PIB en baja, Gobierno no peronista y, como yapa, año electoral

 

 por Fabián Bosoer

 

Arrancó marzo y con el fin de las vacaciones y descansos veraniegos concluye el tiempo de preparativos y especulaciones para este 2017. Llegó la hora de arremangarse y acometer el intenso trajín que nos aguarda este año: congestionamientos, conflictos y crispaciones serán “el pan nuestro de cada día”.

 

El presidente Mauricio Macri inauguró la semana pasada el 135° período de sesiones del Congreso, su segundo año de gobierno, y lo hizo dando cuenta de que este es, también, un año electoral clave. La renovación legislativa, en octubre, definirá el modo en que transitará su segunda mitad de mandato y las posibilidades de aspirar a otro. La oposición también se encargó de hacerlo saber en la sesión de la Asamblea.

 

En su balance del primer año de gestión, y con franco tono de campaña, Macri destacó el rumbo político y económico, se refirió a la pobreza, la inseguridad y la inflación como principales preocupaciones y pidió “menos relato y más verdad”, buscando los contrastes con el gobierno anterior.

 

Pero la enumeración de indicadores sociales sigue pesando y mucho: 1 de cada 3 argentinos está en la pobreza o la exclusión total. 12 millones de argentinos viven en villas y barrios precarios, sin agua ni servicios básicos. Sólo 41% de los argentinos tiene cloacas. 15 millones de argentinos no tienen ni obra social ni medicina prepaga. Este es el cuadro que reconoció el Presidente y para el que ya no alcanza responsabilizar a la herencia recibida. Mientras tanto, el inicio del año escolar se demora por el conflicto docente, que tiene implicancias y reverberaciones políticas inmediatas. Los gremios docentes hacen ejercicio de su capacidad de presión y lo hacen en el marco de la convocatoria de la CGT a una movilización de protesta, que inaugurará otro de los capítulos del otro cronograma 2017: el de la conflictividad gremial que se anticipa como arena en la que se dirimirán varias pujas; la salarial, sindical y política. En la mesa de negociaciones, en las listas de candidatos y en la pelea por “ganar la calle”.

 

El calendario legislativo nos promete debates, negociaciones y eventualmente acuerdos para aprobar leyes. El calendario electoral nos promete competencia, confrontación y búsqueda de las diferencias, contrastes y antagonismos. Es natural que así sea. El problema es cuando se confunden los planos y se superponen sus lógicas.

 

De tal modo, el ámbito legislativo se somete a la dinámica de la confrontación, la imposición o el bloqueo, o simplemente decae la actividad del Congreso porque diputados y senadores “están en campaña” (?). Y el conflicto gremial es principalmente un campo de operaciones para dirimir espacios sectoriales y capitalizar políticamente el descontento y la protesta social.

 

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