Santa Fe, un laboratorio en estado de definiciones

Avanza el acuerdo entre la UCR y el PRO, mientras el oficialista PS intenta preservar el Frente Progresista. El peronismo apuesta a la unidad.

Lifshitz

 

Santa Fe es el cuarto distrito en términos demográficos y el tercero en aporte al producto bruto nacional. Y, de alguna manera, un laboratorio en tensión de acuerdos posibles. A contramano, muchas veces, de tendencias nacionales. O anticipándolas. Allí el PRO obtuvo la mejor performance en secuencia fuera del escenario porteño y antes del desembarco en la provincia de Buenos Aires. Y allí, también, el peronismo perdió tempranamente un predominio que parecía inalterable. Un acuerdo entre socialistas y radicales, que se mantuvo en pie durante más de dos décadas, hoy puesto en entredicho, lo hizo posible.

 

En las elecciones de medio término de agosto y octubre próximo, en la que se ponen en juego nueve bancas a diputados nacional, varias cosas más parecen estar en disputa. Como reflejo de dinámicas nacionales. Y como emergentes de lógicas propias que pueden trascender más allá de los límites de la provincia. Por un lado, la capacidad del PRO, no sólo de repetir un buen resultado, sino también de lograr que el acuerdo nacional con el radicalismo en Cambiemos pueda replicarse a nivel local, en una provincia donde el radicalismo, precisamente, cogobierna con otra fuerza. Por el otro, el intento (cada vez más cuesta arriba) de los socialistas de preservar los contornos del Frente Progresista Cívico y Social o, en su defecto, de reducir al mínimo posible el impacto sobre su gobierno y sus posibilidades futuras. Mientras el peronismo espera concluir su larga transición local, sin liderazgos definidos y proyectos divergentes, y evitar la fragmentación que amenaza a otros distritos. Con chances concretas. Y muchas incógnitas.

 

Fidelizar

 

El oficialismo nacional necesita no perder terreno en Santa Fe. Por aquella importancia socioeconómica y demográfica del distrito. Y por una cuestión más simbólica, ligada a la pertenencia de la provincia al eje pampeano que le dio la victoria en 2015. Además, pone en juego cinco bancas de las nueve que tiene entre los santafesinos. Tres pertenecen al PRO, una a la UCR y la otra al Partido Demócrata Progresista. Entre los escaños que se vencen están los de Luciano Laspina, presidente de la estratégicacomisióndePresupuesto y Hacienda; y del expresidente del radicalismo, Mario Barletta.

 

Para ello necesita que la economía y la cuestión social no se sigan deteriorando (la crisis en Sancor, en la última semana, alimentó las preocupaciones) y, a su vez, que el radicalismo “fidelice” su pertenencia también a nivel local. Los dos dirigentes más importantes de la fuerza en la provincia, el intendente de la ciudad capital y presidente nacional del partido, José Corral, y el mismo Barletta, están consustanciados con esa apuesta. Y fueron clave en la conformación de la mesa provincial de Cambiemos. Pero tienen algunas resistencias internas. En especial, de parte de los dirigentes que integran, como funcionarios, la gestión del gobernador Miguel Lifstchitz. Por caso, el vicegobernador Carlos Fascindini y el ministro de Seguridad Maximiliano Pullaro, encuadrados en la corriente Nuevo Espacio Organizado.

 

Por otra parte, el PRO no cuenta ya con los referentes que mostraron ser más taquilleros en las elecciones anteriores. Por un lado, Miguel Torres del Sel decidió volver a Midachi y dejar de lado la vida política, luego de ocupar la embajada en Panamá y renunciar a su diputación. Y el senador Carlos Reutemann está alejado del centro de la escena, con problemas de salud y poca predisposición para hacer campaña en este contexto. Aparecen variantes, más ligadas a la naturaleza del PRO y menos a la tradición peronista que engrosó las filas del macrismo hasta aquí (de hecho, Norberto Nicotra y Ricardo Spinozzi, dos expresidentes del PJ, militan en el espacio), pero sin la trascendencia necesaria. En ese núcleo, dos espacios: uno, ligado a la Fundación Pensar, con Laspina y la ascendente Anita Martínez como referentes; y otro, a la conducción orgánica del partido a nivel local, con su presidente, Federico Angelini, la diputada nacional Gisela Scaglia y el diputado provincial Roy López Molina. De ahí los guiños del presidente Mauricio Macri para que Corral sea quien encabece la lista.

 

Rupturas

 

El oficialismo provincial, en tanto, intenta preservar los contornos del Frente Progresista. Pero con traspiés en puerta: no sólo el radicalismo tiene doble pertenencia; también el PDP y la Coalición Cívica, dos aliados históricos del socialismo. En el gobierno de Lifschitz dan por hecho que el Frente persistirá a nivel local, pero que estos espacios no vayan en una misma lista en las categorías nacionales podría significarle un duro golpe. Simbólico y concreto, dado que el partido tiene que renovar las dos bancas que tiene. Una de ellas, además, la del exgobernador Hermes Binner, líder del espacio durante las dos últimas décadas.

 

Para acentuar los males, las fricciones internas terminaron con la separación del bloque de legisladores provinciales del oficialismo del expresidente del partido, Rubén Giustiniani, un viejo rival del eje Binner- Lifchitz-Bonfatti que conduce el partido. Giustiniani, quien en las últimas elecciones había acompañado al radical Barletta en las primarias, hoy explora acuerdos posibles con el Frente Renovador y evalúa chances de un acuerdo con espacios de centroizquierda que quedaron fuera del Frente. En ambos casos, sin grandes posibilidades de volver a jugar en las grandes ligas de la política local.

 

Antonio Bonfatti, en ese sentido, aparece como candidato puesto. En 2015, en las elecciones a diputado provincial, fue el candidato más votado, muy por encima del exgobernador Binner, quien quedó bastante relegado en su carrera para conseguir una senaduría para su partido (sólo obtuvo 12,9%). Mientras se desvanecen las perspectivas de Lifschitz para reformar la Constitución provincial y buscar una eventual reelección. La buena relación que supo establecer con el gobierno de Macri, luego de una serie de cruces y declaraciones cruzadas, anticipa un escenario no tan conflictivo en lo inmediato. Que la cercanía de las elecciones, seguramente, revertirá.

 

Transición

 

En cuanto al peronismo, las dudas persisten, tanto como se retroalimentan las señales de buena voluntad para restablecer la unidad perdida. Sin conducción clara ni liderazgo definido, el partido a nivel local continúa en tensión entre una minoría kirchnerista, intensa y movilizada, y sectores ligados al reutemismo que oscilan entre confrontar con el kirchnerismo, barajar y dar de nuevo y establecer vínculos con el oficialismo nacional. El senador nacional Omar Perotti, en ese sentido, es la figura de mayor ascendencia en este segundo grupo. Fue electo senador en 2015 y ya avisó que no tiene intenciones de abandonar la banca cuatro años antes. Su objetivo es preciso: quiere ser gobernador de la provincia en 2019. Lo que, sí, pretende “conducir” la estrategia de campaña y la conformación de las listas. Y, entre otras cosas, evitar que Agustín Rossi, uno de sus rivales, tenga un lugar de preponderancia entre los candidatos. Rossi representa al ala más kirchnerista y, más allá de cierto reconocimiento entre la militancia, no logra mover el amperímetro. Mientras que la exvicegobernador María Eugenia Bielsa, quien no dio señales claras sobre sus pretensiones, ocupa un área intermedia, crítica de Rossi, pero no necesariamente antikirchnerista. El cardiocirujano rosarino Federico Benetti, y la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas aparecieron en las últimas horas como dos referentes por fuera del partido con ganas de sumarse a las listas.

 

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