“Los mercados comenzaron a ver un Cambiemos de 8 años”

22 de agosto, 2017

 

Entrevista a Julio Burdman Director de Observatorio Electoral Consultores Por Alejandro Radonjic

 

En diálogo con El Economista, Julio Burdman, director de Observatorio Electoral Consultores y uno de los analistas políticos más lúcidos de la escena vernácula, opina de todo. La lectura que hicieron los mercados de las PASO, la sobrevida de Mauricio Macri en el poder, el estado de Cambiemos, el futuro de Cristina Kirchner, el rol de la Unión Cívica Radical (UCR) y el futuro del peronismo.

La lectura positiva que hicieron los mercados no fue sobre Cristina sino sobre Macri. El Presidente les demostró que puede. Hasta ese momento… mucho no le creían.

 

Los mercados financieros volaron la semana pasada basado en ciertas asunciones que me gustaría que usted, desde la ciencia y el análisis político, me diga si son lecturas acertadas y probables. Arranquemos por la primera: Cristina no volverá a la Casa Rosada en 2019.

La lectura positiva que hicieron los mercados no fue sobre Cristina sino sobre Macri. El Presidente les demostró que puede. Hasta ese momento… mucho no le creían. El de Cambiemos es el Gobierno más proempresa que puede admitir Argentina, y a pesar de eso los empresarios no estuvieron confiando en él. Recordemos que Macri lidera un Gobierno de minoría, que salió segundo en las elecciones presidenciales y que dependió de la ayuda de diputados y senadores peronistas para aprobar leyes. El Gobierno de Macri nació débil, y como tal no podía garantizar reformas promercado, ni continuidad política. Decir que los mercados temen la vuelta de Cristina es una forma amable de decir que temen el fracaso de Macri. Bueno, todo ese clima empezó a cambiar el 13 de agosto. Y creo que las reacciones de la Bolsa y el dólar del lunes 14 reflejaron eso. Muchos comenzaron a ver un Cambiemos de ocho años. En cuanto a Cristina Kirchner, no emergió victoriosa de la elección, pero tampoco está terminada. Hoy cualquiera puede aspirar a ser el candidato del peronismo en 2019, y eso la incluye a ella.

 

Muchos comenzaron a ver un Cambiemos de ocho años. En cuanto a Cristina Kirchner, no emergió victoriosa de la elección, pero tampoco está terminada. Hoy cualquiera puede aspirar a ser el candidato del peronismo en 2019, y eso la incluye a ella.

 

Supongamos, entonces, que Cambiemos puede ser un ciclo largo, es decir, con una “re” (como mínimo), ya sea de Macri o alguien de su entorno. ¿Qué cree, y qué pasa si la economía no levanta (ya sea por errores de política económica o eventuales cisnes negros globales)?

Difícil. El crecimiento latinoamericano es bastante dependiente del contexto internacional, y los gobernantes locales siempre se llevan el mérito o la culpa. Si no hay crecimiento económico ni mejora de los indicadores sociales, el 2019 de Cambiemos es incierto. Ya bastantes meritorios fueron los resultados de las PASO a pesar del bajo rendimiento de los brotes verdes. El “voto bolsillo” no tiene efectos automáticos, y no significa que la política no pueda hacer nada en la adversidad. Pero si el Gobierno de Macri no es acompañado por la economía, su propio electorado se va a decepcionar. No solo tendrá que disponer de recursos para negociar con sus opositores, sino que deberá hacer concesiones hacia su propia base electoral y territorial para evitar la dispersión. Para colmo, no hay pronósticos claros sobre la economía mundial de los próximos años. Por ejemplo, una de las explicaciones de la escasez de presidenciables en Chile es que muchos temen una etapa de crecimiento mediocre.

 

Macri va a intentar que las reformas pasen. El está convencido de que esas reformas son necesarias. Todas. Si pudiera ser menos gradualista, lo sería.

 

Una tercera suposición es que el Gobierno, más envalentonado y con un stock legislativo mayor, irá por las famosas “reformas estructurales” (laboral, impositiva, previsional y fiscal). ¿Lo imagina ambicioso allí o avizora un escenario legislativo y una arena pública más confrontativa que sólo deje espacios para reformas, digamos, testimoniales?

Macri va a intentar que las reformas pasen. El está convencido de que esas reformas son necesarias. Todas. Si pudiera ser menos gradualista, lo sería. Su riesgo es “agrandarse” por las elecciones. Porque podrá sumar votos, bancas y clima, pero va a seguir teniendo un gobierno de minoría. Tal vez en la Cámara Baja pueda llegar al quórum propio si logra 100 diputados propios y además hace una alianza con tres o cuatro gobernadores y opera un nuevo bloque “opoficialista”. Pero en la Cámara Alta no le va a quedar otra que negociar con el peronismo en mayor escala. Finalizado el proceso electoral, otra vez Emilio Monzó y Rogelio Frigerio tendrán que pasar al primer plano. Y con un Cambiemos agrandado, dispuesto a “ir por todo”, eliminar definitivamente al kirchnerismo, reformar todo el sistema económico, etcétera… ni Monzó ni Frigerio podrán hacer su trabajo dialoguista. Cambiemos está condenado al gradualismo y la búsqueda de consensos con algunos sectores del peronismo. Un peronismo que, además, a partir de mediados de 2018 irá cerrando los puentes de la cooperación porque tendrá que pensar en su propio liderazgo.

Cambiemos está condenado al gradualismo y la búsqueda de consensos con algunos sectores del peronismo. Un peronismo que, además, a partir de mediados de 2018 irá cerrando los puentes de la cooperación porque tendrá que pensar en su propio liderazgo.

 

Se habló bastante del peronismo y sobre si está pasando su propio 2001 y demás, pero no tanto de Cambiemos y su ratificación electoral, ya no sólo en el centro del país, sino también en provincias más alejadas (en todo sentido). En una interesante columna en Anfibia, usted plantea que “Cambiemos pasó de ser una coalición a ser un partido”. ¿Qué implica eso y cuáles son sus perspectivas? Imagino que va a jugar fuerte en diversos distritos, que solo conocen peronismo, con miras a 2019 y más allá. ¿Va por todo (a su manera, claro)?

Lo de Cambiemos como partido es una hipótesis, y que tiene al desempeño económico de Macri como precondición. Si Macri tiene éxito y edifica un gobierno de 8 años o más, entonces lo que nació como una coalición podría convertirse en un partido. Es decir, con las identidades previas diluyéndose, y una identidad nueva emergiendo a partir de lo viejo. Observando cómo viene funcionando Cambiemos a nivel interno -el armado de las listas y la jefatura única-, y el antecedente del PRO en la CABA, podemos preguntarnos si acaso Macri no tiene la intención de construir un partido político nacional, nuevo, llamado Cambiemos. Uno que sea algo más que simplemente “el no-peronismo” o “el antikirchnerismo”.

Si Macri tiene éxito y edifica un gobierno de 8 años o más, entonces lo que nació como una coalición podría convertirse en un partido

 

¿Y la UCR?

 

El radicalismo es un partido que aportó valores fuertes y tradiciones democráticas, pero en su historia reciente no tiene ideas tan nítidas en lo económico o las relaciones internacionales. Hay diferentes radicalismos. Por ejemplo, hay radicales progresistas que se sienten cómodos hablando de Nicolás Maduro o la corrupción, pero prefieren esquivar los debates sobre el rol del Estado en la economía o la relación con Estados Unidos. El macrismo, en cambio, tiene ideas más nítidas en estos temas, sin matices internos. Cuando Macri habla de una política nueva, se refiere también a sus valores ideológicos. Como todos los presidentes en Argentina, Macri viene a cambiar las cosas. Si puede, lo va a hacer. Esto puede crear una tensión con el radicalismo, o al menos con algunos sectores del partido centenario. El macrismo no compite con la UCR por las banderas. El PRO respeta la tradición ideológica radical, y propone algo diferente. Pero le disputa lo que el radicalismo siempre consideró como “su” electorado, que son los sectores medios. La sociología electoral de Cambiemos no es la del menemismo. La fórmula de Cambiemos incluye a las clases medias, las altas, el interior agropecuario, y apela a los sectores bajos aspiracionales. Necesita a los radicales adentro para construir algo distinto al radicalismo.

Los que ven un peronismo desapareciendo tienen que mirar mejor. Los votos del peronismo están ahí, intactos. Si sumamos a las diferentes listas del PJ, el FpV y la Unidad Ciudadana, hay 40% de los votos nacionales al menos -sin contar al massismo-.

 

Por último, ¿cómo sigue el peronismo? Se lo ve fragmentado, lejos de la Casa Rosada, La Plata y amenazado en diversos bastiones subnacionales, y varios analistas dudan sobre su supervivencia, una vez más. Usted sugirió en una columna reciente en el estadista que no está tan desunido como parece y que todavía tiene cierto appeal en las urnas…

Más que eso. Los que ven un peronismo desapareciendo tienen que mirar mejor. Los votos del peronismo están ahí, intactos. Si sumamos a las diferentes listas del PJ, el FpV y la Unidad Ciudadana, hay 40% de los votos nacionales al menos -sin contar al massismo-. Hoy el panperonismo no tiene liderazgo único, lo que no sorprende. Lo nuevo en el sistema partidario es que hay una fuerza que logró unir al voto no peronista, y que está ensamblada por el ejercicio del Ejecutivo. El peronismo seguramente intentará unirse en 2019 y hoy no hay razón para creer que no lo logrará. Si Cambiemos sigue expandiéndose en las provincias, lo esperable es que el peronismo se aglutine. Lo que no sabemos aún es cómo lo hará. La elección de 2017 no está dejando pistas y sí muchos aspirantes en el llano.

El peronismo seguramente intentará unirse en 2019 y hoy no hay razón para creer que no lo logrará. Si Cambiemos sigue expandiéndose en las provincias, lo esperable es que el peronismo se aglutine.

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