No hablar en borrador

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por Carlos Leyba

 

Mauricio Macri, según sus propios dichos, cree haber elegido a los mejores y que gracias a la interrelación virtuosa entre ellos conforman el mejor equipo del reino del nunca jamás. Apenas se produce una fisura en la homogeneidad, al heterogéneo se lo expulsa (A. Prat Gay y C. Melconian). Previendo las fallas, el Presidente ha extendido su persona con más ojos y cabezas en los coordinadores de la Jefatura de Gabinete que reciben el influjo gratuito del gurú ecuatoriano, nacido de izquierda según sus dichos, J. Duran Barba. Uf. Uf.

 

Dado el peso del gurú debemos concluir que se trata de un “equipo para ganar elecciones”, ya que el gurú es especialista en “triunfos electorales” y no en cuestiones de gobierno. No tienen un gurú para “triunfos de gobierno”, es decir, un alma con una visión que proponga un programa con de objetivos de política.

 

Pero sí, el Presidente, tiene un filósofo de cabecera, Alejandro Rozitchner, quien dice venir de “la marihuana y el rock” y que reconoce que “tal vez no hay un programa del PRO ni tratados escritos, sino algo más saludable, una posición más existencial” y agrega que le “gusta pensar en el objetivo de la presidencia como una mutación psicológica de la Argentina”. Hay más: “Tenemos que superar la valoración de la tristeza”. ¿Revolución de la alegría? Lograr esa mutación existencial, según el filósofo, se basa en que “Macri hizo 20 años de psicoanálisis” (El País)…Veinte años, un período emblemático como más adelante veremos.

 

¿Y los hechos?

 

Tenemos equipo para producir una mutación existencial, pero sin programa y sin responsable de la economía. “La economía”, como tal, no está pensada, por el PRO, como un sistema. Para el equipo, no hay tal cosa como “la economía” sino parcialidades autónomas o parecido. Además de las interpretaciones del carácter de la gestión, y esta es una de las tantas posibles, están los hechos.

 

Entre los hechos predomina el borrador. Puede ser de una manera por la mañana. Pero si hay un cimbronazo en la tarde o la noche, lo cambiamos. Cambiemos vendría a ser un continuo sin fin de cambio o el riesgo de cuando la virtud se convierte en vicio.

 

Los ejemplos abundan. El último es el caso del Correo, cuyo final es puro suspenso. O la relación con Donald Trump que pasó de “no somos más duros con Trump porque México no lo pide” (Malcorra dixit) y, cinco minutos después, gloria telefónica de Mauricio con Donald. Todo en borrador.

 

Pero en economía, el principal de los hechos, a pesar de escarceos de funcionarios y coordinadores, es la acción que lleva adelante el presidente del BCRA. El sí expone un objetivo cuantificado, determinado en el tiempo, definido por instrumentos que son aplicados sin anestesia. El objetivo es “la inflación” y el instrumento es la política monetaria. Lo principal es que a este objetivo y a esos instrumentos sucumben todas las intenciones y declaraciones públicas.

 

Tan es así que el propio Presidente –haciendo honor a lo emblemático de los 20 años – ha declarado que “necesitamos 20 años de crecimiento para salir de la pobreza” (Perfil) dando la idea que aquello de “pobreza cero” es algo que no está al alcance sino de 5 períodos presidenciales.

 

A los números…

 

La reducción a cero del número de pobres ocurrirá en 2036 si se cumple el PROnóstico. Ese propósito implica reducir el número de pobres de cada año en 20% y así sucesivamente cada año. En este año deberíamos bajar la pobreza en 2,4 millones de personas y 2018 amanecería con 9,6 millones de pobres, y no 12 millones como ahora. Y durante 2018 habría que reducir la pobreza en 20%, es decir, 1,9 millones de pobres menos. Y así sucesivamente cada año 20% sobre el saldo remanente hasta 2036 para entonces, si hoy son 12 millones las personas que sobreviven bajo la línea de pobreza, quede un remanente de 140.000 en esa condición para una población de más de 50 millones de habitantes. Casi cero. Objetivo logrado. Pero dentro de 20 años.

 

Debates, planes…

 

En ese recorrido anunciado de aumento de la población y reducción del número de pobres habrá una primera estación importante en 2024, año en el que alcanzaríamos a reducir la pobreza a 4% de la población. Habrán pasado 50 años desde que el país abandonó el objetivo central del Estado de Bienestar, tiempos en habíamos logrado reducir la pobreza al 4% a base de política económica basada en objetivos e instrumentos múltiples. Eso fue en 1974. Volvamos al futuro.

 

Al ritmo de reducción del 20% por año y sobre el remanente de pobreza de cada año en 7 años habríamos de lograr retornar a nuestros niveles de sociabilidad y civilización de hace medio siglo. Entonces habríamos salido de una tragedia colectiva caracterizada por haber sufrido el flagelo de la pobreza creciente durante la dictadura y la democracia. No fue un accidente sino la lógica consecuencia de un enfoque de política económica que predominó en continuado desde 1975: Rodrigazo, militares, radicales, menemistas, aliancistas y kirchneristas.

 

En 2024 podríamos retornar al 4% y para llegar a pobreza cero harían falta 12 años más. Pero, como bien ha dicho el Presidente, para alcanzar esa meta, hoy tan pero tan lejana, es necesario crecer de manera extraordinaria.

 

Para lograrlo hace falta crecer ahora a mucha velocidad. Es que esa proyección exige bajar, como hemos mencionado, el 20% de la pobreza en 2017, es decir, 2,4 millones de personas sacadas de la pobreza en 2017. En 2018 otros 1,9 millones. Y en 2019 otro millón y medio. Macri empezó su Gobierno con 30% de población en condiciones de pobreza, y el primer año lo aumentó. Pero si se cumple esta proyección habría logrado reducir en casi 6 millones el número de pobres en una gestión y la pobreza, a su término, representaría el 14% de la población. No sería “pobreza cero” pero sería un éxito extraordinario. Seguramente, en ese caso, la reelección sería altamente probable. ¿Será?

 

Es decir, haber puesto la meta “cero en 20 años” implica reducir la pobreza a la mitad en este período presidencial. Puede que no sea exacto pero la demografía y la velocidad de reproducción de la pobreza exigen un bajón de entrada: de a poco no va, y la tasa de reproducción gana.

 

Puede que la meta cero se logrará en un período más breve. Pero de ninguna manera podría llegar a cero en ese plazo si no ocurre esta reducción acelerada en lo que resta de la Presidencia. Preste atención. ¿Estamos tratando de hacerlo?

 

Esto implica que –efectivamente– la tasa de crecimiento de la economía debe ser muy elevada en lo que resta del período para que se puedan incorporar al sistema, del que están excluidas, 6 millones de personas.

 

El crecimiento elevado es una condición necesaria. Pero hacen falta muchas otras condiciones más. Abatir la pobreza en 20 años, como anuncia Macri, implica un proceso acelerado de reducción en este período presidencial y exige un determinado tipo de crecimiento. Un crecimiento en bienes, ocupaciones, inversiones, destinado a posibilitar ese proceso de incorporación social. Un estilo de crecimiento.

 

No olvidar que la pobreza, demográfica y culturalmente, está gobernada por una tasa extraordinaria de reproducción. Para ponerlo en claro, mientras la población, aproximadamente, se duplicó entre 1974 y el presente, el número de pobres, en ese mismo período, se multiplicó por 15. Esa es la fuerza de la tasa de reproducción de la pobreza.

 

Es decir: para reducir el factor reproducción es imprescindible (no se puede prescindir) generar un proceso acelerado de absorción que, en el plazo que se propuso o pronosticó el Presidente, implica un ritmo de 20% anual sobre el remanente y de ese modo. No menos y no al revés.

 

¿Qué tasa de expansión de la economía es necesaria para que eso se cumpla? ¿Qué estilo de expansión es necesario? El estilo es tan necesario como la tasa. Claramente el estilo “derrame” no funcionará. Primero porque la experiencia es que todas las estrategias de “derrame” que rigieron desde 1975 hasta 2001 no funcionaron. La economía básicamente no creció y, cuando lo hizo, lejos de derramar para rescatar la pobreza, logró que la pobreza en número, y porcentaje sobre la población, aumentara sistemáticamente. Y lo mismo ocurrió desde 2004/5 en adelante. Puede que sea impreciso en esos años. Pero después de la reducción de la pobreza, una vez alcanzado el 50%, como consecuencia de la debacle de la Convertibilidad y la crisis de la salida, se llegó a un nivel de estancamiento porcentual al que sucedió el crecimiento del número y la proporción de pobres.

 

Esa etapa no fue la del derrame sino la etapa del agotamiento de los stocks. Para definirlo de alguna manera, es decir, el reinado del corto plazo y el aprovechemos la liquidación. Esa estrategia K de “crecimiento” del presente, que agota el futuro, estuvo acompañada por un incremento del número de pobres mientras la economía algo creció (3,2%).

 

Crecer es necesario. Pero el estilo de crecimiento determina si el mismo contribuye o no a la reducción de la pobreza. Lo que tienen en común los últimos 40 años, incluido el período actual, es que se han ejecutado programas de un solo objetivo, con o sin ministro de Economía. Sin visión global de la economía.

 

José A. Martínez de Hoz incrementaba las reservas como antídoto a la crisis de balance de pagos mientras se desplomaba el empleo y la industria y aumentaba la deuda y la inflación. Domingo Cavallo procuraba la estabilidad de los precios mientras la deuda aumentaba y desaparecía la industria y cundía la desocupación. Los K se dedicaron a aumentar el consumo, con mucha importación contenida, mientras se desplomaban los stocks. En todos los casos aumentó la pobreza y en todos lo bueno fue efímero y los males volvieron.

 

Macri también opera con un solo objetivo: la meta inflacionaria. La economía, el empleo y la competitividad no mejoran. Y la pobreza aumenta.

 

Para gobernar (y más con la exigencia obvia de reducir la pobreza) se requiere de un programa (obviamente consensuado) de objetivos múltiples: crecimiento con pleno empleo, con superávit en la cuenta corriente del balance de pagos y una política de ingresos “racional”.

 

No es racional que, en un año, el pedal financiero deje 20% en dólares o que la tasa de inversión sobre PIB sea 16% o que todo eso no sea sino el reflejo, las reacciones lógicas, de las acciones de los talibanes de la tasa de interés que bajan la inflación mientras el conflicto social lleva el disenso a la calle en lugar de a una mesa de concertación que por definición no puede orillar en un solo objetivo. Concertar implica objetivos múltiples.

 

El PRO por ahora no ha demostrado, ni de lejos, que tengan a los mejores funcionarios. Por ahora se cumple el principio de Peter: todos, al ascender, “han alcanzado el nivel de incompetencia”. La homogeneidad es muy buena para un remate pero no da la razón. La revolución de la alegría no reemplaza el programa y ganar elecciones no es lo mismo que gobernar bien.

 

¿Y si probamos hacer un programa a partir del objetivo de reducir la pobreza en 20 años? ¿Mauricio creyó que tiraba la pelota afuera? No. Seis millones de pobres menos en 2019. Mañana. No hay que hablar en borrador.

 

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