pequeños errores y cálculos equivocados, la administración Macri lo está haciendo bien. Por el bien de todos, hay que desearles suerte.

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