Cabrera

Los tiempos de la economía

 

por Alberto Veblen, Economista

 

Hoy se discute hasta el hartazgo cuándo la economía retomará su sendero de crecimiento o por lo menos cuánto se producirá el tan mentado “rebote”. La teoría económica es clara en el sentido que en economía no existen los automatismos y más aún en el plano de la economía real. Cualquier decisión de política económica que actúa sobre una determinada variable económica para que impacte sobre el comportamiento de determinados agentes económicos supone un tiempo hasta que dicho efecto se materialice. Es decir que existe un lapso de tiempo para que la decisión de política económica se transmita a la economía real. En términos de temporalidad, la duración de este mecanismo de transmisión a la economía varía en función de la variable de política económica que se haya decidido corregir.

 

Los componentes

 

Apostar a las inversiones y a las exportaciones como los componentes más dinámicos de la demanda agregada resulta válido en la medida en que aceptemos que los mecanismos de transmisión –los tiempos que demandan que las decisiones de política económica impacten sobre estas variables– requieren de más tiempo que cuando se actúa sobre el consumo. Es decir que el impacto sobre el crecimiento de la economía tarda más en llegar.

 

Y es que los actores económicos son distintos: consumidores que ante un aumento de los ingresos consumen de manera inmediata versus inversores cuyas decisiones de inversión son sometidas por ellos a un análisis de múltiples variables en las que juegan el escenario macroeconómico actual y futuro, los costos laborales, la presión impositiva, las perspectivas de la demanda y/o el contexto político, por solo citar algunas. Lo mismo podemos decir de los exportadores entre los cuales a las variables antes citadas se suman la situación de los mercados internacionales, el comportamiento de las monedas y/o el grado de accesibilidad a nuevos mercados por solo citar algunas de ellas.

 

El problema radica en que el mayor tiempo que demandan los mecanismos de transmisión para dinamizar las inversiones y las exportaciones se enfrentan con la restricción de los tiempos de la política. Para conservar el poder se requiere ganar elecciones y para ello se requiere que el bienestar económico sea percibido por el electorado. Y es el consumo la variable que mejor responde a las necesidades de la política.

 

Cambiemos

 

Es por ello que el Gobierno se dio cuenta en los últimos meses que debe volver a apostar como lo hizo el kirchnerismo durante su última etapa– por el consumo– si es que pretende volver cautivar al electorado el año próximo. La pregunta es hasta dónde está dispuesto a virar su política económica. El debate actual de la reforma del Impuesto a las Ganancias –donde se discute la modificación de las escalas, del mínimo no imponible y que gastos son deducibles– y cómo se salde, los márgenes que permitirá el Gobierno en las negociaciones paritarias de 2017 y hasta dónde se apuntalará a los sectores productivos pasibles de destruir empleo serán algunos de los indicadores que nos darán la señal de hasta dónde la apuesta por el consumo significa un verdadero cambio de paradigma respecto del que existía al comienzo de la gestión o es una simple estrategia de corto plazo para llegar de la mejor manera al test electoral.

 

El problema es que los tiempos de la política son más rápidos que los de la economía y eso puede llevar a que esta estrategia, aunque se piense como transitoria, se pretenda convertir en permanente. Si ello fuera así la misma encontrará los mismos límites que se evidenciaron en el ciclo kirchnerista, aunque esta vez no por vía de la emisión sino por la vía del endeudamiento.

 

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