Apuntes sobre la visita de Macri a China

Sergio Cesarin analiza en El Economista dónde están parados los dos países en función de la relación bilateral

 

Por Sergio Cesarin UNTreF y CONICET

 

La visita de Mauricio Macri a China reviste algunas características y matices que indican continuidad y cambio en el ejercicio diplomático y de la negociación bilateral. En primer lugar, es interesante mencionar a qué país llega el Presidente. China es la segunda economía del mundo, con una tasa estimada de crecimiento del 6,5% para 2017 (el doble de la Argentina), perspectivas de un crecimiento sostenido -aunque a menores tasas– por los próximos veinte años y un paraíso para la economía de redes con 700 millones de internautas.

 

Llega, además, a un país que atraviesa una doble transición. Primero, en el plano político. El presidente Xi Jinping maniobra en medio de juegos internos de poder a fin de articular consensos y relegitimar su ejercicio de gobierno hasta 2022. Como diestro líder, trata de regular tensiones intrapartidarias a fin de entronizar una nueva cúpula de poder (más joven) como resultado del XIX Congreso del Partido Comunista a realizarse el próximo octubre. Nuestro Presidente llega a un país cuyo Mandatario es el mentor de la utopía sobre el “sueño chino”, idea–fuerza que guía los pasos de la nación hacia el ideal de país desarrollado a mediados de siglo (mientras nosotros, en cambio, aún la buscamos).

 

En segundo lugar, atraviesa aguas torrentosas de una ardua transición económica signada por objetivos de un profunda reconversión industrial, implementación de políticas pro consumo interno y millonarias inversiones en innovación (C&T) que buscan empoderar al país hasta transformarle en una potencia tecnológica de primer orden en el Siglo XXI. Una tarea por cierto dificultosa: las medidas presidenciales enfrentan no pocas resistencias internas, en particular provenientes de dirigentes políticos locales (gobernadores e intendentes) que no desean ver cerradas fábricas en sus distritos y menos expulsar mano de obra. Y resilientes intereses burocráticos y corporativos en el sector industrial estatal, que ralentan las medidas y reniegan imposiciones sobre bancarrota, privatización y/o cierre de empresas imposibilitadas de competir sin sostén directo del Estado (zombies) especialmente en sectores como el minero y siderúrgico.

 

De nuestra parte, el Presidente enfrentará a su par chino acotado en sus márgenes de maniobra por preacuerdos negociados y cerrados durante el anterior Gobierno. Son restricciones de negociación que han dificultado la construcción de confianza necesaria entre el nuevo Gobierno y su segundo socio comercial. Matiza las tensiones el conjunto de iniciativas de política exterior (visitas a Europa, Estados Unidos, etcétera) dirigidas a consolidar su imagen como líder internacional y aumentar grados externos de libertad y autonomía, antes opacados por una casi “carnal” relación con China (y Rusia) que, default mediante y no sin pocas concesiones geopolíticas y económicas, llegó a ser nuestro “prestamista de última instancia”.

 

Por supuesto que la visita es importante para los intereses argentinos. El Presidente es consciente (lo es desde su actuación como Jefe de Gobierno de la CABA) que China puede seguir siendo fuente de estratégicas inversiones y apoyar crediticiamente obras de infraestructura imprescindibles para mejorar la competitividad económica argentina. También un socio tecnológico cooperante más activo en el campo agrotecnológico, nuclear, energético, de las TICs o nuevos materiales, todos estratégicos para la estrategia de modernización económica gubernamental.

 

En última instancia, China también es la clave para llevar  a cabo planes sobre reordenamiento territorial y geoeconómico con énfasis en provincias del noroeste argentino vía el proyecto Belgrano Cargas, entre otros.

 

Las perspectivas son promisorias, pero requieren cambios de percepción y enfoques si ha de dar luz una nueva agenda. En tal sentido, lo actuado por el anterior Gobierno debe ser aleccionador: las asimetrías de poder son evidentes, el grado de imposición de China sobre la Argentina aumentó y nuestra debilidad relativa en materia de negociaciones ha quedado expuesta.

 

Mirando hacia adelante, es de esperar enfoques de negociación que institucionalicen acuerdos, transparenten decisiones, demuestren reciprocidad en las ventajas logradas y prioricen intercambios privados por sobre verticales acuerdos gobierno-gobierno. Enfoques a tener en cuenta previendo el avance de proyectos hidroeléctricos en el sur, un previsible sendero de negociaciones para la construcción de dos centrales nucleares por parte de China –proyectos en los que proveedores nacionales deberán jugar un papel central y la convalidación de créditos asignados a proyectos provinciales (acueductos, parques fotovoltaicos, eólicos y tendido de gasoductos).

 

El Presidente lleva consigo una doble representación al ejercer, también, la Presidencia protempore del Mercosur y, en ese aspecto, la visita puede sentar las bases para reafirmar –o no– la pertinencia de adoptar estrategias coordinadas de acción a nivel subregional que sirvan para mejorar condiciones de acceso al mercado chino, de negociación conjunta y establecimiento de mecanismos subregionales de defensa ante la creciente presión competitiva de China.

 

En tal sentido, el nuevo Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe publicado por el Gobierno chino a fines de 2016, confirma el creciente interés geopolítico de China en la región a medida que construye poder como potencia emergente, sus aspiraciones de garantiza acceso a recursos naturales, aumentar y diversificar el flujo de inversiones, ampliar el escenario de negocios para sus empresas, y canalizar financiamiento por parte de sus poderosos bancos estatales hacia obras de infraestructura.

 

Este horizonte, en principio positivo, exige previamente en un régimen democrático, un cuidadoso trabajo interno de diálogo y coordinación entre actores políticos, retroalimentación permanente entre el sector público y el sector empresarial, participar a organizaciones laborales, orientar futuras inversiones hacia sectores tecnológicamente intensivos, y, fundamentalmente si se aspira a un buen fin y mejor principio, formar profesionales y recursos humanos capaces de ayudar a la gestión de futuras interacciones con economías asiáticas en general y China en particular. Sería muy positivo para la suave evolución de la “asociación estratégica integral” entre ambos países.

 

 

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