Cambios y más dudas

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Por Héctor Rubini (*)

 

El deseo de uniformar pensamiento y modos de conducta de los funcionarios es siempre lo deseable de cualquier gobernante. En general, el mando exige eficacia y eficiencia, algo difícil cuando se delega la gestión en una gran cantidad de reparticiones y ministros. En el caso de la actual administración, la reunión de funcionarios de diverso origen iba a suponer la falta de homogeneidad. En esos casos, la decisión de remover algunos, y no otros, responde a un criterio racional de eficiencia y eficacia. No parece ser el caso de los cambios en el Gobierno, sacudidos luego de Navidad por el despido del ex ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, y la posterior división de ese Ministerio, y la noticia de ayer de la remoción de Carlos Melconian de la presidencia del Banco de la Nación Argentina.

 

Los motivos

Las decisiones más que confirman la concentración del poder en el jefe de Gabinete de Ministros y los dos ex CEO que lo asesoran en todas las cuestiones. Esto más que ratifica el mensaje interno del propio Presidente en la última reunión de Gabinete ampliado en diciembre pasado. El citado trío es su núcleo de confianza, y la expresión de su visión, a manera de miniequipo privilegiado.

 

¿Es esto una buena noticia? A efectos de uniformar la gestión, la remoción de funcionarios con juego propio y visión diferente del jefe de Gabinete parece tener sentido. Sin embargo, se presentan aquí algunos interrogantes todavía no dilucidados.

 

¿Cuál es el plan económico del Jefe de Gabinete y sus asesores? ¿Cuál es, con precisión, la secuencia a seguir para volver a crecer y con menos inflación? ¿Cuál es el posicionamiento ante Estados Unidos, luego de los desacertados mensajes a favor de Hillary Clinton previo a su derrota frente a Donald Trump? ¿Volverá China a comprar nuestro aceite de soja?

 

Pisos y techos

Frente a un mundo cambiante, la economía interna parece buscar un “piso” de actividad económica pero está lento en iniciar el deseado rebote que algunos anticiparon, erradamente, para agosto pasado. Las presiones inflacionarias están lejos de estar dominadas. Como era de esperar, las operaciones del BCRA para sostener las tasas de interés parecen ser más efectivas para enfriar la inversión y el mercado interno que para contener la inflación.

 

Esta no va a dar tregua frente a las subas de precios que se vienen en este trimestre: tasas municipales, combustibles, energía eléctrica, gas natural, agua potable peajes, salarios, gastos centrales de edificios y consorcios, fletes, útiles escolares, comisiones bancarias, medicina prepaga, alquileres, y la lista sigue. Complicada característica común: su dinámica nada tiene que ver ni con las tasas de Lebac ni de la de los pases a siete días. ¿Pecó de optimismo panglossiano el set de metas de inflación de la autoridad monetaria? Parece que sí.

 

Marquitos y Freddy

Lo único claro es que en el internismo de la cúpula del Ejecutivo, se consolidaron el jefe de Gabinete Marcos Peña y el presidente del BCRA, Federico Sturzenegger. Al menos en el área económica, quedaron en el camino los dos funcionarios de alto perfil que mostraron visibles discrepancias con el titular de la autoridad monetaria.

 

Sin embargo, los resultados también cuentan: el costo financiero total para empresas y consumidores no ha bajado drásticamente, la inflación no muestra ninguna convergencia a las metas del BCRA, y 2016 fue un año de destrucción de empleos y contracción del mercado interno. ¿Los resultados realmente cuentan? En principio parece que no, pero ciertamente la inestabilidad de los funcionarios del Gobierno no es ninguna buena noticia.

 

Específicamente, los cambios inesperados de funcionarios no contribuyen a reducir la incertidumbre, ni a atraer inversores. Además, en la coyuntura actual, hasta que Trump no defina el nuevo rumbo de Estados Unidos en los próximos meses, y no se terminen de contar los votos en las elecciones legislativas de octubre próximo, será muy difícil esperar una lluvia de inversores del exterior.

 

Los inversores están informados de todo, y también de estos recambios. Como ya en Davos lo han observado varios de los funcionarios de nuestro Gobierno, con promover estabilidad de reglas de juego ahora no basta. Hay dudas sobre su perdurabilidad, inquietud sobre la fortaleza política, y sobre cómo y cuándo volver a crecer. Si previo a eso hay que poner la casa en orden, la tarea no admite demoras, tanto para reducir la incertidumbre interna y externa, como para tranquilizar a los propios equipos de Gobierno. Caso contrario, no llegarán inversiones, continuará la estanflación, y el oficialismo enfrentará serias dificultades para lograr un buen resultado en las próximas elecciones legislativas.

 

(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL

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