Crónica de una suba anunciada

Concluyó ayer la reunión del comité de política monetaria de la Reserva Federal y su comunicado de prensa puso sobre el tapete lo que el mercado ya descontaba con certeza: una suba de la tasa de Fondos Federales al rango de 0,75 a 1%.

 

Concluyó ayer la reunión del comité de política monetaria de la Reserva Federal y su comunicado de prensa puso sobre el tapete lo que el mercado ya descontaba con certeza: una suba de la tasa de Fondos Federales al rango de 0,75 a 1%. Es la tercera suba de tasas de este ciclo contractivo. Los movimientos anteriores fueron en diciembre de 2014 y 2015.

 

El mercado lo viene anticipando desde el 4 de Marzo cuando Janet Yellen, presidente de la Reserva Federal, declaraba en conferencia de prensa que “un mayor ajuste de las tasas de interés sería probablemente apropiado siempre y cuando el empleo y la inflación continúen evolucionando en línea con las expectativas”. Para que no quedaran dudas, agregaba: “El objetivo de pleno empleo prácticamente se ha alcanzado y la inflación se mueve cerca del 2% objetivo marcado por la Fed”.

 

Luego vinieron números de empleo que mostraban la creación de 235.000 puestos de trabajo no agrícola en Febrero, una tasa de desempleo de tan sólo 4,7% e inflación minorista según el IPC en 2,7% anual (recuerden que la mejor medida de inflación para la Fed no es este índice sino el deflactor de precios implícitos del PIB, estimado en 1,9% para 2017).

 

La información más valiosa que brindó ayer la Reserva Federal no fue entonces la suba de tasas, sino su intención de hacer dos movimientos más durante el año, tres en 2018 y otros tres en 2019, llevando gradualmente la tasa de fondos federales al nivel de largo plazo de 3% anual. Están pensando en un cuarto de punto cada 3 o 4 meses.

 

Otro dato de valor que proporcionó el comité de política monetaria es que los cambios en la política fiscal podrían afectar el desempeño económico pero que es demasiado temprano como para decir cómo el Congreso o la Casa Blanca van a modificar los impuestos, el gasto público o la regulación, y cómo esos cambios pueden afectar el normal desarrollo de la economía.

 

Tradicionalmente, la suba de tasas en Estados Unidos fortalece al dólar. La mejora del rendimiento en esa moneda funciona como una aspiradora de fondos: los inversores que antes buscaron otros horizontes para mejorar su rentabilidad son tentados a repatriar sus colocaciones. Los emergentes se encuentran entonces con menos liquidez para financiar sus necesidades y con un costo más alto para hacerlo.

 

Pero además del canal financiero puro, la fortaleza del dólar provoca inevitablemente una caída en el precio de las materias primas. Como los commodities fijan su precio en dólares, la apreciación de esa moneda hace que se reduzca el poder de compra de los consumidores globales que no perciben sus ingresos en dólares, reduciéndose la demanda de productos primarios fuera de Estados Unidos.

 

La historia económica nos muestra que cuando el movimiento de tasas es brusco, la apreciación del dólar es más fuerte, y el aterrizaje de los emergentes es más “forzoso”. Cuánto más gradual sea la suba de tasas americana, mejor para los emergentes y para Argentina. Cocinar a fuego lento la suba de tasas hace que los inversores no se quemen ni entren en pánico, y por lo tanto no salten fuera del agua.

 

Argentina está de regreso en los mercados financieros globales y precisa de inversores que sigan nadando en agua tibia. La primera reacción del mercado fue bien positiva. La Reserva Federal quiere ser gradualista. Esperemos que Trump y el Congreso estadounidense la dejen.

 

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