El futuro de Alfonso

Prat-Gay

 

por Juan Radonjic

 

Alfonso Prat-Gay seguramente ya estará pensando en sus próximos pasos en el escenario político. Se fue del Gobierno pudiendo mostrar algunos logros y se llevó con él la bandera de un gradualismo que evitó costos sociales. No se va como un ministro cuestionado como muchos de sus antecesores, pero tampoco con un capital político propio como el que tenían Domingo Cavallo cuando fue despedido por Carlos Menem y Roberto Lavagna, al ser echado por Néstor Kirchner.

 

Lavagna obtuvo más votos porque su política económica había beneficiado a más gente y porque hizo un acuerdo con la UCR mientras que Cavallo optó por armar su propio partido.

 

Prat-Gay está en algún punto intermedio. Hasta ahora le fue mejor como funcionario que como candidato y dirigente político. Tuvo un buen desempeño como presidente del BCRA y recientemente como ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, aunque en este caso le sobró inflación y le faltó crecimiento como para solidificar más su imagen.

 

En el terreno político, tuvo resultados mixtos en las campañas en las que participó. Tuvo un pasó discreto por la Cámara de Diputados, como suele ocurrir con los legisladores de la oposición en épocas en las cuales el oficialismo cuenta con mayorías absolutas.

 

Pero Prat-Gay es, por formación y experiencia, tanto en el sector público como en el privado, un activo para el sistema político argentino. Y no habría que desaprovecharlo. A su vez, tendrá que decidir si espera una nueva oportunidad en el Gobierno o –lo más probable- vuelve a la competencia electoral.

 

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