La clave es el rojo fiscal

“Las críticas no deberían orientarse hacia el BCRA sino al resto de las áreas del Estado”, dice Idesa

 

Por la aceleración de los precios, el BCRA adoptó una estrategia de contracción monetaria: tasas de interés más altas mediante, dice un informe de Idesa difundido ayer, “el atrasocambiarioretardalarecuperación de la producción”. Sin embargo, asegura el informe, “las críticas no deberían orientarse hacia el BCRA sino al resto de las áreas que toman decisiones de gasto público no coherentes con la meta de inflación adoptada”. El razonamiento subyacente esobvio.“Parabajarlainflaciónserequiere más austeridad e innovación en la gestión del Estado”, dice.

 

La meta de inflación adoptada por el BCRA para 2017 se ubica entre el 12% y el 17% anual y, sin embargo, el crecimiento de los precios en el primer trimestre fue del 2,1% promedio mensual, es decir, “una proyección de inflación anual del orden del 28%”.

 

Eso generó, como se decía, la profundización del sesgo contractivo de la política monetaria, decisión que generó encendidas polémicas. “Con fundamento, se endilga que esto aletargará la esperada recuperación en la actividad productiva. La explicación es que provoca un encarecimiento del crédito y movimientos especulativos que hacen que el valor del dólar se mantenga relativamente estable, lo que ante una elevada inflación genera atraso cambiario. La mayoría de los sectores productivos se verán afectados negativamente, en especial, los exportadores y las industrias y servicios que compiten con las importaciones”, dice Idesa.

 

Volviendo a la necesidad de imprimir más austeridad e innovación en la gestión del Estado, y la posibilidad de que Federico Sturzenegger logre la cifra mágica, las cifras que cita Idesa son sugerentes.

 

  • Entre 2009 y 2013 la inflación fue del 23% anual y el déficit fiscal alcanzó en promedio al 3% anual.
  • Entre 2014 y 2016 la inflación fue del 36% anual y el déficit fiscal alcanzó en promedio al 6% anual.
  • Para 2017 la meta de inflación es de entre el 12% y 17% anual, pero en el primer bimestre el déficit fiscal se ubicó por encima del 6% del PIB.

 

“Estos datos sugieren una cierta correlación entre la magnitud del déficit fiscal y la tasa de inflación. Ciertamente que no se trata de una proporcionalidad directa ya que la inflación depende de muchos factores, además del fiscal. Pero las órdenes de magnitud señalan una visible contradicción entre el tamaño y la tendencia del déficit fiscal y el objetivo de que la inflación no supere el 17% anual. En otras palabras, se adoptó una meta de inflación que exige una reducción de gasto público mucho más rápida y profunda que la que se viene aplicando”, concluyen desde Idesa.

 

Asimismo, derriban la falsa dicotomía entre gradualismo o caos social. “Posponer decisiones que apunten a dar racionalidad al sector público también genera costos sociales. Ante un gasto público que no baja, el BCRA se ve forzado a adoptar una estrategia monetaria que –vía encarecimiento del crédito y atraso cambiario– aletarga la recuperación. ¿Es socialmente menos costoso demorar la reactivación de la producción que tomar medidas para reducir el gasto público?”, concluye Idesa.

 

“La polémica por la política monetaria contractiva no debería apuntar al Banco Central sino a las decisiones de gasto público que se toman en el resto del sector público. Sin una dinámica más propensa a la austeridad, a la innovación y a la calidad en la gestión del Estado, no solo que no se podrá bajar la inflación, sino que no hay posibilidad de iniciar el ansiado ciclo de crecimiento económico con inclusión social”, afirma Idesa.

 

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