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La Bolsa, gran ganadora del arranque de 2017

Por Luis Varela

 

A dos semanas del ingreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el mundo financiero empieza a prepararse. Por ahora, la palabra que reina es incertidumbre.

 

Cerrada la primera semana de 2017, la inquietud reinante se hace palpable en un drástico cambio de curso en la dirección de las monedas. Sin dudas, el gran perdedor de los primeros siete días del año fue el peso mexicano, que cayó casi 3% contra el dólar, la libra esterlina (a once semanas del Brexit) achicó 0,5% y el yen cedió apenas. Pero, a contramano de lo que ocurría en el cierre de 2016, el dólar bajó contra el resto de las divisas: declinó 1,7% contra el yuan (ayudado por una nueva política de Estado de Beijing que veremos cuánto dura), cedió 0,9% contra el real, bajó 0,2% contra el euro y 0,1% contra el peso argentino.

 

En Buenos Aires, después de la trepada de un peso entero que tuvo en las últimas semanas de 2016, el dólar llegó a Reyes cotizando a $16,15 en el canal oficial y a $ 16,86 en el blue, con una brecha cambiaria algo superior al 4%, a pesar de que el Gobierno deja vender dólares hasta en los semáforos (la brecha existe porque la economía negra sigue a todo vapor).

 

La llegada de Trump inquieta mucho a México, pero también tiene muy atentos a los inversores de todas partes. Luego de un rush final en 2016 en el que se produjo un gran traslado de las posiciones de bonos hacia compra de acciones, en el arranque de 2017 el movimiento no fue tan contundente. Los compradores del mundo volvieron a adquirir bonos, tanto que los precios contado de los de Estados Unidos subieron levemente y, en consecuencia, su tasa a 10 años cedió de 2,56 a 2,42% anual. Frente a esto, la tasa promedio mundial está en el 2,9% anual.

 

En la Argentina, sin embargo, por un rojo fiscal que va a ser muy difícil de resolver, la suerte de los bonos no cambió. Los títulos públicos achicaron su precio otro 1,1% promedio, pero con un clima híper selectivo. En la primera semana del año hubo subas del 2% al 4% para los bonos TM18, PAA0, PAY0, DICP, PARP, PR15, TVPE y TC21. Y bajas del 2% al 8% para los bonos AA17, AS17, AY24, AO20, PARY, AO17 y CO17.

 

Hoy la tasa larga, a 10 años, de Argentina está rozando el 7,1% anual. La tasa mexicana acaba de volar por Trump hasta el 7,6%, exactamente el doble del 3,8% que había mientras todo el mundo imaginaba a Hillary en la Casa Blanca.

 

¿Por qué está tan firme la tasa larga argentina? La reacción de las commodities a la llegada de Trump fue en general buena. El petróleo se mantuvo sostenido en US$ 54 (con la OPEP empezando a cerrar grifos). Los metales preciosos siguen recuperando (con la onza de plata avanzando 3,5% en la primera semana del año y el oro subiendo 2%). Los metales básicos también avanzando pero menos (1,5%). Y los granos, que son lo que más le importa a la Argentina, no tuvieron un buen resultado en Chicago (la soja acaba de bajar 1,1%), pero en Rosario el girasol subió 1,8%, el trigo 1,3%, la soja 0,8% y solo el maíz bajó 0,7%. La razón de este resultado diferente, baja en Chicago pero suba en Rosario, obedece a que el mundo viene bien con las cosechas, pero el campo argentino pasa un momento difícil, con una gran parte incendiada y otra gran parte inundada.

 

Más allá de todo, debe decirse que con Trump a la vista los fanáticos de la actividad privada están de parabienes. Por eso están aumentando sus posiciones en papeles de empresas. De hecho, las acciones se han convertido en la inversión estrella de la primera semana del año. Y dentro de este fulgor, la compra de papeles argentinos fue lo que más brilló. En la primera semana de enero la Bolsa de Buenos Aires ganó un increíble 8,6% en pesos y 8,1% en dólares, muy por encima del aumento del 2,4% de la Bolsa de San Pablo, del 1,8% de Nueva York, Tokio y Madrid, del 1% de la Bolsa de Frankfurt y del 0,4% de la Bolsa de Chile.

 

Pero, se sabe, la ebullición en acciones siempre es fuerte en la apertura de cada temporada, es estacional. Esto es así por una razón muy simple: en el cierre de cada año anterior (últimos días de diciembre), muchos inversores toman posiciones en títulos públicos para pasar el cierre de balance en bonos estatales y quedar así exentos frente a Impositiva. Y ahora, al llegar enero, ya eludido el impuesto a los bienes personales, vuelven a tomar posición en activos de riesgo, buscando seguir mordiendo todo lo posible.

 

Por eso, en el arranque de cada temporada es usual que crezca el volumen en acciones. En Buenos Aires, por ejemplo, en las semanas previas se venían operando unos US$ 260 millones de pesos por rueda y en la primera semana de enero el nivel de negocios trepó hasta $ 411 millones por día, 58% más de lo que se operaba en diciembre.

 

La llegada de estos fondos hizo estallar la cotización de muchos papeles. Petrolera del Conosur, una compañía con patrimonio neto casi inexistente, acaba de subir nada menos que 41% y papeles como Concesionario del Oeste, Mirgor, Quickfood, Costanera, la concursada Carboclor, Autopista del Sol, Cuyana, Dicasa y Camuzzi anotaron subas fenomenales del 23% al 31%. Mientras que del lado negativo estuvieron apenas dos firmas: San Miguel y Domec, que bajaron 6%.

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