Detrás de las cifras de la EPH

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Cuando aparecen los datos de la Encuesta Permanente de Hogares es grande la tentación de hacerle decir a sus datos determinadas cosas. El primer inconveniente a sortear es el de percatarse que los datos refieren a un lapso que, si bien relativamente cercano, no necesariamente se corresponde con la realidad estrictamente actual. En efecto, los datos conocidos ayer refieren a la última parte del año, más específicamente a los meses de octubre a diciembre de 2016.

 

En tal sentido la buena noticia de una importante baja en la tasa de desocupación (casi dos puntos porcentuales menos que en el peor momento del año) se relativiza por dos aspectos. Razones estacionales tienden a mostrar un “mejor” desempeño de los indicadores socioocupacionales en la segunda mitad del año, por una parte. Y, por la otra, que en este caso la disminución viene asociada con un leve descenso de la tasa de empleo. En conjunto ambas disminuciones dan cuenta de una menor tasa de participación económica de la población o tasa de actividad.

 

fComparación Es sabido que no es razonable comparar los resultados de la EPH rediseñada luego del “apagón estadístico” decidido por la nueva gestión del Indec a comienzos del año anterior con la serie precedente elaborada durante la “intervención” del organismo.

 

De manera que apenas puede afirmarse que los datos guardan aparente correlato con los resultados informados por el Ministerio de Trabajo Economía (en este caso sólo referidos al empleo registrado tanto de asalariados como no asalariados). Los últimos datos disponibles indicaban que en la última parte del año parecía consolidarse un proceso de reversión del pésimo desempeño de la primera mitad de 2016 cuando se perdieron decenas de miles de puestos de trabajo. En contraposición, el segundo semestre mostró un dinamismo significativo con la creación de más de 140.000 puestos.

 

Ciertamente es necesario disponer de información más detallada como para ver qué pasó con los ingresos laborales y no laborales. Ello permitiría corroborar o no lo informado en el reciente documento del Observatorio de la UCA acerca del mejoramiento de los ingresos de 2016 respecto de fines de 2015. Cuando estén las Bases Usuarias de la EPH se podrá también indagar acerca de la calidad del empleo, especialmente sobre la situación de protección o desprotección del trabajo asalariado. También para analizar las ramas de actividad en las que se haya creado o destruido puestos de trabajo.

 

En síntesis, se trata de una buena noticia que no puede menos que confrontar con las expresiones críticas sobre la situación sociolaboral actual que estarían en la base de medidas de fuerza vigentes o anunciadas en estos días. A menos que en el primer bimestre del año la situación se haya modificado sustancialmente parece que habría que revisar o relativizar algunos de los fundamentos de los reclamos. Aunque, es sabido, no es sencillo encontrar la vara adecuada para medir los dramas que atraviesan a nuestra sociedad.

 

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