El triunfo y el aislamiento

No hay posibilidad de formular una política económica de la magnitud que requiere salir del atraso argentino sin elaborar una relación política de la misma envergadura: el aislamiento, ya se sabe, garantiza el fracaso

 

Por Carlos Leyba

 

El Gobierno encara esta elección PASO con una economía poco alentadora –por decir lo menos– y con un escenario político divido en tres espacios. El primer espacio es el de la Ciudad de Buenos Aires, la de más alto ingreso por habitante, ciudad de servicios, tributaria todavía de algunos subsidios en las tarifas.

 

En esa ciudad tradicionalmente la voluntad popular se ha arrimado a un discurso que representa el PRO. En esta oportunidad ese discurso se ha extremado por la representación de Elisa Carrió. La Carrio está alimentada por la parafernalia de los hitos de la corrupción cuyo representante más destacado de estos días es el cuñado de Julio de Vido capturado en Chapadmalal. Un operativo que remeda la captura de José López, mismo casco, misma cara, mismo entusiasmo por imaginar que “va a cantar”.

 

Muchos adentro, los principales afuera, todo en veremos, pero la imagen, trayectoria y campaña de Lilita suma votos al ritmo de la impresión de denuncias, procesamientos y “tiempismo” de los jueces de Comodoro Py. Pocos resultados de las PASO están tan cantados como el triunfo de Elisa en la Ciudad. Una Lilita que no es del PRO y que ya no es radical. Un triunfo unipersonal.

 

El primer espacio es el de la Ciudad de Buenos Aires, la de más alto ingreso por habitante, ciudad de servicios, tributaria todavía de algunos subsidios en las tarifas

 

Los votos de Carrió vienen por su testimonio de ella y por la bronca del electorado porteño con la corrupción que el gobierno K ha llevado a los extremos.

 

Este triunfo se prorrogará en octubre. El gran perdedor será Martín Lousteau que habrá perdido la imagen de quien podría conducir al radicalismo y a sectores social demócratas.

 

El segundo escenario es el del interior del país. El triunfo de la boleta Cambiemos –sumando todas las provincias– parece que, en esta “primera vuelta”, es altamente probable. Tampoco será el triunfo del PRO. Será un triunfo de la organización del radicalismo. El partido radical habrá demostrado, al interior de la cultura política radical, que todavía existe y que sin él no habría este casi seguro triunfo de Cambiemos.

 

No es el PRO el que gana en el interior y si bien es Cambiemos, la clave del triunfo será el radicalismo.

 

El triunfo “del Gobierno” en la Ciudad y en la sumatoria del interior, no será el triunfo del PRO, que es el grupo que gobierna el Ejecutivo Nacional. La mayor contribución al triunfo viene de los aliados al PRO.

El partido radical habrá demostrado, al interior de la cultura política radical, que todavía existe y que sin él no habría este casi seguro triunfo de Cambiemos

 

Carrió –en función de esa contribución a un triunfo aplastante que sin ella no tendría lugar– ha logrado una pequeña participación en la Jefatura de Gabinete que sumará a Fernando Sánchez.

 

El radicalismo, a pesar de su aporte fundamental en el interior, seguirá lejos del corazón y el cerebro del poder que se cocina en la Jefatura de Gabinete.

 

Esta suerte de contradicción anuncia un conflicto al interior de la coalición cuando el gobierno PRO trate de poner en marcha las reformas laborales, impositivas y de seguridad social e inclusive las que apuntan a la apertura de la economía.

 

Esas “reformas” no parecen contar con la simpatía ideológica de los cuadros del radicalismo. La decisión PRO, de tener a los radicales lejos del corazón y el cerebro del poder, acumula conflictividad cuya maduración es inversamente proporcional al éxito económico.

 

Si el PRO logra el éxito (crecimiento con empleo, desinflación con equilibrio externo) es posible que la conflictividad torne en adhesión (lo mismo que ocurrió con el peronismo con la convertibilidad). Pero si el estancamiento sin empleo y la inflación con desequilibrio externo continúan, entonces la búsqueda de las reformas se puede encontrar con alta conflictividad en la bancada radical.

 

El radicalismo, a pesar de su aporte fundamental en el interior, seguirá lejos del corazón y el cerebro del poder que se cocina en la Jefatura de Gabinete

 

El triunfo del oficialismo nacional tanto en la Ciudad como en el interior es de alta probabilidad. Pero dado que no será estrictamente un triunfo del PRO sino de sus aliados, entonces, la fortaleza de la alianza para encarar las políticas que anuncia el Gobierno habrá de requerir el éxito económico que no ha llegado. ¿Llegará?

 

El tercer escenario es el de la provincia de Buenos Aires. Hay un consenso entre los analistas y los consultores, que lo más probable es el triunfo de Cristina Fernández en las PASO.

 

La mayoría supone un triunfo ajustado. Pero no pocos calculan una diferencia importante. Si la diferencia llegara a ser importante hay una señal fuerte al interior del peronismo.

 

El peronismo bonaerense, en ese caso, ratificara mayoritariamente su adhesión a CFK y la grieta mayor será, entonces, entre el peronismo del conurbano y el del resto del país que mantendrá la tradición y la mirada de la “renovación cafierista”.

 

La economía, en el caso de un triunfo de CFK por una diferencia importante, va a sentir un incremento de la incertidumbre por los meses que vienen hasta la elección de Octubre.

 

El tercer escenario es el de la provincia de Buenos Aires. Hay un consenso entre los analistas y los consultores, que lo más probable es el triunfo de Cristina Fernández en las PASO

 

Todas las decisiones de futuro se detendrán a causa de la incertidumbre. Y el empujón al dólar, la fuga, y la presión sobre los precios en un marco de creciente conflictividad social, dañarán lo poco de condiciones de equilibrio que haya logrado avanzar este gobierno.

 

A esa elección, la de la provincia, es a la que concurre en exclusiva el PRO. Un PRO menos CEO que el de la Administración Nacional, con mucha más sensibilidad política y social que la conducción del BCRA y la Jefatura de Gabinete.

 

La gobernadora – con la mejor imagen política del país – se ha hecho cargo de la elección como consecuencia de la necesidad de reparar la estrategia insólita del macrismo de elevar a la categoría de gran antagonista a CFK. Lo más probable es que Cristina gane las PASO con las consecuencias mencionadas. Pero también lo más probable es que en octubre la elección se de vuelta y el PRO gane por segunda vez en la provincia de Buenos Aires.

 

¿El PRO, la cultura política de Mariah Eugenia Vidal y los que la acompañan, es la misma que la de los personajes de la Jefatura de Gabinete que definen el macrismo mas puro? Todo indica que no.

 

La cultura CEO de Mauricio, Peña y Durán Barba, más allá que se adjudiquen el triunfo, no es la que representan Carrió, los triunfos radicales del interior y el repechaje seguramente ganador de la gobernadora. Hay otro triunfo dentro del triunfo.

 

La gobernadora – con la mejor imagen política del país – se ha hecho cargo de la elección como consecuencia de la necesidad de reparar la estrategia insólita del macrismo de elevar a la categoría de gran antagonista a CFK

 

Después de octubre –al interior de Cambiemos– lo más probable es que comience un debate político con respecto a gobernar los dos años que faltan y con respecto al diseño de una estrategia para conducir el país en el próximo período.

 

Dijimos al principio “el Gobierno encara esta elección PASO con una economía poco alentadora”. Y es muy probable que, como consecuencia del más probable resultado bonaerense de las PASO, el período hasta octubre, sea menos alentador que el previo a las PASO.

 

Tenemos problemas en el frente de la política monetaria como consecuencia de las presiones sobre el dólar y de ahí una deriva de presiones “inesperadas” sobre los precios; un aumento de la conflictividad social con la probable ejecución de un nuevo paro; datos poco alentadores en materia de precios internacionales y mínimo impulso inversor con la sola excepción de la realizada por el sector público que, por su parte, alienta otros conflictos.

 

Estamos en una economía de déficit gemelos más un incremento de la incertidumbre electoral provocada por el probable resultado electoral de las PASO en Buenos Aires. Así será el territorio de la economía hasta octubre.

 

Imaginemos que los resultados de octubre consolidan el triunfo en la CABA y del interior y agregan por miedo el de la provincia..

 

La tarea, a partir de allí, es poner la economía en marcha.

 

Para los CEO –la Jefatura de Gabinete– el programa para lograrlo es comenzar “las reformas estructurales postergadas” que incluyen acelerar los pasos hacia la apertura con esta misma estructura de política macro económica (atraso cambiario, metas de inflación a base de tasa de interés, etcétera). Todo ello generando y decidido desde la Jefatura de Gabinete y –en el mejor de los casos– con acuerdos sectoriales. Básicamente imposición y tendiendo a nada de consenso político, económico y social.

 

La viabilidad de ese programa depende de la sanción de muchas leyes, por un lado. Y por el otro del poco probable impacto positivo, en términos de crecimiento y estabilidad, de la continuidad de la estrategia macroeconómica actual.

 

Estamos en una economía de déficit gemelos más un incremento de la incertidumbre electoral provocada por el probable resultado electoral de las PASO en Buenos Aires

 

En estos 19 meses no ha habido logros económicos en términos de crecimiento y empleo, movilización de inversiones y sumamos resultados negativos en materia de exportaciones.

 

En julio los precios se mantienen en el orden del 2% mensual y una de las grandes cadenas de consumo popular acusa una caída de las ventas del 10%.

 

La economía no creció y es muy pretencioso decir que arrancó. Heredaron condiciones peores. Pero es muy poco lo que lograron como mejora y lo que es peor no es cierto que hay fundamentos para pensar que está construida una base de despegue.

 

La propuesta CEO de “reformas” – más allá de la calidad de las mismas que no conocemos – por los títulos suena incompleta y difícilmente transitable.

 

Es que no hay posibilidad de formular una política económica de la importancia que requiere salir del atraso argentino sin elaborar una relación política de la misma envergadura.

 

El probable mejor resultado electoral para el Gobierno resulta en una suerte de aislamiento político de los PRO, CEO PRO, en el seno de la propia coalición.

 

Sería oportuno considerar esta posibilidad como señal para recomponer una estrategia de consenso multidimensional y global. El aislamiento garantiza el fracaso.

 

 

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