La paridad llegó hasta el final

Los oficialismos locales prevalecerán en casi todas las provincias, pero corren riesgo en los tres distritos más grandes –Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe– y en la simbólica Santa Cruz

 

Por Juan Radonjic

 

En buena medida, lo que ocurra el domingo puede anticipar el futuro político de Argentina porque los antecedentes muestran que las elecciones generales raras veces revierten los resultados de las primarias sino que los amplifican.

 

A partir del lunes comenzará una nueva campaña que estará fuertemente condicionada por los resultados de las primarias.  Los que ocupen los dos primeros lugares invocarán el voto útil para lograr el apoyo de los que optaron por aquellos que resultaron terceros o cuartos.  De todas maneras, eso puede ocurrir en muy pocos distritos porque en la mayoría hay sólo dos fuerzas competitivas.  Otro dato es que la polarización tiene más sentido en las provincias que eligen senadores porque allí hay lugar sólo para dos fuerzas mientras que la representación proporcional  para el caso de los diputados permite que en los distritos con más legisladores como Buenos Aires, la CABA, Córdoba y Santa Fe haya espacio para los que salgan terceros y hasta cuartos.

 

La provincia que tiene los dos requisitos para que pueda darse una polarización es Buenos Aires porque elige senadores y porque los dos primeros reunirán entre 65% y el 70% de los votos por lo cual quedará un amplio segmento del  electorado al cual interpelar. Pero la polarización también dependerá de la distancia a la quede el tercero dado que si no es muy significativa, tiene más posibilidades de retener los votos que si pierde por mucho.

 

A partir del lunes desde Cambiemos y Unión Ciudadana  saldrán a la conquista de los votantes de Sergio Massa y Florencio Randazzo, probables tercer y cuarto respectivamente. De todas maneras, Massa tiene un antecedente que lo favorece y es que pese a haber obtenido sólo el 18% de los votos en las primarias de 2015, trepó al 22% en las generales.  Y otro que lo perjudica: en 2013, la suma de su lista, y la que encabezaba Martín Insaurralde,  aumentó 10 puntos entre las PASO y las generales mostrando una fuerte polarización entre las dos instancias.    A partir del lunes,  los oficialismos tendrán más posibilidades que la oposición para profundizar su triunfo o revertir la situación en el caso de una derrota. En la provincia de Buenos Aires,  si el Gobierno pone en marcha políticas focalizadas en los sectores sociales y regiones en los que se obtuvo  los peores resultados y la economía evoluciona favorablemente, puede mejorar su performance en  octubre. Para ello será decisivo, nuevamente, el papel de la gobernadora Vidal que ha sido la cabeza de la campaña del oficialismo y que colocó en la agenda los temas que más le preocupan a la sociedad. Mientras que Cristina Fernández tendrá como única apuesta que la situación social se deteriore  y pueda  seguir haciendo campaña sin mostrarse ella y exponiendo  a  “las víctimas del ajuste”.

 

Escenario probable

 

La oposición al Gobierno ganará la mayoría de las provincias, lo cual no debe sorprender  porque hoy las gobierna.  Pero no se trata de de un conjunto homogéneo sino que hay entre los gobernadores diferentes matices sobre como relacionarse con el  Gobierno nacional y los legisladores electos podrían reflejar esas distintas variantes.  A su vez, Cambiemos ganará ampliamente en la suma de votos en todo el país  porque está  constituido en 23 de los 24 distritos del país y en el caso de la CABA está claro que la lista que encabeza Elisa Carrió forma parte de ese espacio.

 

De todas formas hay varias provincias en las cuales los oficialismos locales están amenazados. Son los casos de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Santa Cruz. No es poco ya que se trata de los tres distritos más grandes del país y otro con una fuerte carga simbólica.

 

En el resto del país, probablemente ganen los que están gobernando como ocurre casi siempre dado que los oficialismos cuentan con muchas ventajas. Curiosamente uno de los distritos en los cuales la condición de oficialista no da tantas seguridades es  Buenos Aires. Así lo demuestran las elecciones de 1987, 1999, 2009,2013 y 2015. Pero tampoco les dio seguridades a los ganadores porque   aquellos que obtuvieron triunfos resonantes fracasaron dos años después en su intento de llegar a la Presidencia  como lo demuestran los casos de Antonio Cafiero, Graciela Fernández Meijide y Sergio Massa. Pero también es cierto que casi todas las elecciones legislativas en Buenos Aires  –la excepción fue la de 2009–  anticiparon la suerte del oficialismo nacional en la presidencial siguiente. De ambos antecedentes surge que los verdugos del oficialismo  en las legislativas no fueron los  que se beneficiaron dos años después.

 

Sin lugar a dudas, el resultado más esperado es el de la provincia de Buenos Aires. El camino hasta será completamente distinto, desde el punto de vista político y económico si gana Cristina que si lo hace la oposición.

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