Un Presidente común

Tras el revés en la reforma del sistema de salud, el premio con el que cotizan los activos en EE.UU. debería sufrir un pequeño descuento

 

Donald J. Trump no quiere ser un tipo normal como Ricardo Darín. Tal vez porque nunca comió una pizza de parado en Güerrin antes de ir al teatro. Por eso, si alguna vez viene de visita por Buenos Aires, mi recomendación es saltarse el protocolo y llevarlo a vivir una experiencia bien porteña: pedir una porción de muzzarella y una cerveza en una de las pizzerías de la Avenida Corrientes. Cualquier opción es mejor que invitarlo a cenar a Olivos y que pida su plato preferido: un bife bien cocido (casi quemado) con ketchup.

 

Al final, no se me ocurre otra manera para convencerlo que lo mejor para todos es que sea un Presidente normal. Pero lamentablemente este sueño es inalcanzable porque es difícil que un multimillonario de setenta años y dueño del arsenal nuclear más poderoso del planeta se decida a cambiar.

 

Un pequeño descuento

 

La reforma del sistema de salud fracasó por falta de apoyo dentro de su propio partido y demuestra los problemas para alcanzar un acuerdo con el ala más conservadora de los republicanos. Al final, en EE.UU no hay mayoría automática como acá. Si así fuera, entonces el Partido Republicano pasaría a ser peronista. Para Trump fue imposible lograr un consenso entre los que deseaban un recorte más drástico de los beneficios (¿no alcanza con quitarle la cobertura a 21 millones de personas?) y aquellos sectores más moderados. Por esta razón, el premio con el que cotizan los activos en EE.UU. porque Trump cuenta con mayoría en ambas cámaras debería sufrir un pequeño descuento.

 

Concatenación de hechos

 

De todas formas, este fracaso tiene poca relevancia para la marcha de la economía y para el futuro del Gobierno de Donald J. Trump. Fue un error político iniciar su mandato con un tema que no era prioritario para la sociedad sino para una fracción pequeña. Para el electorado republicano es más importante que la economía crezca gracias a una reforma impositiva y un plan de infraestructura.

 

En este punto quiero hacer una reflexión. Es cierto que Trump se parece a aquel boxeador al que le asestaron dos buenos golpes y ahora está en un rincón balbuceando palabas sin sentido. Pero que fracasara con reforma del sistema de salud o que un juez tirara para atrás la prohibición al ingreso de inmigrantes musulmanes no implica que todo lo que haga de ahora en adelante vaya a salirle mal.

 

En agenda hay otras leyes donde existe más consenso dentro de su propio partido. La política es dinámica y la propuesta de reforma fiscal seguramente tenga en cuenta los errores cometidos con sus primeras medidas y por lo tanto sea menos ambiciosa y más estudiada. La aprobación de la misma es clave para el mercado y su impacto se espera sea más duradero. Pensar que ahora se viene una concatenación de hechos negativos sería un error de apreciación.

 

¿Todo al dos?

 

El cierre de 2016 dejo un sabor de victoria para el dólar y las acciones y de derrota para los bonos. La expectativa era una pronta escalada de la tasa del bono a diez años hacia el 3%. Pero los pronósticos parecen haber fallado una vez más.

 

La fiebre por las Trumponomics que se esparcía por los mercados encuentra un freno no solo en la política sino también en la economía. El primer trimestre de 2017 termina con un crecimiento más débil del esperado por el exceso de inventarios porque el consumo está firme pero no se salen del libreto de los últimos años. Por esta razón, esperamos una moderación en la producción hasta normalizar esta situación: un ejemplo son los fuertes descuentos aplicados por la industria automotriz para los modelos de auto 2016/17 a fin de liquidar stock.

 

Este contexto es positivo para Argentina porque dependemos más de los flujos financieros (todos quieren nuestras tasas de doble digito) que de los comerciales. Aquí la tasa en pesos manda y no da lugar a otras alternativas de inversión (por el momento), sino pregúntele cómo les va a nuestros bonos en dólares. Al final, habrá que esperar un año más para ser un país normal.

 

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