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“Hay que bajar la base de entrada a los FCI del blanqueo”

 

Entrevista a Francisco Pertierra Cánepa Director ejecutivo de la Asociación de Fideicomisos y FID

 

El blanqueo impulsó como estrellas de inversión a los fondos comunes de inversión (FCI), pero dejó a los fideicomisos como los grandes relegados. En una entrevista con El Economista, Francisco Pertierra Cánepa, director ejecutivo de la Asociación Argentina de Fideicomisos y FID (AAFYFID), habló sobre algunas cuestiones de los FCI en el marco del blanqueo y el panorama actual de los fideicomisos.

 

Los fideicomisos fueron los grandes relegados del blanqueo, ¿no?

Sí, pero es una cuestión que aún es subsanable, corregible. La pregunta es por qué se va a fomentar una sola herramienta del mercado de capitales (los FCI) cuando hay muchas otras a disposición, sobre todo si en verdad se quiere llegar a la economía real. No hay ningún FCI que se haya aplicado con éxito a la economía real, son una inversión indirecta y el inversor no invierte en lo que imagina. Por ejemplo, en un FCI de ganadería, el instrumento no invierte directamente sobre el proyecto ganadero sino sobre el resultado de las empresas que están en ese proyecto.

 

¿Hay cuestiones para corregir con los FCI en el blanqueo?

Hay una serie de cuestiones poco claras que habría que definir. Por ejemplo, en un FCI inmobiliario la CNV pide tres proyectos como mínimo, pero dentro de esos proyectos puede haber un barrio cerrado, un club de campo, viviendas unifamiliares, condominios, áreas deportivas, etc. Entonces, ¿ahí tenés 4 o 5 proyectos dentro de uno o es uno solo?… Hay definiciones técnicas que no están claras.

 

¿Y con las cuestiones más financieras?

Otra cuestión importante es que la CNV puso un piso de US$ 250.000 millones para entrar a cualquier FCI, lo que deja afuera a la gran mayoría de los inversores . ¿Qué hace entonces por ejemplo el que quiere blanquear US$ 100.000 y comprarse un departamento?… Para que esto se desarrolle no se debe poner una base de entrada de US$ 250.000 sino de US$ 50.000, ya que está lleno de proyectos por US$ 5 millones que podrían hacer se con 100 inversores que aporten US$ 50.000.

 

Usted habló también de una “duplicación de costos”…

Sí, ocurre que muchos FCI del blanqueo apuntan a proyectos de la economía real que ya están montados en la estructura de un fideicomiso, con lo cual el inversor tendrá los costos del fondo común más los del fideicomiso. Y tampoco están claros algunos aspectos legales: por ejemplo, si ocurre un conflicto laboral, ¿el problema lo tiene el fideicomiso (el proyecto inmobiliario en cuestión) o el FCI?…

 

¿Y qué perspectivas le ve entonces a los FCI del blanqueo?

No creo que vayan a servir al objetivo de desarrollar las economías regionales. En el Interior ya costaba aceptar al fideicomiso –que no se desarrolló con la misma velocidad que en Capital y el GBA–y ahora les dan un instrumento que les es mucho más ajeno. No estoy en contra de los FCI, pero digo que deberían impulsarse además otras herramientas.

 

¿Cómo estuvo la emisión de fideicomisos este año?

Las emisiones va a terminar 2016 en entre $ 12.000 y $ 13.000 millones, lo que representará un crecimiento de sólo el 3%. Este año cayó el volumen de emisiones y eso se ve reflejado en el monto de las emisiones, que son un poco más chicas. Pero hay que considerar también que no se emitieron los fideicomisos de infraestructura de los últimos años, que generaron mucho movimiento. Fuera del largo plazo, se mantuvo similar lo que tiene que ver con préstamos de consumo y de corto plazo, que son las famosas emisiones de Garbarino, Fábrega, etc.

 

¿Las emisiones fueron entonces predominantemente de corto plazo?

Las emisiones que fueron por oferta pública continuaron siendo dominadas por los préstamos de consumo, que son los más caros por ser de corto plazo. Todo lo que tiene que ver con certificados de participación, que es donde se fomentan los proyectos a largo plazo, ya no ocurre. El comportamiento es entonces hoy similar al que viene ocurriendo desde 2003: las emisiones son predominantemente de consumo, con preponderancia notable de títulos valores de corto plazo.

 

 

 

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