Soplan vientos de cambio

El Brexit y el triunfo de Donald J. Trump son emergentes de un cambio que ha dado un fruto extraño: el renacimiento de Europa

 

Por Diego Falcone Head Portfolio Manager de Cohen SA

 

En 1991 me fui de viaje a Chile y, entre otros recuerdos, me traje el último álbum de la banda alemana Scorpions: Crazy World. Era un tiempo en el cual no existía ni iTunes ni Spotify y, parar tener un tema, había que pagar por el álbum completo. Por eso, para escuchar  “Wind of Change” en mi walkman, tuve que desembolsar cinco dólares y comprar el cassette en una tienda de Santiago de Chile. Unos meses más tarde, ya de vuelta en Buenos Aires, en un local sobre Cabildo me cobraban $22 (o US$ 22 gracias a la Convertibilidad) por el doble álbum “Use your Illusion I y II” de los Guns N’ Roses. A pesar del sobreprecio, la adquisición valió la pena. Lamentablemente la mala calidad del cassette Industria Argentina impidió que perdurara en el tiempo como lo hizo el cassette de Scorpions “Made In USA”. Arrancaban los ‘90 y se terminaba (por un buen rato) el vivir con lo nuestro.

 

De todas maneras, el tema de Scorpions no lo volví a escuchar nunca más desde aquel entonces: quedó asociado a ese tiempo extraño entre la caída del muro en 1989 y el colapso de la URSS dos años más tarde. Todavía al día, en charlas con amigos que idealizan (aunque usted no lo crea) la Guerra Fría, les tengo que recordar que el muro cayó del lado oriental de Berlín. Al final, los pueblos del este europeo, hartos de tanto relato, prefirieron asumir el riesgo de cambiar y probar un poco del mundo occidental, a seguir tragando tanta propaganda política. Algo así como lo que nos pasó (en menor escala) en octubre de 2015.

 

¿Qué cosas cambiaron desde aquél tema de Scorpions? Lo más importante fue el surgimiento de China como superpotencia, y también la incorporación de los países emergentes a la economía global. Pero los cambios continúan ya que la historia es un devenir. Ahora es la tecnología quien derriba los muros y resquebraja el orden establecido. El Brexit y el triunfo de Donald J. Trump el año pasado son emergentes de ese cambio que ha dado un fruto extraño: el renacimiento de Europa. El domingo pasado, en un mitin electoral, Angela Merkel bregó por una Europa más autónoma de sus ex aliados y más resuelta a seguir su propio destino. Todo esto lo dijo sin haber bebido una sola cerveza. Imaginen lo que pueda llegar a decir al calor de una victoria en las próximas elecciones. Esto se está poniendo interesante.

 

El sacro Romano Impero

 

En 1951 Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Luxemburgo y Holanda fundaron la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, y lo hicieron sin la ayuda o el interés del Reino Unido. Por eso, la salida de los ingleses de la Unión Europea lo único que logró (junto con la derrota de Marien Le Pen) es consolidar el liderazgo político de Alemania.

 

Este es el segundo regalo que le hace Gran Bretaña a Alemania. El anterior fue no participar del euro y permitir que el Bundesbank sometiera al Banco Central Europeo (BCE) con sus ideas antikeynesianas sobre política monetaria, bien alejadas del ideal monetario del Bank of England (BoE).

 

Ahora, Alemania y su canciller no tienen obstáculos para consolidar este nuevo Sacro Imperio Romano Germánico que en su época, allá por el año 900 de nuestra era, incluía los actuales estados de Austria, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica, Suiza y una parte de Francia. La locomotora alemana apuntala este sueño pan europeo, en una sólida economía que creció este primer trimestre 0,6% con respecto al anterior gracias al comercio exterior y la inversión.

 

El principal beneficiado de este resurgimiento europeo será el euro. Hoy el consenso espera que se mantenga estable y cierre 2017 en 1,10 pero una visión más optimista lo ubicaría en 1,20. ¿Por qué tan arriba? El dato relevante de las últimas épocas es que el diferencial de crecimiento entre Europa y EE.UU. se ha reducido y, este año, será prácticamente inexistente. Esto es mérito de una Europa que crece más que antes pero también de unos EE.UU que crecen menos. Por eso Donald J. Trump está tan preocupado.

 

2% del PBI

 

Más allá de estos apuntes históricos, las declaraciones de Merkel del fin de semana deberán ser respaldadas con algo más que palabras. ¿Dónde podríamos ver un cambio? En los presupuestos de defensa, que fueron los grandes perdedores desde el fin de la Guerra Fría. En los últimos años, en promedio, el nivel de gasto militar se encuentra estancado entorno al 1% del PIB. Para alcanzar el objetivo del 2% acordado por los 28 países miembros de la OTAN en 2014 (y que la mayoría incumplen desde entonces), Alemania, por ejemplo, debería incrementar sus gastos anuales de €35.000M a (€67.000M. El escenario para el cambio es favorable y los fabricantes de armas europeos se frotan las manos (seguir de cerca Airbus Industries). Para la macro, este aumento en el gasto sería muy oportuno para consolidar la salida de la crisis económica.

 

Para nosotros, siempre es una buena noticia que los europeos crezcan ya que nuestras economías son complementarias y, además, es bueno que frente a cuestiones tan serias como la protección del medio ambiente, no dependamos del humor del inquilino de turno de la Casa Blanca. Un dato más para tener en cuenta, es que con el nombramiento de Jorge Faurie, la sede de la Embajada de Argentina en París está disponible. Yo me ofrezco como voluntario para representar a la patria, cuenten conmigo, es hora de sacrificarse por el prójimo.

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