Toda la IED de 2016 se fugó en el primer bimestre por turismo

La inversión extranjera fue de US$ 2.700 M en los últimos 12 meses y en el 1º bimestre el rojo turístico fue de US$ 2.500 M.

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La abundancia de dólares en la Argentina es sólo un fenómeno financiero. Si bien el gobierno de Mauricio Macri busca por todos los medios que las tan mentadas inversiones llegan al país, el camino está siendo mucho más complejo. Los dólares entran a cuentagotas y si bien mejoran en comparación al ostracismo que supo ser el kirchnerismo, los números distan notablemente de las expectativas oficiales. Según un informe de Federico Muñoz & Asociados, en el acumulado de los últimos doce meses, la inversión extranjera directa (IED) asciende a US$ 2.700 millones. El monto a simple vista resulta poco relevante.

 

Pero, ¿lo es? Para ponerlo en contexto, los dólares que traen desde afuera para hundir capital son prácticamente lo mismo que los billetes que se fugaron vía turismo en el primer bimestre del año (US$ 2.500 millones). O sea, confirma que la economía argentina funciona solo por los dólares financieros que ingresan al país, los que financian la brutal fuga de capitales que se materializa vía turismo o la compra lisa y llana de billetes para atesorar. Pero de los dólares de la IED, ni noticia en el Gobierno de Mauricio Macri.

 

El dato de la escasez de IED que sufre Argentina no es novedad. El Economista adelantó el viernes pasado que los inversores extranjeros que venían a un business-trip por Buenos Aires se iban con un sabor amargo por la falta de mejoras concretas. Y se contaba que la decisión de hundir capital no aparecía porque los hombres de negocios esperan medidas más profundas en términos de recorte de gasto y políticas que fomenten la creación de puestos de trabajo en industrias competitivas, algo que no parece en este momento por el atraso cambiario y la conflictividad sindical (con la industria del juicio a flor de piel).

 

“La inversión en portafolio fue récord en febrero, mientras que la inversión directa todavía se mantiene alejada de niveles previos al cepo”, dice Elypsis. De esta manera, crecen los ingresos netos de inversión de no residentes que alcanzan US$ 588 millones en febrero frente a US$ 198 millones en

febrero de 2016. El incremento es explicado por la inversión en portafolio, que alcanzó US$ 491 millones, mientras que los ingresos de inversión extranjera directa cayeron, registrando US$ 98 millones frente a US$ 143 millones en febrero del año anterior.

 

Muñoz ensaya algunas explicaciones adicionales de porqué la IED en la Argentina es virtualmente inexistente a pesar de que el gobierno actual, a priori, debía actuar como un imán.

 

1Un primer factor que frena la llegada de inversiones es el retraso cambiario. Los dólares sí están llegando masivamente para financiar el déficit fiscal de nación y provincias. Esta avalancha de dólares financieros en un contexto de tipo de cambio flotante provoca una apreciación excesiva del peso. “La fortaleza de nuestra moneda hace que los dólares que ingresan las empresas al país rindan poco (tengan escaso poder de compra), por lo que es lógico que muchas firmas se resistan a traerlos”, dice.

 

2Otro factor explicativo (vinculado con el primero) es que la economía argentina está muy cara en dólares. “Amén del mencionado retraso cambiario, las empresas deben lidiar con sobrecostos tributarios, laborales, regulatorios y logísticos que reducen de manera dramática el espectro de negocios rentables para invertir en el país (especialmente, en transables)”, acota. “Las planillas de Excel no cierran”, más allá de los elogios que pueda merecer la política económica.

 

3Un tercer factor explicativo de la demora en la llegada de las inversiones es la incertidumbre política. Los directivos de multinacionales saludan el viraje económico decidido por la gestión macrista, pero tienen serias dudas sobre su sustentabilidad. “Es aquí donde cobran tanta importancia las próximas elecciones legislativas de medio término, pues serán las encargadas de disipar esa incertidumbre (en caso de un triunfo oficialista) o de confirmar los temores a un posible regreso al populismo y la inconsistencia macroeconómica (si el kirchnerismo obtiene un resultado favorable)”, admite.

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