¿El fin de los abogados tal como los conocemos?

 

por Ariel Neuman (*)

 

Casi como con la revolución copernicana, que corrió el centro del universo llevándolo de la Tierra al Sol, los abogados empiezan a prepararse para dejar de ser eje de la abogacía y cederle su lugar a la inteligencia artificial y a las nuevas tecnologías.

 

Así se desprende de las conclusiones del IV Encuentro de Abogados, en el que referentes del mercado jurídico, socios de grandes firmas y responsables de legales de empresas de primera línea analizaron el futuro de la profesión legal.

 

Organizado por Artículo Uno, consultora especializada en el mercado jurídico, el encuentro se cerró con una entrevista abierta con uno de los responsables de Watson, la plataforma de inteligencia artificial de IBM, que editará su versión legal en español en los próximos meses.

 

En un universo en el que todavía se cosen a hilo y aguja los expedientes en tribunales y en el que son muchos los abogados que escapan a las nuevas tecnologías, la importancia de digitalizar el trabajo y analizar la cadena de valor de la industria legal para automatizar aquellas acciones que no generan valor fue uno de los grandes puntos en discusión.

 

La idea es que, en un futuro, las decisiones sobre cursos de acresueltas ción legal, estrategia en juicio o de asesoramiento no se tomarán como hoy, en base a la intuición, sino en función del análisis de grandes volúmenes de datos (inmensos, para ser más precisos), esto es, información.

 

El cambio que ya llegó, sin embargo, no es solo de base tecnológica. En un mercado cada vez más concurrido, con una competencia de servicios jurídicos cada vez más compleja y una demanda más conocedora y selectiva, las tendencias marcan la necesidad de reconvertir a los letrados en hacedores de negocios, más aún en un contexto como el que se avecina, en el que las cuestiones técnicolegales serán resueltas en un gran volumen por las nuevas tecnologías.

 

Existe, por otra parte, preocupación por el capital humano. “Los nuevos talentos quieren fundar su propia startup, y no trabajar en estudios jurídicos”, coincidieron los expositores, quienes señalan ya no solo el desafío que les plantean las generaciones Y y Z, sino también su impacto en los abogados de más seniority, pertenecientes a la generación X.

 

A eso, además, se suman los “nuevos roles sociales de las empresas”, y la importancia de que las firmas legales aporten a la comunidad a través de políticas y prácticas de sustentabilidad.

 

También el tema diversidad, en una profesión que encuentra en sus capas inferiores (estudiantes y jóvenes profesionales) mayoría de mujeres, pero que invierte la relación en las altas esferas (socios de estudios, Poder Judicial, etcétera) ocupa la atención de muchos profesionales, que lo visualizan, a esta altura, como una necesidad estratégica de cara al nuevo rol que asumen los clientes, identificados como impulsores principales de los cambios que vienen.

 

En beta continuo, probando y modificando estrategias, políticas, ideas y especialidades, parece estar moviéndose la profesión legal. ¿Desaparecerán los abogados y la abogacía? Para alegría de muchos reidores de chistes sobre el sector (hay cientos de miles de ellos, de los cuales muy pocos son halagüeños), la coincidencia es que no hay chance de que eso suceda. Lo que sí: la profesión del futuro será muy distinta a la que se conoce hoy. Para ampliar las miradas de lo que pasa en la industria legal y lo que sucederá en el futuro cercano, puede ver las presentaciones del IV Encuentro de Abogados en www.encuentrodeabogados. com.ar

 

(*) Artículo Uno

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