Trump tiene menos margen

La realidad local, pero también el marco global, obligaron a cambiar parte del discurso de campaña

 

Esta semana se realiza en Washington la reunión de primavera del Fondo Monetario y el Banco Mundial. Será una buena oportunidad para que funcionarios de todos los gobiernos del mundo vuelvan a tener una impresión directa sobre el rumbo de la política económica de Estados Unidos. Un mes después, se hará la cumbre del G 7 en Italia, la primera a la que asistirá Donald Trump y a la cual pretenderá darle su impronta y dejar en claro cuales son las prioridades de su gobierno. En términos económicos, Trump fue ajustando su discurso desde que se hizo cargo de la Presidencia. Y paulatinamente se va acercando a la retórica tradicional del Partido Republicano. En los próximos meses intentará avanzar con la reforma impositiva para reducir las cargas sobre las empresas y presentará el plan de infraestructura.

 

Debate por las tasas

 

Durante la campaña electoral, el candidato Trump criticaba a Janet Yellen porque la Reserva Federal no subía las tasas de interés. A su juicio no tomaba esa decisión porque seguía instrucciones de Barack Obama que quería que el consumo continuará en expansión para favorecer las chances de Hillary Clinton. Trump decía que el riesgo de no subir las tasas en ese momento era que luego sería necesaria una corrección más brusca con consecuencias muy negativas sobre el nivel de actividad que afectarían al próximo presidente. Pero ya en la Casa Blanca su visión es otra y ahora sostiene que es partidario de tasas bajas. Implícitamente está reconociendo el trabajo llevado adelante por Yellen aunque no lo reconozca públicamente. Subir las tasas dos veces más este año, como en principio tiene previsto hacerlo la Fed, no se contrapone con ningún objetivo del Gobierno. La suba gradual de tasas es compatible con una tasa de desempleo inferior al 5% y un crecimiento del PIB por encima del 2%. Las autoridades aspiran a una tasa mayor pero n hay condiciones internas ni externas para que ello suceda. Es poco probable que Trump elogie a Yellen o que la proponga para un nuevo mandato cuando termine el actual el año que viene, pero la tensión entre ambos se apaciguó. De todas maneras, la caída de la tasa de inflación asegura que no habrá suba abrupta de tasas lo cual ratifica tanto la política gradualista llevada adelante por Yellen como los deseos de Trump.

 

El marco global

 

En la misma línea de cambios, Trump anunció la semana pasada que no acusaría de China de manipular su moneda, luego de que durante toda la campaña dijese lo contrario. Ayer, a través de un tweet, Trump justificó su cambio de posición en que no podía condenar a un país que en este momento está colaborando con Estados Unidos para enfrentar el desafío que plantea Corea del Norte. Pero la explicación es incompleta, porque lo que no dijo Trump, es que en este momento no hay razones para afirmar que China manipula su monda dado que se revalorizó frente al dólar en los últimos meses. Washington mantendrá el razonable objetivo de reducir el déficit en el intercambio bilateral pero el camino para lograrlo no será el de las condenas y sanciones a China.

 

Por otra parte, Trump evitará las condenas al proteccionismo en los foros globales pero la posibilidad concreta de desandar los procesos de integración es limitada. Hasta ahora su decisión de mayor impacto fue abandonar las negociaciones por el Acuerdo Trans Pacífico pero se trató de un gesto para la tribuna porque en la práctica no hay ninguna posibilidad de que el Congreso, con su actual composición, apruebe un acuerdo comercial con otros países más allá de lo que quiera la Casa Blanca. Además, mucho antes de la llegada de Trump, la firma de acuerdos comerciales en el mundo habían perdido el dinamismo que tuvieron en los años previos a la crisis financiera de 2008.

 

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