“El crecimiento está liderado por la inversión y las exportaciones”

12 de julio, 2017

 

Entrevista a Luciano Cohan Subsecretario de Programación Macroeconómica Por Alejandro Radonjic

 

“En el último año y medio hay dos períodos muy claros”, dice Luciano Cohan, sentado en su despacho del piso 8 del Ministerio de Hacienda, en diálogo con El Economista. “Los primeros tres trimestres de contracción y donde estuvieron el grueso de la reformas y se pagaron la mayor parte de los costos: cayeron los salarios, el empleo y la actividad”, dice el subsecretario de Programación Económica. Continúa: “En algún momento entre el tercer y cuarto trimestre, eso empieza a girar. En un principio, impulsado por algunos pocos sectores y, desde entonces, el crecimiento se fue haciendo cada vez más sólido. En el primer trimestre de 2017 tuviste algo de agro, construcción y había que rascar los brotes verdes. Hoy, están más generalizados y en el EMAE hay 11 rubros, sobre 15, creciendo interanualmente. El empleo está creciendo hace 9 meses y el dato de mayo fue muy bueno. La pregunta ya deja de ser si estamos creciendo, sobre lo que ya no hay dudas, sino sobre su sustentabilidad”, dice Cohan y nos deja el puntapié para la primera pregunta.

 

La gran pregunta es si se rompe el serrucho que vemos en el PIB desde 2011…

En los últimos 5 años, tuvimos 3 ciclos de recesión y recuperación: 2012-2013; 2014-2015 y 2016-2017. En la primera, crecimos 14 meses; en la segunda, 11 meses y volvimos a caer y, ahora, llevamos 9 meses.

 

¿Qué fue lo que gatilló las recaídas en 2013 y 2015?

Los factores de expansión eran efímeros: consumo público y privado, apuntalado por anabólicos, ya sea tarifas pisadas, tasas bajísimas o alguna otra razón. Cuando uno mira la actual, observa que los principales factores son la inversión y las exportaciones. A priori, eso hace pensar que es un proceso más sostenible. El consumo está creciendo, pero no es el factor más fuerte. La recuperación es parecida a la de aquellos años, aun cuando varias variables macro operan contractivamente: pasaste de una tasa de interés negativa a una de 6 o 7 puntos positiva, las tarifas pasaron de estar planchadas a ajustar en términos reales y el tipo de cambio pisado, que siempre es expansivo en el corto plazo, no se está atrasando, como ocurría antes.

 

No hay anclas, digamos…

Hoy, el ancla es el BCRA. El cambio hacia el inflation targeting es eso: que el ancla sean las expectativas.

 

O sea que la recuperación está en línea con lo esperado…

Es un poquito más baja que la esperada en el Presupuesto. Era 3,5% y ese número se ajustó un poco para abajo. No mucho. Está alrededor de 3%. Pero el primer trimestre sorprendió muy para arriba con el PIB subiendo 1,1% versus el cuarto, según las Cuentas Nacionales. No está decepcionando.

 

El verdadero juego, dicen los economistas, es el 2018…

Ese es el desafío.

 

Y el desafío, además, es que los motores sigan siendo la inversión y las exportaciones…

Queremos lograr 3 grandes cambios en la forma en que crecemos. Primero, que el empuje deje de ser el sector público y pase a ser el privado. El sector público ya no puede ser la fuente porque no dan las cuentas públicas. El segundo, es que lidere la inversión, y no el consumo. Nuestra tasa de inversión es de 15% del PIB. No vamos para ningún lado con ese número. Hay que apuntalar eso sin sacrificar el consumo porque es difícil que la economía crezca si el consumo no avanza también: es casi tres cuartos del PIB. No alcanza si no.

 

Pero el peso en el PIB de la inversión es menor…

Claro. No lo va a sustituir, pero la inversión puede crecer más. La inversión puede crecer a 2 dígitos, y el consumo no. Retomo. El tercer cambio que mencionaba antes es crecer genuinamente, y no apuntalados por anabólicos o contextos artificiales, como subsidios a las tarifas o el costo del capital o cerrando la economía a cualquier competencia internacional.

 

Se escucha, y el mismo Gobierno así lo deja entender, que la inversión no despega de ese 15% que mencionaba porque se teme que regrese Cristina y, sobre todo, sus políticas. Sin embargo, hay otros que dicen que eso no influye tanto y que el principal determinante es la rentabilidad esperada.

Sin dudas, el temor existe y la probabilidad está. Dicho esto, creo que el Gobierno está muy bien parado y la marcha de la economía hasta las elecciones nos jugará a favor. Estamos en el momento del año de crecimiento más vigoroso. Además, creo que la oposición encontró su techo y el oficialismo aún no. Pero si vemos el precios de los activos o la tasa de riesgo no observo un contagio generalizado por el temor a Cristina. Obviamente, una victoria del Gobierno sería una señal muy buena y que puede poner en marcha diversas inversiones que hoy están esperando. Pero no diría que Cristina haya frenado el proceso de crecimiento que estamos viendo.

 

Juntemos la cuestión de la inversión con el dólar. Si se queda relegado el precio del dólar, las divisas que ingresen los inversores rinden menos en pesos…

En la medida en que el proceso se consolide, eso es cada vez menos importante porque las inversiones no financiera de largo plazo tienen más que ver con las condiciones de la economía y sus perspectivas. Pensemos que salimos del default hace poco más de 12 meses, y ahí no estábamos ni siquiera en el radar. Ahora empezamos a competir con los demás y es un proceso paulatino. Los inversores que empiezan a verte como atractivo son cada vez más. Ganar las elecciones y cumplir la meta fiscal nos harán aún más atractivos.

 

A nivel local, ¿las tasas altas compiten contra la inversión productiva? La famosa frase sobre que es más rentable poner el dinero en Lebac que hundir un fierro…

Puede haber alguna competencia y la política monetaria importa, pero hoy estamos con muchos objetivos y pocas herramientas. Si hubiera una forma fácil de bajar la inflación, reducir el déficit, crecer, distribuir el ingreso y bajar la pobreza a la vez…. No la hay y hay que aprovechar el espacio que hay para hacer una política gradual e ir convergiendo. Y la política monetaria mirando a la inflación es necesaria, aunque cuando tengamos algún costo en actividad.

 

¿Está atrasado el dólar? El otro día decía en Twitter que el dólar que recibió Cristina cuando asumió sería equivalente a $30 hoy…

Eso muestra el retraso que hubo. Y pasó algo similar con las tarifas. Cuando uno piensa el proceso inflacionario de la última década hay que tener en cuenta que tuvimos 25% anual anclando tarifas y atrasando el tipo de cambio. El logro de 2017, más allá de que se cumplan o no las metas del BCRA, es haber bajado fuerte la inflación con ajustes en las tarifas y sin haber atrasado el dólar. Es muy valioso.

 

Pero la famosa inflación “core” sigue alta…

Tenemos una inflación interanual de 20 y poco: es la más baja desde 2009. Y sin dólar atrasado ni ancla tarifaria. Aun si termináramos en 20%, sería un logro. Hay que evaluarla por eso y no hay que desmerecer ese logro.

 

Vayamos hacia 2018 y 2019, años en los que se espera, según el Gobierno, crecimientos de 3,5%. Son tasas ambiciosas si uno mira la serie histórica del país…

Son pronósticos. Hay que sacarse la idea de que el camino hacia el desarrollo es crecer un par de años a 8-9%. Los tigres asiáticos pudieron, pero con condiciones muy distintas y partiendo desde niveles más atrasados. Nosotros somos un país de ingresos medios que tiene mucho para ganar con un crecimiento moderado de 3-4% durante muchos años. Es algo que no logramos nunca. No tenemos largos periodos de crecimiento y somos un país volátil: fuertes aceleraciones y altas contracciones, que dejan daños permanentes. No vamos a prometer un crecimiento chino porque no va a pasar y apuntar a eso es riesgoso. Hay que apuntar a ese 3-4%, como hicieron España e Israel, que pudieron mantenerlo durante 20 años. Sin grandes sobresaltos.

 

No es muy vendible políticamente…

Es una historia de desarrollo aburrida y sin grandes eventos. Es acumulativa porque si mantenés 3-4% por 5 años te das cuenta que creciste 20% acumulado. Es más difícil. El desarrollo es un proceso lento y aburrido y donde la clave no son las grandes noticias sino las muchas pequeñas noticias. Y lo mismo pasa con la gestión: más que los grandes planes, lo más importante son las pequeñas reformas que no llegan a los titulares pero mejoran las cosas.

 

Uno  de los daños permanentes de la volatilidad es la pobreza, que está enquistada en más del 30%. ¿A qué se puede aspirar en ese frente?

Allí no hay fórmulas mágicas. Hay que crecer. Sin eso, no podremos bajar sostenidamente la pobreza. Pensar que, con estos niveles de pobreza, la política social debe ser menos de lo que tenemos es incorrecto. En la transición hacia el desarrollo, es indispensable. También debemos cambiar nuestra estructura de producción. Hay un núcleo duro de pobreza porque tenés una economía muy segmentada y hay poca movilidad entre el segmento pobre y no pobre, y eso incluye el empleo. Hay que transformar la estructura productiva, y eso no es un proceso fácil. Hay que estimular actividades competitiva, además de proveer servicios públicos, y allí es Estado tiene un rol.  Bajar la pobreza debe ir de la mano del desarrollo económico. Prometer otra cosa son espejitos de colores. No hay que inventar la rueda.

 

¿Qué nos puede anticipar de la reforma impositiva, que se avizora como uno de los grandes temas del 2018?

Comparto el diagnóstico que hacen muchos: hoy, el sector público es un problema y una carga sobre la actividad productiva. Hay que reducir el déficit y, a la vez, la carga del Estado en la actividad privada para que surjan actividades competitivas que hoy no se puede desarrollar. El tema es que no es el único objetivo ni el único problema a resolver. Tenemos muchas cosas que resolver en simultáneo y hemos decidido hacerlo gradualmente. Por suerte, tenemos una ventana amplia y, dentro de una herencia pesada y negativa, una cosa buena es que la solvencia del Estado es buena y la deuda es baja. Es una oportunidad única.

 

Por último, deuda externa. ¿Cómo estamos hoy?

Obviamente, un déficit de la magnitud del actual no se puede financiar para siempre. Hay, es cierto, un proceso de suba de deuda, que no empezó ahora sino en 2013, pero estamos en niveles cómodos y podemos financiar durante varios años el gradualismo sin poner en riesgo la solvencia. Casi la mitad de la deuda pública es intrasector público. La deuda, si cumplimos la meta fiscal, se va a estabilizar.

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