Tarrío (CAME): “IIBB debería ser un IVA provincial”

El Economista entrevistó al nuevo presidente de CAME, Fabián Tarrío

 

Entrevista a Fabián Tarrío Presidente de CAME

 

Finalmente hubo fumata blanca y, como se diría en el barrio, la sangre no llegó al río. Hace algunas semanas, frente a la programada asamblea general ordinaria de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el clima pareció enrarecerse y surgieron voces disidentes a la conducción del histórico Osvaldo Cornide al frente de la entidad. Pero ayer los más de 400 dirigentes de entidades y cámaras empresarias de todo el país, que agrupan a industriales pyme, sectores del comercio y las economías regionales, entre otras actividades, acordaron una lista de unidad que llevó a la presidencia de CAME a Fabián Tarrío, hasta ayer secretario de Hacienda de la entidad y vicepresidente del sector comercial.

 

Se abre así una nueva etapa en la organización, que busca dar nuevo impulso a la agenda sectorial, caraterizada por una pronunciada caída de las ventas por la pérdida de poder adquisitivo del salario, problemas de competitividad asociados a un tipo de cambio atrasado, y una pesada carga impositiva tanto a nivel nacional como provincial y municipal. Estos y otros temas de relevancia ocuparán el día a día del nuevo presidente.

 

Además, la nueva conducción anunció una reforma del estatuto, “que eliminará la reelección indefinida proponiendo un mandato de dos años, renovable por igual período”, indicó Tarrío. Éste es el diálogo que Tarrío mantuvo con El Economista, sólo minutos después de ser electo.

 

¿Cuáles son los puntos principales de su agenda de trabajo al frente de CAME?

La problemática pyme es seria hoy en día, hay problemas con las economías regionales que tenemos que encarar con cada provincia, que se ve con la diferencia de precios que perciben los productores respecto de lo que pagan los consumidores en la góndola. Luego, tenemos el comercio con caída de ventas, si bien hubo una desaceleración de la caída, hay que ver cómo logramos que el consumo interno sea nuevamente ese factor dinamizador de la economía, más allá de todo lo que trae aparejado no sólo el consumo interno sino aquello que debemos considerar en el contexto económico.

 

Claro, pero un tema clave es la pérdida de competitividad. Sin eso es difícil que se pueda recuperar el comercio, la industria y otros.

La competitividad comercial es compleja, no porque no se puede lograr, sino porque los costos internos son muy elevados. La presión impositiva es muy alta, tenemos que insistir, y lo vamos a hacer, en que la presión impositiva debe ser menor. Sobre todo, la que más aumentó fue la presión impositiva de los municipios, que en muchos casos cobran tasas abusivas de seguridad e higiene, las provincias por Ingresos Brutos (IIBB) cobran hasta el 4,5% sobre ventas, gane o no gane. Vamos a tratar de que eso se convierta en un IVA provincial para que no se genere un efecto cascada que se paguen en toda la cadena.

 

Pero usted no desconoce que es difícil lograr que el Gobierno baje algún impuesto.

En Argentina tenemos la presión impositiva más alta de la región. Yo tengo actividad en tres áreas, comercio minorista, tengo una producción vitivinícola en Mendoza y hago construcción. En las tres áreas tenemos presión impositiva importante. En la producción vitivinícola la carga impositiva es notable, no podemos soportarla. El que vive solamente de eso, no subsiste. Hay que considerar problemáticas locales fundamentalmente. Hay en el NOA y el NEA una contemplación por el artículo 814 en cuanto a los aportes previsionales pero la verdad es que ante los costos internos, que son tan altos, es difícil competir con el extranjero.

 

La clave parecería ser aumentar la torta y los ingresos por ventas y producción. ¿Ve muy lejos ese momento?

Nosotros tenemos aquel espíritu desarrollista desde hace muchos años, que es abrir paso a todo lo que sea productivo. Tratar que todo lo que sean insumos, no que se restrinjan pero sí que todo lo que se hace acá que aquí se mejore, que se compita y que naturalmente no tengamos una competencia en un momento donde el mundo está deseoso de colocar sus productos y sus excedentes, y además, a precios bajos que no tienen nada que ver con los nuestros.

 

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