Las enseñanzas del ajedrez para la política económica

El equipo económico se encuentra en desventaja temporal, posicional y cronológica, sin desarrollo en sus piezas –instrumentos de política–, y eso le impide enriquecer sus tácticas y estrategias

 

Por Alberto Veblen

 

Cualquier jugador novato de ajedrez sabe la importancia de cumplir con ciertas premisas básicas del juego: ocupar el centro del tablero con los peones centrales, desarrollar en el menor tiempo posible las piezas y enrocar lo más rápido posible para proteger al rey. También existe la premisa de no sacar a jugar la dama en los primeros movimientos a efectos de resguardarla.

 

Podemos agregar que el ajedrez posee por lo menos cinco dimensiones económicas.

 

Una primera dimensión es la material: cuantas piezas de más o de menos tengo respecto de mi adversario.

 

  • Una segunda dimensión es la espacial en el sentido del control de los espacios del tablero, es decir, el que tenga la mejor posición ya que a igual cantidad de piezas, o inclusive aunque tenga  mayor cantidad de las mismas, mi adversario puede tener ventaja posicional.

 

  • Una tercera dimensión económica es la secuencial entendida como la forma adecuada de lograr una combinación de jugadas que me permita obtener una ventaja material o posicional (eficiencia en la gestión).

 

  • Una cuarta dimensión económica es la temporal entendida como la cantidad de movimientos que debieron haberse hecho para poder haber alcanzado la posición que tengo en el tablero, es decir si tengo economías o deseconomías de tiempo en relación con mi adversario.

 

  • Y, por último, dado que el ajedrez se juega por tiempo también existe una dimensión cronológico que opera como una restricción.

La habilidad de un buen ajedrecista consiste en la inteligencia de poder trabajar simultáneamente en las cinco dimensiones económicas (material, espacial-posicional, temporal, secuencial y cronológica) habiendo cumplido además con las premisas básicas indicadas al comienzo.

 

Lo señalado para el ajedrez tiene su correlato en la gestión de la política económica,  en la que las dimensiones antes señaladas también juegan. Tomemos algunos ejemplos: si mi adversario es la inflación y es a la que tengo que vencer y utilizo para ello una sola herramienta, que es la no emisión monetaria y el mantenimiento de altas tasas de interés –la política monetaria–, ello equivaldría en términos ajedrecísticos a jugar desde el comienzo de la partida solamente con la dama sin desarrollar  las restantes piezas del tablero.

 

Por más poder que tenga la dama (la política monetaria) difícilmente gane por sí sola la partida contra mi adversario (la inflación) si no desarrollo las restantes piezas del tablero. Además, no sólo la dama es ineficaz al comienzo de la partida –no cumpliendo con una de las premisas básicas del juego ciencia– sino que la misma puede ser jaqueada o amenazada. Lo mismo acontece con la política monetaria: en la medida que es percibida por los agentes económicos como el único instrumento de política económica, esta termina siendo anticipada y jaqueada por los mismos (llamése renovación de Lebac, potenciales corridas cambiarias, etcétera)

 

La política en materia de déficit fiscal, la política cambiaria, las políticas productivas, antimonopólicas, tarifarias, las que hacen a la distribución del ingreso y la preservación del empleo son los peones, caballos, alfiles y torres que también deben entrar a jugar en el tablero. Es claro que muchas de estas piezas aun no entraron en juego. Y si las piezas no se desarrollan difícilmente podamos crear una combinación de jugadas que es poder lograr, en definitiva, uno de las claves de cualquier política económica que pretenda ser exitosa: la combinación de medidas y acciones con el timing exacto de forma tal que estas logren provocar el resultado esperado por el hacedor de política económica.  Podemos mencionar dos ejemplos antagónicos desde el punto de vista del enfoque económico adoptado donde se cumplió con este timing: la primera etapa de la convertibilidad (1991-1995) y la primera etapa de la administración posconvertibilidad (2002-2007).

 

Desde otro aspecto, las idas y vueltas en materia de toma de decisiones como fue el caso del recalculo del aumento de tarifas, el volver atrás con el amague de recortes de subsidios sociales o como se terminó cerrando la paritaria docente en la provincia de Buenos Aires constituyen ejemplos de deficiencias en materia de dimensión temporal: supone mover innecesariamente una pieza del tablero para que esta vuelva a su lugar original. Significó, por lo menos, una pérdida de tiempo en los dos primeros casos, retrotrayendo la medida adoptada y, en el otro, terminar aceptando el planteo docente inicial (el no aceptar sacrificar una pieza en el momento correcto cuando después debe ser sacrificada necesariamente).

 

La falta de desarrollo de piezas que impide una combinación de jugadas exitosas tiene como correlato el surgimiento de dificultades en la dimensión espacial/posicional de nuestra posición en el tablero. Lo mismo ocurre con la política económica: en la medida en que no desarrollo la totalidad de los instrumentos de política, mi posicionamiento como Gobierno frente a los problemas económicos a resolver se tiende a debilitar, ya sea porque estos persisten o se agravan.

 

Por último, tenemos la dimensión económica cronológica: así como los tiempos de una partida de ajedrez son finitos (jugamos muchas veces apretados por el tiempo) y en el cual debemos dar jaque mate o terminar en una posición ventajosa que fuerce a mi adversario a abandonar o a proponer tablas, también la política económica está limitada por los tiempos electorales. Eso significa que en determinados plazos de tiempo tenemos que ofrecer resultados: alcanzar una mejora que sea percibida por la ciudadanía.

 

Resumiendo. Parecería que, en materia económica, el actual equipo económico se encuentra en desventaja temporal, posicional y cronológica, sin un adecuado desarrollo de todas sus piezas –instrumentos de política–, lo que le impide enriquecer sus tácticas y estrategias. A ello se suma el hecho de que, al no existir una sola cabeza económica, dificulta aún más el escenario: es como si un jugador de ajedrez sometiera a una suerte de coloquio de jugadores cada jugada que debe desarrollar.

 

Es obvio como termina este tipo de partidas con este tipo de jugador. Sólo resta determinar si el jaque mate se lo darán en la apertura, en el medio juego o en el final.

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