Piden que reforma no sea “light” y se escuche a los empresarios

A poco de empezar a caminar, la reforma tributaria del Gobierno ya tiene opositores entre los economistas, que la consideran tibia y mal orientada y entre los empresarios, que no se sienten escuchados

 

Por Alejandro Radonjic

 

El Gobierno trabaja sobre una reforma tributaria que pondrá sobre la mesa de debate público luego de las elecciones legislativas y que seguramente será uno de los grandes temas del debate vernáculo en 2018.  Es la gran apuesta de Nicolás Dujovne y su equipo, los encargados de trazar las líneas gruesas de la reforma. Por ahora, se están manejando con hermetismo y no ofrecen muchas pistas, pero crece la preocupación entre empresarios y economistas que la tan publicitada reforma se quede corta y no sea tan ambiciosa como debería ser para estimular la todavía esquiva inversión privada.

 

Los fundamentos

 

A empresarios y economistas les inquieta que la reforma sea “amarreta”, además de difícil de implementar. Vale recordar que Cambiemos deberá aprobar la reforma en un Congreso en el que, aún con una superelección en octubre, estará en minoría.  Más aún, advierte un informe de Economía & Regiones, si no se percibe un ajuste por el lado del gasto público nacional, algo que (aún) no ocurrió. “Para poder bajar impuestos, primero tiene que haber una mayor baja del gasto que permita bajar la presión tributaria bajando déficit fiscal, disminuyendo la presión sobre el BCRA y las colocaciones de deuda”, dice.

 

Y el esfuerzo es grande. “Argentina tiene aproximadamente 10 puntos porcentuales de exceso de presión tributaria que ahogan al sector privado desincentivando la inversión, la acumulación de capital, la mejora de productividad y la creación de empleo”, calculan desde Economía & Regiones, y no son muy optimistas con la reforma. “Pensamos que es altamente posible que la reforma tributaria no traiga aparejada una reducción significativa de impuestos que permita impulsar la inversión, el empleo y el crecimiento con la forma que se necesita”, dicen.

 

Y esgrimen varios motivos. “En primer lugar, por la manera mediante la cual se está encarando la reforma, porque carga ‘de más’ sobre las provincias cuando el peso de la reducción impositiva debería recaer más sobre Nación. Segundo, porque hay restricciones políticas, agravadas por el enfoque que le busca dar el Gobierno, que dificultan la reforma. Tercero, por las restricciones económicas emergentes de la falta de debate en materia de reducción del gasto. Estas tres cuestiones se retroalimentan potenciándose en forma negativa entre ellas”, completa el informe.

 

“En pocas palabras, si se tiene en cuenta el actual enfoque del Gobierno y las restricciones que operan, la posibilidad de que haya baja del gasto es baja, por lo tanto (restricción de presupuesto mediante), la reducción de los impuestos es altamente improbable. Si la hay, es probable que termine siendo insuficiente, y no alcance para estimular la inversión, el empleo y el crecimiento”, concluyen, con pesimismo.

 

Los empresarios

 

Pasa algo similar entre los hombres de negocios. “No creo que hagan mucho porque el déficit fiscal es demasiado grande y ni siquiera creo que nos van a dar la posibilidad de ajustar los balances por inflación”, se sinceró un poderoso industrial ante El Economista. Algunos otros, en cambio, aún mantienen expectativas. “El Presidente lo prometió y confío en su palabra”, dijo otro empresario importante con negocios en varios rubros.

 

El martes pasado, Dujovne se reunió con la cúpula de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y pidió sugerencias para la reforma. “Pero es difícil aportar ideas, sino imposible, si no conocemos la reforma”, se quejó uno de los presentes. “Los empresarios tenemos y queremos aportar ideas  antes de que la ley llegue al Congreso para que sea más eficiente y haya más inversión”, pide Teddy Karagozian, CEO de TN & Platex y también economista. “Mandamos sugerencias, pero no hay retorno ni discusión”, cuestiona el textil. “Es muy peligroso que la discusión recién empiece cuando se presente en el Congreso. Nos van a enfrentar nuevamente al Gobierno, la sociedad y los empresas”, sostiene en diálogo con El Economista, escéptico con que haya “un cambio sistémico”.

 

Según Karagozian, “hay que bajar el gasto para que haya inversión y queremos darle una mano al Gobierno diciendo esto porque si no nadie lo reclama y nadie lo dice”.  Los consumidores, explica, se quejan por los elevados precios de los bienes finales, “pero no se quejan del gasto público y no ven la conexión entre una cosa y otra”. Si sigue creciendo el gasto y bajan impuestos, la única salida será más deuda, “y eso termina mal acá y en cualquier parte del mundo”, dice el textil. “La disminución del gasto del Estado disminuirá el costo del Estado y, con ello, los precios de los productos que compramos todos”, explica. “En Argentina, a diferencia de otro países, los impuestos van sobre los productos y por eso los ciudadanos les resulta más barato comprar importados”, agrega  y sugiere Karagozian.

 

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