La reforma del mercado de capitales queda para el año que viene

 

La disputa por Ganancias en el Congreso provocó que el proyecto más esperado por el mercado, la reforma del mercado de capitales, quedara relegado finalmente para el año que viene.

 

Uno de los problemas que traerá esta demora en la aprobación de la ley es que afectará al blanqueo, cuya segunda etapa con el pago de una alícuota del 10% del impuesto especial está a dos semanas de terminar. El problema es que un artículo del proyecto eximía al principal vehículo de inversión del sinceramiento fiscal, los FCI cerrados, de la doble imposición de Ganancias (pasaba a pagar sólo el inversor y el instrumento quedaba libre).

 

Según explicó Daniel Lejtman, socio del Estudio Lisicki, Litvin y Asociados, a El Economista, la doble imposición le resta hoy a los fondos “un tercio de retorno”, además de que luego cada inversor vuelve a tributar. “Si el FCI gana $ 100, sobre eso paga $ 35 y le quedan $ 65 para distribuir, mientras que luego cada inversor debe también pagar el impuesto por lo que recibió”, aseguró.

 

Por eso, el proyecto en el Congreso le devolvía atractivo a estos instrumentos haciéndoles ¨transparentes” fiscalmente, es decir tratándolos sólo como vehículos de inversión y que nada más sean sus inversores quienes deban responder fiscalmente. Y además de esta exención de Ganancias, el proyecto dejaba fuera del IVA a las incorporaciones de crédito al FCI y a la “emisión, suscripción, colocación, transferencia y renta” de cuotapartes.

 

Incertidumbre

 

En este escenario, el inconveniente es que quienquiera entrar al blanqueo a través de un FCI, si bien recibirá el beneficio de quedar exento del impuesto especial, seguirá teniendo por ahora incertidumbre sobre cuál será su costo fiscal. “Es un obstáculo más para quienes querían adherir al sinceramiento porque no tienen por ahora seguridad sobre el rendimiento de los instrumentos, que era uno de los atractivos (cuando se eliminara la doble imposición) junto a no pagar el impuesto especial”, explicó Lejtman.

 

Sin embargo, algunos analistas son optimistas y creen que finalmente el Congreso aprobará el proyecto y dicen que, aunque se mantenga por ahora la doble imposición, sigue siendo atractivo evitar el gravamen del 10% y obtener una rentabilidad mayor por invertir en la economía real en vez de cualquier opción financiera.

 

También, algunos sostienen que la demora no afectará la suscripción de FCI porque tanto quien entre ahora como quien lo haga luego de enero –cuando la alícuota del impuesto suba al 15%– no pagará el impuesto especial en ningún caso. Y además, como Ganancias es un impuesto de aplicación retroactiva sobre el año fiscal en curso, no habría mayores problemas si incluso el proyecto se aprobara luego de terminado el blanqueo, en marzo.

 

Pero lo que sí preocupa al mercado es la gran lentitud que viene mostrando la Comisión Nacional de Valores (CNV) para aprobar los fondos comunes del blanqueo: de los alrededor de 35 que se presentaron, solamente fueron autorizados dos. Los que tuvieron suerte hasta ahora fueron un fondo de Allaria Ledesma para vivienda (CasasArg) y otro de SBS y Pampa Energía para energía sustentable, pero el mercado teme que la CNV no llegue a aprobar a la mayoría de los que todavía quedan.

 

Mercado sin despegar

 

Pero además del blanqueo, otra consecuencia de la demora en la aprobación de la ley que lamentan los operadores es que se siga retrasando el esperado crecimiento del mercado de capitales. De hecho, el propio proyecto explica que uno de los objetivos de la reforma es darle mayor volumen a un mercado muy chico: a diciembre la capitalización de acciones representaba apenas el 9% del PIB, frente al 24% de Perú, 26% de Brasil, 29% de Colombia, 31% de México y 79% de Chile. En base a estos números, la propia iniciativa indica que el mercado local “está muy por debajo de los otros países y es uno de los más ilíquidos, siendo (…) por lejos el más pequeño de la muestra”.

 

Para darle entonces más volumen al mercado, uno de los puntos principales de la reforma era autorizar a la banca privada internacional a volver a operar en Argentina desde el exterior, algo que desde 2010 no puede hacer si no tiene sede local. Así, este sería el regreso formal del “private banking” al país: es decir, las inversiones financieras que hacen determinados bancos con ahorros de sus clientes, según su perfil de riesgo.

 

Otra de las medidas para aumentar el volumen del mercado era facilitar la emisión de las pymes reduciendo o eximiendo las tasas y aranceles de fiscalización, control y autorización que cobra la CNV por estas operaciones. Y se les permitía además a las pymes cobrar las facturas emitidas recibiendo instrumentos de hasta 20 días (cheques de pago diferido, pagarés y otros títulos negociables) para colocarlos en los mercados.

 

Por otra parte, como ya se mencionó, se intentaba darle más impulso a los FCI, que según el proyecto hoy tienen un patrimonio de sólo 2,4% del PIB, contra 7,8% en México, 14% en Chile, 19,3% en España y 35,2% en Brasil. Para muchos operadores, la ley era una muy buena oportunidad para que los FCI se consolidaran como los motores del blanqueo: aseguran sólo así quienes tienen la plata afuera la traerán de nuevo, ya que sino sólo pagarán el impuesto pero no repatriarán los fondos. Y otros analistas, como Jackie Maubré, directora de Cohen, van aún más allá y sostienen que la ley permitirá que los fondos comunes “se instalen como una nueva alternativa de inversión, más allá del blanqueo”. Los tiempos por ahora los maneja el Congreso.

 

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