Sequías e inundaciones: dos caras de la misma moneda

“Los fenómenos naturales se vuelven cada vez más extremos y el hombre es responsable por ello”, afirma María José García Barassi

 

El año empezó con noticias escalofriantes: desde mediados de noviembre se extendían por la provincia de La Pampa numerosos focos de incendio. Y éstos continuaron al menos durante tres meses hasta que fueron totalmente extinguidos. Defensa Civil fue tajante: 60% de esos focos de incendios fueron causados por la caída de rayos. ¿Cómo es esto posible? La Pampa es una provincia seca, se ubica en lo que en Sudamérica se conoce como la “diagonal árida”. El monto de precipitaciones anual en la misma es escaso y es alta la probabilidad de riesgos de incendio debido a los pastos secos que pueblan el suelo de la misma.

Esta situación, en consonancia con la presencia de tormentas caracterizadas por una gran cantidad de actividad eléctrica, sumadas al poco monto de agua que proveen, provoca que estos pastos ante la caída de rayos respondan con un alto poder de combustibilidad, ocasionando diversos focos de incendio que, debido a esa misma combustibilidad, se expanden rápidamente sobre el territorio.

Paradójicamente, las “causas antrópicas” de estos incendios según la misma Dirección General de Defensa Civil fue del 27%. Esto significa, focos de incendio intencionales o por negligencia humana. El 3% restante obedece a causas desconocidas.

Hace poco menos de un año, en este espacio reflexionábamos sobre el fenómeno de las inundaciones y cómo el cambio climático global y local provocaba situaciones climáticas extremas que favorecían la proliferación de focos de tormenta extraordinarios. Incluso este mismo año hemos observado cómo el terraplén de Arroyo Seco en la provincia de Buenos Aires cedía ante la inclemencia del agua y dejaba a la ciudad entera arrasada.

Sequías e inundaciones no son fenómenos aislados. Ambos constituyen dos caras de la misma moneda: el cambio climático avanza sin pedir permiso. Los fenómenos naturales se vuelven cada vez más extremos y el hombre es responsable por ello. Por eso constituye en cierta manera una paradoja afirmar que tan sólo el 27% de la causa de los incendios son antrópicas. Es cierto, si consideramos que el fuego fue provocado por la actividad eléctrica en la atmósfera, es casi evidente que el causal directo es de origen natural. Sin embargo cabe preguntarnos: ¿Qué relación intrínseca existe entre las sequías que favorecen los incendios y el acuciante problema del cambio climático? ¿Es totalmente inocente el hombre en el 60% de los casos? ¿Por qué existen lugares arrasados por las aguas y otros arrasados por el fuego?

La respuesta está en nuestra propia conciencia colectiva. En la medida que la humanidad haga consciente que éste es nuestro único lugar, en el cuál no sólo debemos sobrevivir sino debemos vivir y disfrutar. En la medida que los centros de poder mundial internalicen que el desarrollo sustentable es la solución a no privilegiar únicamente los intereses económicos, sino a estimular un desarrollo tanto social como ambiental, podremos decir que tenemos ganada la batalla. Mientras tanto seguiremos trabajando en que las consecuencias de años de mala administración ambiental sean revertidos, tanto desde la expresiones particulares, acciones de ONGs comprometidas con el ambiente y protocolos y políticas públicas tendientes a minimizar el impacto del cambio climático.

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