¿Hay que tener un Ministerio de Ambiente?

Rabino Bergman

 

por Mariana Conte Grand, Economista ambiental de la Universidad del CEMA

 
La Jefatura de Gabinete dijo que los cambios en el Poder Ejecutivo han terminado. En cuanto al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, las declaraciones del área de Marcos Peña agregaban que quedaba en todo caso “definir más claramente qué es el Ministerio”. Estas palabras son compatibles con trascendidos que hubo a principios de año de que el Ministerio podría volver a ser una Secretaría. Por eso, y por la necesidad de austeridad fiscal que tiene el país, es pertinente preguntarse hasta qué punto tiene sentido este organismo y, de seguir, de qué debería ocuparse.

 

El desarrollo sostenible apunta a que el crecimiento económico no se haga a expensas del cuidado de la comunidad y el medio ambiente. Hay múltiples ministerios para lo económico y hay varios relacionados con lo social, así que se justifica que exista un ministerio específico para lo verde. Eso está en línea con otros países de la región que también le han dado jerarquía ministerial al tema ambiental (por ejemplo, Brasil, Colombia, Chile, o Perú).

 

Para la gestión, tanto la referida a la contaminación como al manejo sostenible de los recursos naturales, se requiere definir: cuáles son las herramientas de regulación disponibles; cuáles son los indicadores para diseñar y evaluar las políticas que se llevan a cabo; cuál es la interacción entre la normativa ambiental y la localización de las empresas, la competitividad internacional, los incentivos a la innovación, y cuáles son las políticas en las que se tiene que focalizar un organismo ambiental nacional.

 

Las herramientas de regulación no solamente tienen que ver con cobrar tasas o hacer cumplir estándares tecnológicos o de cantidades, sino con poner en práctica formas de regulación más basadas en incentivos. Evaluar políticas requiere tener buenas estadísticas ambientales y ese es un rubro retrasado en Argentina: los datos suelen sistematizarse poco y hacerse públicos solamente en forma parcial. Las interacciones con cuestiones como el comercio internacional suelen ser lideradas por otras reparticiones como la Cancillería o las áreas económicas, pero el Ministerio de Ambiente debería tener un rol clave. En cuanto a su papel en un país federal, la actuación debería focalizarse en mediar en las disputas interjurisdiccionales y en los temas que abarcan varias provincias o el país como un todo.

 

Uno podría pensar que la duda en mantener lo ambiental como un área de gobierno importante tiene que ver con el resultado en las elecciones en Estados Unidos. Donald Trump se ha declarado abiertamente antiecológico, pero también es un proteccionista en lo comercial y las no políticas ambientales pueden ser un motivo para trabar el comercio. Aunque se da cuenta que hay mucho para mejorar, Mauricio Macri cuenta con dos incentivos para mantener un ministerio de ambiente: el cuidado de la población del país y las oportunidades/ vulnerabilidades en el frente externo de tener políticas ambientales acordes al estado del arte.

 

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