¿Maldición de los recursos naturales, maldición de empleo?

albrieu

Punto de vista: Ramiro Albrieu, investigador del CEDES

Hay una idea proveniente de las décadas de 1950 y 1960, y todavía bastante arraigada en la opinión pública de los países ricos en recursos naturales, de que un sesgo productivo y exportador hacia esos recursos es una mala idea. En aquella época había consenso en la región en que era muy limitada la capacidad de una estrategia de desarrollo basada en las ventajas comparativas para generar suficientes empleos de calidad -más aún en países de rápida urbanización-. La pregunta que nos hacemos aquí es si esa hipótesis, que conecta el sesgo estructural con la calidad de los empleos y hacía perfecto sentido en aquel momento actualmente, sigue en pie.

Lo primero que surge es que muchos de los factores que generaban aquel resultado no están activos en la actualidad. Menciono tres. El primero, que países con gran población se expanden y elevan la demanda global de materias primas. El segundo, que la producción se organiza a escala mundial a través de las cadenas globales de valor y ello redefine los principios de ventajas comparativas. El tercero, que los avances tecnológicos penetraron todos los sectores de la economía, de manera que no parece tan fácil como en el pasado detectar los sectores “especiales” que hay que promover.

Si uno mira el desempeño de América Latina en las últimas décadas en lo referido a este tema aparece una conclusión general: no hay nada determinístico en la relación entre el sesgo productivo “aguas arriba” en las cadenas de valor (provisión de materias primas) y la calidad de los puestos de trabajo. El desempeño de la primera década del Siglo XXI muestra que es posible sesgar una estructura económica hacia los recursos naturales y aumentar la calificación de los puestos de trabajo, la formalidad del mercado laboral y participar en el mercado intensivo en conocimientos, allí donde se intercambian imaginación e ideas. También fue posible mejorar las condiciones de trabajo a través de políticas de salario mínimo y los mecanismos de negociación colectiva.

Las claves

Claro que, como dice el refrán, el diablo se esconde en los detalles. Entonces, esas tendencias generales tienen que ser revisadas a niveles de países o sectores específicos. Allí se observa la importancia del contexto: factores específicos de cada país, desde el nivel de tipo de cambio hasta la subprovisión de bienes públicos, pueden evitar que algunas economías aprovechen el comercio internacional para mejorar la calidad de empleo.

Se necesita incluso “bajar” a los estudios de caso para conseguir una imagen más nítida de la calidad de los empleos en las actividades asociadas a los recursos naturales.

¿Qué se observa allí? Que en buena parte de las actividades hay oportunidades para generar empleos de calidad. Pero también se detecta que problemas diversos (de escala, de stock de capital humano, de regulación, de gobernanza de las cadenas globales de valor) pueden bloquear la participación de una firma/ sector en los segmentos donde se generan los trabajos cognitivos, calificados y bien pagos.

En la actividad forestal de Misiones, por ejemplo, los aserraderos grandes tienen máquinas de última tecnología, mientras en los pequeños -que son el 85% del universo- los bienes de capital tienen una vida promedio de 30 años. Otro ejemplo: en Arequipa, Perú, fue posible desarrollar alrededor de la minería un cluster de servicios intensivos en conocimiento, donde participan empresas extranjeras, empresas locales y universidades. En Huánuco, donde el nivel de formación es más bajo y no existen difusores de conocimiento, prolifera la minería informal, con trabajos riesgosos, mal pagos y nivel cognitivo básico.

En suma, parece equivocado pensar que las actividades asociadas a los recursos naturales se relacionan necesariamente con empleos de mala calidad. En cambio, los nuevos rasgos de la globalización que comentamos más arriba demandan una mirada diferente, que busque las fuentes de la dualidad existente dentro de los sectores y diseñe políticas para contrarrestarla.

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *