El BCRA en busca de la sensibilidad

La variación general del nivel de precios se desacelera, aunque más lentamente de lo que a todos nos gustaría

 

Por Miguel Zielonka Director Asociado en Econviews

 

En poco tiempo el sistema de metas de inflación va a cumplir dos años de vida.  La variación general del nivel de precios se desacelera, aunque más lentamente de lo que a todos nos gustaría. Algunas restricciones afectan la velocidad de la desinflación: un déficit fiscal relativamente alto y tarifas de servicios públicos atrasadas en términos reales son “arena” en el camino hacia menor inflación.

 

¿Qué cree y sabe a esta altura el BCRA?

 

Su principal instrumento de política es la tasa de interés.  Aunque no lo parezca, el directorio se ha mostrado muy flexible en este tema.  No me refiero al nivel de la tasa de interés sino específicamente a qué tasa de interés nos referimos.  Se anunció con bombos y platillos que la tasa de política era la de pases.  A los pocos meses hubo migración a la tasa de Lebac de corto plazo, y finalmente estamos en una etapa en la que lo que mueve el amperímetro es la tasa de Lebac de largo plazo en el secundario.  En cualquier caso, el manual del banquero central inflation-targeting-ista es subir la tasa cada vez que la inflación está por encima del objetivo.  Ducha fría para los precios rebeldes.

 

Los mecanismos de transmisión desde el movimiento de la tasa hasta su impacto en precios.  El primer canal es el crediticio puro.  Tasa más alta impacta una cuenta de intereses más alto y menos dinero disponible para gasto. El segundo canal es el de las expectativas.  Cuando sabemos que hay un “guardián” de la inflación dispuesto a lanzarnos su doberman cada vez que es necesario, la disciplina y conciencia de costos de cualquier formador de precios y/o consumidor aumenta.  El tercer canal es el tipo de cambio nominal.  Una política monetaria contractiva genera una tasa de interés muy atractiva según parámetros internacionales.  El ingreso de capitales mantiene a raya al tipo de cambio nominal, que finalmente implica “precios cuidados” para los bienes transables de la canasta.

 

¿Qué es lo que no tiene o no sabe a esta altura el BCRA?  

 

El BCRA no tiene sensibilidad.  No me refiero a sensibilidad social, sino a la sintonía fina de la reacción entre un movimiento de la tasa de interés y el efecto que busca lograr en la inflación.  Como si fuera un hombre aprendiendo a manejar, no sabe la demora de tiempo ni la intensidad de frenado que enfrenta cada vez que pisa el pedal.  Por eso hace unas semanas el auto “cabeceó” cuando el BCRA subió más de 2 puntos las tasas en la parte larga de la curva de Lebac en secundario.

 

A diferencia de otros bancos centrales, lo que nuestro regulador aún no tiene estimados son los parámetros de la curva de demanda de bienes y de pesos.  Al fin de cuentas, la suba de tasas apunta a lograr que se equilibren esos mercados, y que no queden pesos sueltos presionando en exceso la demanda de bienes (con oferta constante en el corto plazo).  La estimación de la elasticidad de la demanda de dinero frente a cambios en la tasa de interés es todavía una incógnita.

 

En el BCRA están trabajando en esa dirección.  Cuando tengamos un modelo de esas curvas podremos saber con mayor precisión cuál es el movimiento de tasas necesario y cuál es la demora en sentir esos efectos.  Mientras tanto, ya lo dijo Diógenes, el “El cínico” y lo repetía Carlos Bala: el movimiento se demuestra andando.  Ensayo y error.

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