El 2016 cerró con mejor tono

Dujovne

Por Matías Carugati (*)

La economía reaccionó en el último trimestre. De acuerdo a resultados preliminares de nuestro Nowcast, estimador adelantado del PIB, la economía se expandió 1% entre el tercer y el cuarto trimestres del año pasado (el intervalo de confianza va de 0,5% a 1,4%). Como resultado, el PIB se habría contraído 2,2% en 2016 (-2,1%/-2,3%).

Estimaciones alternativas sugieren un escenario similar. Y el propio BCRA considera que la dinámica económica mejoró en el trimestre pasado. La reactivación en el último tramo de 2016 señala un cambio de tendencia que podría consolidarse. La recuperación del poder adquisitivo en un contexto de “tranquilidad” cambiaria y desinflación (si no se interrumpe por el combo paritarias–tarifas) permitiría revertir la dinámica de una de las variables más afectadas el año pasado.

Volvió C

Precisamente, el consumo privado se convirtió en un factor determinante. De acuerdo a cifras oficiales, las ventas en shoppings acumularon un retroceso de 13% entre enero y noviembre, mientras que el gasto en supermercados cayó 10%. En la misma sintonía, el volumen de ventas minoristas relevado por la CAME promedió una baja de 7% para todo el año, cifra similar a la registrada en 2014 (-6,5%). El mercado automotriz, por su parte, mostró cierto dinamismo en los patentamientos de unidades 0 KM (+10%) de la mano de promociones y planes de financiamiento, mientras que la venta de autos usados fue coincidente con el resto de los segmentos del consumo privado (-15%).

¿Sigue?

La recomposición de ingresos será clave este año. A fin de cuentas, el poder adquisitivo de los hogares es el principal determinante del consumo. En este sentido, la desaceleración de los precios permitirá recomponer gradualmente los ingresos reales de las familias, y con ello, los niveles de consumo. En efecto, la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE), corregida por neinflación, tocó un mínimo en el mes de junio pasado, a partir del cual comenzó a recuperarse hasta alcanzar en noviembre (último dato disponible) un poder de compra similar al registrado en marzo. Así todo, el salario promedio real aún se mantiene claramente por debajo de los niveles de 2015.

Evitar (o amortiguar) los shocks externos será otro factor importante para la economía. A pesar de la incertidumbre tras la victoria del Brexit en Europa y de Trump en Estados Unidos, durante gran parte del año el tipo de cambio flotó con intervención mínima del BCRA. El resultado fue una suave depreciación nominal que no trajo mayores problemas con la inflación.

Salvo imponderables, este escenario no se modificaría en los próximos meses. El flamante ministro de Finanzas anunció su intención de cubrir gran parte de las necesidades de financiamiento (US$ 40.000 millones según datos oficiales –netas de tenencias intrasector público–) en los primeros meses del año para minimizar los riesgos en un año marcado por la incertidumbre. Precisamente, ya se consiguieron USD 6.000 millones mediante una operación de Repo con un grupo de bancos, que además fueron designados para colocar deuda argentina en el mercado internacional (otros US$ 7.000 millones).

Los “dólares financieros” serán complementados por las divisas del campo (si la cosecha no bate un nuevo récord por los problemas climáticos aún así lograría un nivel de producción relevante), lo que pueda aportar la última fase del blanqueo y la inversión productiva, que se estima comenzará a madurar por el lado del agro y el sector energético. Por otro lado, recientemente se eliminó el plazo mínimo obligatorio de permanencia de capitales en el país, lo cual facilita el ingreso de capitales cuando las condiciones son favorables pero también puede generar daños importantes e inmediatos si la situación se revierte. Esta es un “arma de doble filo” que habrá que monitorear de cerca.

Más promisorio

Volviendo al crecimiento, las perspectivas apuntan a un 2017 algo más promisorio. Para el consenso de los analistas (sintetizado en el REM del BCRA) el Producto volverá a crecer este año, pasando de la caída estimada de 2,3% del 2016 a una expansión de 3%. Existe una dispersión (lógica) en estas proyecciones, que van del 1% al 5%. O sea, incluso los más pesimistas esperan una recuperación económica tras el 2016. La reactivación del consumo y la inversión, ayudada por una base de comparación muy pobre y el impulso fiscal por las elecciones, configuran este escenario. El desafío del Gobierno, más allá de lograr que la reactivación se sienta en las urnas, será convertirla en algo sustentable en el tiempo.

(*) Economista jefe Management & Fit

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