¿El populismo es la causa o la consecuencia del fracaso económico local?

El populismo es la respuesta imperfecta a la incapacidad de las élites de plantear un modelo superador

 

Durante el último tiempo se ha vuelto a instalar la idea de que la decadencia argentina lleva 70 años y es consecuencia del populismo, que ha truncado el desarrollo económico de Argentina, relegándola en el ranking de países después de haber ocupado durante las primeras décadas del siglo pasado posiciones de vanguardia (el sexto lugar en términos de ingreso per capita) en el concierto de las naciones que hoy son desarrolladas. Esta línea de pensamiento plantea una relación de causalidad entre populismo y fracaso económico. Veamos.

 

Las palabras

 

El concepto de populismo deriva de pueblo y literalmente denomina a la estrategia de las corrientes políticas que buscan el apoyo de las clases populares.[] Se trata de un concepto difícil de definir con exactitud, con el que se designan realidades diferentes.[] El uso del calificativo “populista” se hace habitualmente en contextos políticos y de manera peyorativa, sin que del término se desprenda por sí mismo una evidente identificación ideológica.

 

Los que piensan que el populismo constituye una corriente política con características objetivas, destacan aspectos como la simplificación dicotómica, el antielitismo (propuestas de igualdad social o que pretendan favorecer a los más débiles), el predominio de los planteamientos emocionales sobre los racionales, la movilización social, el liderazgo carismático, el oportunismo, etcétera.

 

Desde lo económico se lo relaciona con la intervención del Estado en la economía con el objetivo de la justicia social y el establecimiento del Estado de Bienestar, pero que termina quitando iniciativa a la actividad privada al no dejar que el mercado funcione plenamente, lo que redunda más tarde o más temprano en estancamiento y más pobreza. El populismo vendría a constituir una suerte de piedra que ha impedido la iniciativa empresarial –vía regulaciones y presión tributaria– y consolidó, por el contrario, un sector empresario prebendario que vive del Estado (vía subsidios, desgravaciones, protecciones, promociones, etcétera).

 

Suponiendo que todo ello es cierto, cabría preguntarse por qué perdura, porque ha tenido un auge mayor durante los últimos quince años no sólo en nuestro país sino también en la región y, más aún, preguntarnos que le ha dado origen a este fenómeno. Quizás responder primero a esta última pregunta nos ayudaría a responder, más fácilmente, las restantes. Focalizaremos el análisis en el populismo en su faceta económica.

 

Un análisis (breve)

 

Y aquí deberíamos señalar en qué medida ha influido la injerencia del Estado en la economía como inhibidor del desarrollo de la iniciativa privada o si, por el contrario, ha sido la ausencia de dinamismo de las elites empresariales de la región las que generaron modelos de crecimiento excluyentes de amplias franjas de la población que generaron las condiciones para la permanencia y regeneración permanente del modelo populista. ¿Cómo surgieron Néstor Kirchner, Lula, Hugo Chávez, Rafael Correa o Evo Morales? Seguramente no lo hicieron en forma espontánea, sino como resultante de la falta de representación de importantes colectivos poblacionales en la estructura de partidos tradicionales y por el hecho de que la economía no los incluía

 

Tanto en Argentina como en Brasil, por solo citar los países más importantes de la región, la génesis de gran parte del entramado empresarial ha sido generada por la propia injerencia de los Estados a través de medidas de protección y promociones sectoriales y regionales. Y sin esa injerencia difícilmente gran parte de ese entramado empresarial se hubiera generado. Gran parte del empresariado es hija del populismo.

 

Para el caso argentino podríamos preguntarnos quien inició el populismo. ¿Ha sido en la década del ‘30 con Federico Pinedo (h) como ministro de Hacienda en 1933? Pinedo fue un ortodoxo en materia económica, pero tuvo la inteligencia de no aferrarse a posiciones dogmáticas para resolver problemas. Aplicó “medidas intervencionistas” como el control de cambios, la creación de juntas reguladoras para el apoyo de la producción, creó el BCRA con el que sustituyó a la Caja de Conversión, motorizó la Dirección de Vialidad que impulsó la obra pública y creo la Dirección General Impositiva.

 

¿O fue el peronismo con sus planes quinquenales, su política de sustitución de importaciones o con la nacionalización del comercio exterior y de los servicios públicos? ¿O ha sido Arturo Frondizi con su idea de desarrollo y su fomento de la inversión extranjera directa?

 

Todos estos ejemplos con sus más y sus menos reflejan el esfuerzo por impulsar desde el Estado el surgimiento de un sector empresarial que fue socio provechoso del Estado y que “este Estado” estuvo lejos de constituir un freno o un obstáculo al desarrollo. Simplemente porque no hubiera podido ser lastre de lo que nunca existió con anterioridad a su intervención.

 

Lo que sí existió hace más de 70 años fue un modelo pastoril basado en ventajas comparativas que se benefició de las materias primas que el mundo demandaba y que sólo necesitaba que el Estado estuviera en función de ese proyecto productivo. Las élites de entonces creyeron que ello duraría para siempre, algo que, sumado a su pereza intelectual –con excepción de Pinedo en el plano económico y Carlos Pellegrini en el político- para entender los cambios en las condiciones económicas internacionales, llevó a la crisis de este modelo que hoy se idealiza como una suerte de relato melancólico de un tiempo pasado.

 

Lejos de plantear un modelo de desarrollo superador se aferraron melancólicamente a esa etapa económica. Y es esta incapacidad histórica la que originó que el populismo perdure hasta nuestros días con sus aciertos, incapacidades y limitaciones. El populismo es la respuesta económica imperfecta a esta incapacidad de nuestras élites.

 

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