Brasil nos arrastró, ¿también en 2017?

Cristo Redentor Brasil

 

por Héctor Rubini (*)

 

El optimismo de varios pronósticos para 2017 se verá afectado, al menos, por el comportamiento de la economía de Brasil. La dependencia de parte de nuestra industria manufacturera y de varias economías regionales no se ha visto afectada durante más de una década de “modelo nacional y popular”, y como es de esperar, se mantendrá sin grandes cambios al menos hasta 2018.

 

En materia de exportaciones, es cierto que cierta diversificación, aunque mínima, de los destinos de exportación se ha verificado en los últimos 5-6 años. En 2010 las exportaciones argentinas a Brasil representaban el 21,2% del total exportado, y luego del cepo cambiario y las restricciones al comercio exterior del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, ese porcentaje descendió a 20,9% en 2011 y 20,6% en 2012, repuntó levemente a 21% en 2013 y finalmente cae a 20,3% en 2014 y 17,8% en 2015. En los primeros 11 meses de este año el total exportado a Brasil ha sido de U$S 8.188 millones, 18,9% menos que en igual período del año pasado.

 

Ciertamente el resultado observado en los últimos años responde también a la debilidad de la propia economía brasileña. Luego de la recuperación, en 2010, del impacto de la crisis financiera mundial, con un crecimiento del PIB de 7,5%, entre 2011 y 2014 esa tasa de crecimiento descendió a 2,9% promedio anual, y en el bienio 2015-2016, cerraría con una destrucción del PIB a razón de 3,6% promedio anual.

 

Impacto criollo

 

Dada la exposición de las exportaciones manufactureras, fundamentalmente de terminales automotrices y autopartistas, además de rubros agroalimentarios y de varias economías regionales, el impacto se hizo sentir. La declinación brasileña coincidió con la exacerbación del estatismo local, fundamentalmente a partir de noviembre de 2011 con el inicio del llamado “cepo cambiario”. A esto siguió la profundización del intervencionismo en materia de exportaciones y un comportamiento errático de las autoridades que contribuyó fundamentalmente un giro hacia el “capitalismo de amigos”. La inexistencia de una agenda exportadora concreta, sumada al atraso del tipo de cambio oficial y las citadas restricciones, tornaron no factible expandir fuertemente la presencia de bienes exportables argentinos en el exterior.

 

El año de transición que cerró el sábado pasado mostró rápidos avances un año atrás con el desmantelamiento del “cepo” y demás controles al mercado de cambios, así como con la liberación de las trabas burocráticas a la exportación. Sin embargo, dos años de caída de la actividad en Brasil siguen pesando fuertemente en la demanda de bienes argentinos, y en rubros con impacto visible en la creación/destrucción de empleos, tanto directos como indirectos. El cierre de 2016 deja, y no por casualidad, un panorama aliviado y promisorio para los complejos agroexportadores orientados hacia otros mercados, pero con un contexto todavía preocupante para los sectores “brasildependientes”.

 

El futuro del Gigante

 

La economía brasileña, a su vez, también sintió el cimbronazo de la inestabilidad política local, y esto empieza a tener impacto en la actividad y el empleo local. La declinación del crecimiento económico brasileño se ha visto amortiguado por el lado de la demanda, gracias a la recuperación del crecimiento de sus exportaciones, pero la inversión como porcentaje del PIB viene en descenso. Entre 2010 y 2014 superaba el 21% del PIB, pero en 2015 cayó a 19,2%, y según las estimaciones del FMI cerraría 2016 en 17,9%.

 

Ciertamente, la incertidumbre de las reglas de juego ha impactado directamente en el comportamiento empresarial. No es de extrañar, dado que buena parte de los megagrupos económicos que tienen un control cartelizado de los contratos de obra pública están muy complicados con las investigaciones judiciales del caso “Lava Jato”. Casi sin interrupción, desde 2015 no hay trimestre en que no se descubran nueva evidencia de hechos de corrupción donde estén implicados tanto ex funcionarios del Partido de los Trabajadores de los ex presidentes Lula y Dilma Rousseff, como de la actual administración, incluido el propio presidente Michel Temer. Más aún, se espera una nueva vuelta de tuerca para la segunda quincena de enero en que probablemente se difunda nueva evidencia vinculada con las declaraciones judiciales de miembros del grupo Odebrecht.

 

Tudo mal

 

En este contexto, cuesta pensar en una recuperación efectiva y sostenida de la demanda y de la actividad en Brasil. En los últimos dos meses, los informes Focus del Banco Central de Brasil muestran una progresiva declinación de los pronósticos de crecimiento del PIB brasileño para 2017. La mediana de las estimaciones privadas al 23 de diciembre pasado era de un crecimiento de 0,5%. Al 23 de septiembre había sido de 1,3% y al 24 de junio, en plena crisis política, de 1%.

 

Ciertamente, la información acumulada y las perspectivas futuras a partir del cambio de escenario internacional con la asunción de Donald Trump, han generado un ajuste bajista de las perspectivas para la economía brasileña.

 

¿Qué significa para la Argentina? La continuidad del escenario complicado para las autopartistas y terminales automotrices argentinas, al igual que para varias economías regionales que enfrentarán un escenario complicado para recuperar ventas al vecino país. Algo que además puede profundizarse si el real llegara a depreciarse respecto del dólar de manera significativa, con un tipo de cambio peso/dólar relativamente estable. En definitiva, el 2017 se presenta también como un año difícil para la colocación de productos en el vecino país. Esto ameritará la evaluación de estrategias de exportación a otros destinos para tratar de reducir, o al menos amortiguar, el impacto de las recesiones brasileñas en la actividad y en el empleo formal de nuestro país.

 

(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL.

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