¿Cómo va a ser la recuperación?

 

Todos dicen que la economía crecerá en 2017, pero no todos están de acuerdo con la fisonomía de esa recuperación. Primero, la famosa tasa. ¿Será de 1%, 2%, 3%, 4% o 5%? Segundo, la difusión. ¿Abarcará a todos los sectores o sólo estará concentrada en algunos? Tercero, el impacto en el empleo. ¿Se volverá a mover la rueda o será una recuperación mezquina en la arena laboral? Cuarto, ¿cuáles serán los drivers y cuán sustentables son ellos? Quinto, ¿será 2017 el rebote electoral del gato muerto o el comienzo de algo más sostenido?

 

Vamos a crecer, sí, aunque las incógnitas son varias y, ciertamente, los números son hoy algo más negativos que hace unos meses: Brasil no arranca, ganó Donald Trump (con todo lo que ello implica) y los motores internos (consumo, inversión y exportaciones) siguen flojos, y además hay una prédica menos expansiva para el gasto público.

 

Por eso, nadie se anima a decir más que “se frenó la caída”. La recuperación aún no se arma, aunque todos confían que está cerca. La moneda, que viene retrasada (se esperaban los brotes verdes para el segundo semestre de 2016), dará su veredicto final en los próximos meses. Eso, además, será crucial para lo que ocurra en las urnas en las PASO y, luego, en octubre.

 

Los números

“Finalizado el 2016 y con la estimación de que la recesión económica habría llegado al 2,4% de caída interanual respecto al 2015, todas las miradas ya están focalizadas en lo que ocurrirá en materia de actividad económica durante el 2017.

 

Hace algunos meses, y a instancias de la presentación del Presupuesto 2017 identificábamos distintos elementos que explicarían la recuperación de la actividad económica del orden del 3,5% plasmado por el ex ministro AlfonsoPrat- Gayenelproyectopresentado al Congreso. Los mismos eran tanto factores internos como externos. Entre los primeros se encontraba el aumento del valor de la cosecha, la continuación del gradualismo fiscal con la combinación de medidas tendientes a lograr el equilibrio en el mediano plazo, pero sin afectar de manera abrupta el consumo interno, y la política monetaria desinflacionaria cuyos efectos serían palpables por parte de los agentes recién en este año. Por el lado de los factores exógenos, identificábamos la recuperación de Brasil y un incremento en los flujos de capitales internacionales”, resume un informe de Invecq dado a conocer ayer.

 

Sin embargo, varios cambios se han producido en las últimas semanas que desdibujan el horizonte y llevan a una revisión de la cifra que podría registrar efectivamente la recuperación económica de este año, explica el informe. “Desde fenómenos climáticos adversos hasta elecciones que marcan verdaderos cambios en la política mundial, repercuten en la economía local reduciendo la tasa de crecimiento a un número más próximo al 2,5%”, resume. Considerando una caída de 2,4% en 2016, sería una mera recuperación del terreno perdido en el año inaugural de las Macrinomics.

 

Bajas y alzas

En el caso del agro, dice Invecq, desaparecería por completo el push productivo pues, a causa de las inundaciones, el valor bruto de la cosecha caería en nada menos que US$ 3.000 millones. Lo mismo ocurre con el influjo de capitales, complicado por el “efecto Trump”. Sin embargo, no todo está perdido. El ajuste fiscal seguirá siendo gradual (todavía se puede) y eso le pondrá un piso a la caída del PIB y la política desinflacionaria del BCRA (más allá de si la inflación termina en 17% o 23%) redundará en tasas más bajas y, por ende, más crédito. “Las tasas de interés en moneda local para empresas son las más bajas desde junio de 2015. Prevemos un importante repunte del crédito en 2017”, apuntan desde Analytica, una de las consultoras con un pálpito más bullish (5,1%) para el PIB. Eso, explican, “será uno de los driver del despegue de la inversión en 2017”.

 

Todavía todo luce bastante inestable (un clásico por estas pampas) y caracterizar el crecimiento del 2017 luce complejo. Creceremos, sí, pero veremos en unos meses más cómo viene la mano.

 

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