“Vamos a importar aún con Vaca Muerta al 100%”

 

Entrevista a Ernesto López Anadón, presidente del IAPG

 

El déficit energético se terminará en los próximos “cinco o seis años”, según Juan José Aranguren. Para el ministro de Energía y Minería, eso no implicará que el país deje de importar gas de Bolivia, por ejemplo, en invierno, cuando la demanda es más elevada. Aun cuando en otras épocas del año –de consumo alto, pero menor, como en verano– se pueda reemplazar la energía importada por la producida localmente. E incluso, cuando se logre exportar gas en el resto del año. “Puede darse la condición de que un país importa en un determinado momento y exporta en otro”, señaló.

 

En la misma línea, el presidente del Instituto Argentino del Petróleo y Gas (IAPG), Ernesto López Anadón propone –en diálogo con El Economista– sacar al autoabastecimiento energético del centro del debate y concentrarse en la “seguridad energética”, que define como la capacidad de un país de dar, en todo momento, “servicio a todos los consumidores que lo requieran”.

 

¿Se puede lograr la meta planteada por el ministro Aranguren?

Hay que aclarar que importar energía o combustible no es déficit energético: hay déficit energético cuando falta ese combustible o energía para proveer a la población y a la industria (seguridad energética). A eso probablemente se está refiriendo el ministro. La importación de petróleo o de gas es probable que con los últimos anuncios formulados sobre pilotos y desarrollos en Vaca Muerta consiga eliminarse. Pero eso no tiene que ver con déficit: los países que normalmente importan, no hablan de déficit energético, porque han logrado un sistema que les permita la seguridad energética, es decir, que lo que importan les sirva para dar servicio a todos los consumidores que lo requieran.

 

¿No es necesario plantearse el autoabastecimiento como meta per se, entonces?

Antes que eso hay que plantearse el desarrollo económico de los recursos, porque eso genera actividad sustentable en el largo plazo y genera bienestar para la gente y para el país. Es decir, el autoabastecimiento per se no es una meta: siempre va a depender de cuánto se consuma y cuánto se produzca; y de hecho los países que no se autoabastecen, como los que nos rodean –Chile, Uruguay o Brasil, que importa más gas que nosotros– no están preocupados por eso, sino por tener un suministro adecuado para cubrir la seguridad energética del país. O sea, que el autoabastecimiento en sí no debería ser una meta para que el país crezca o deje de crecer. A lo que sí hay que apuntar es a desarrollar los recursos en forma económica de manera que pueda ser sustentable esa actividad para el bien de todos.

 

Entonces, ¿en qué combustibles y en qué momentos del año hay más margen para achicar las necesidades de importación y en cuáles menos?

En general, en los picos de consumo hay necesidad de importar. En Argentina, por ejemplo, el pico de consumo de gas se está dando más en invierno por la calefacción; más allá de que los consumos domiciliarios son muy variables. Aquí, aun si desarrollara Vaca Muerta al 100%, igual tendríamos picos y en general, resulta más económico para el usuario y para el país cubrirlo con combustibles líquidos o GNL. En los combustibles, el petróleo está prácticamente equilibrado, aunque está bajando un poco la producción. Pero como estamos muy cerca de los valores de consumo, va a ser más fácil que el país no necesite importaciones de petróleo. Respecto del gas, va a llevar un poco más de tiempo, porque ahí sí hay un déficit y hay declino de yacimientos de petró- leo. Se están importando unos 30 metros cúbicos promedio al año y va a requerir un tiempo para solucionarlo. Además de que, como dije anteriormente, cuando se produzcan picos se va a tener que apelar a una logística de suministro excepcional.

 

¿Qué hace falta –en términos de inversiones, obras u objetivos de producción– para conseguir ese objetivo?

Hay varios objetivos. Uno es acelerar el mantenimiento de todas las obras de infraestructura de transporte, de provisión tanto de gas y petróleo como de energía eléctrica. Por muchos años este mantenimiento se abandonó debido a que las tarifas no permitían encarar ninguna inversión en ese sentido, y hoy presenta obsolescencia; ese aspecto es muy importante y se buscará llegar a sistemas confiables. Luego, está el esperable derrame virtuoso: en la medida en que el país crezca y se desarrolle la producción, se requerirán inversiones a futuro importantes en esos mismos rubros de transporte y distribución de hidrocarburos para acompa- ñar el crecimiento. Eso parte del desarrollo que hay que dar a nuestros recursos, ya sean los de Vaca Muerta como de tight gas en la Cuenca Neuquina o los de petró- leo en Cuenca del Golfo San Jorge y otros puntos del país. Estas obras implican inversiones importantísimas que en su conjunto en sus momentos pico pueden requerir cerca de US$ 20.000 M al año, y eso es importante para el desarrollo del país en general.

 

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  • Veo tanta confusión y contradicción de autoridades y economistas, que me atrevería a decir que están perdidos. Ver a Macri dependiendo de Dujovne, que habla como un asceta predicador, pero que no fundamenta los reparos de los economistas que hablan de un contrasentido en subir la tasa monetaria que viene aparejado de un encarecimiento de los créditos y la disminución del circulante lo que acentuará la recesión, disminuirá la demanda y el consumo y finalmente la cesantía. Porqué los periodistas no plantean estas dudas y exigen explicaciones explícitas y coherentes- No creo en ascetas.

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