Viajando a Australia vía China

El desarrollo de la sociedad exige transformar la ventaja natural en la dinamización del aparato productivo para lograr la etapa dominante de las exportaciones industriales. Eso ha caracterizado los saltos hacia el desarrollo económico. ¿Hacia allí vamos?

 

por Carlos Leyba

 

China recibió a Mauricio con la cara de Franco Macri en el lugar que correspondía poner la del Presidente de los argentinos. Inexplicable. Mal comienzo para una reunión entre pares. Siendo Franco uno de los principales promotores y comisionistas de los negocios con China no era del todo inesperado un tributo de esa magnitud al inspirador principal.

 

Franco Macri ha cumplido el papel de puente en la continuidad en las gestiones prochinas de Axel Kicillof y Julio de Vido y las de Alfonso Prat-Gay y Francisco Cabrera. El une, en lo estructural, a las dos gestiones.

 

Visiones y filosofías

 

Por su visión de la economía, Mauricio es coherente al sufragar los acuerdos realizados por Cristina que procuran la especialización primaria de la Argentina y la contrapartida de China como proveedora de recursos financieros, productos industriales y obras de infraestructura locales.

 

La filosofía PRO es consolidar el intercambio de naturaleza nativa por trabajo extranjero todavía mal pago. Han dicho, una y otra vez, que el gran motor argentino será el campo más la minería y los recursos energéticos. Ahora le han agregado que el complemento será China.

 

En Mauricio no es sorprendente. Es cierto que es contradictorio con las críticas que realizaron a Cristina cuando formalizó esos acuerdos.

 

Lo sorprendente es que CFK haya firmado, y el Congreso kirchnerista homologado, esos acuerdos cuya nota, esencial y descriptiva, es que trajeron hasta los durmientes de las obras ferroviarias 100% llave en mano. Los K, a pesar del discurso nacional y popular, no tuvieron empacho por unos dólares, que abastecieron las reservas del BCRA, en suscribir acuerdos de antología de la dependencia.

 

Así las cosas, los M acaban de sellar la continuidad estratégica. Para el PRO estos acuerdos son pasos en dirección al destino australiano al que aspira el Gobierno.

 

Los problemas

 

En estos días, la UCA nos recuerda el estado social calamitoso, con números escandalosos de pobreza infantil y de drama alimentario entre los niños, realidad heredada del kirchnerismo que, sin lugar a dudas, malversó los inmensos recursos de los que dispuso y dejó una herencia económica y social espantosa.

 

Detrás de esa herencia no sólo hay un modo de hacer incalificable sino un modo de pensar cuyos resultados son estos. La ausencia de una estrategia de desarrollo, que de eso se trata la experiencia K, culmina en la pobreza producida por un modelo que da trabajo formal para sólo la mitad de los argentinos en edad de hacerlo.

 

Cumplidos los nueve meses de gestación, Macri no ha alumbrado otra cosa que el mismo enfoque estratégico (China) y ahora hasta la mimesis ferroviaria de Florencio Randazzo (comprar afuera e invertir en el transporte urbano). Las prioridades de desarrollo productivo, por ahora, ausentes. Veamos.

 

El discurso

 

Macri, en un reportaje radial (en Radio Mitre, el lunes pasado) dijo, respecto de la opinión predominante en China y en el G20, que “hay mucho interés en la capacidad de exportar alimentos”. No es una noticia. La verdadera noticia hubiera sido, por ejemplo, “hay mucho interés por nuestra capacidad de exportar tecnología nuclear”. Las dos capacidades las tenemos. Pero, junto con CFK, Mauricio nos legará dos centrales nucleares de origen chino a cambio de alimentos. Más bien materia prima. El comercio con China se basa en los granos de soja porque en los últimos años aumenta vertiginosamente la capacidad instalada en la plataforma productiva china de procesamiento de esos granos.

 

La afirmación presidencial confirma nuestro destino de la naturaleza: tenemos una dotación de factores que marca tendencia a la primarización. Es cierto que es una oportunidad en la medida en que apalanque el desarrollo, lo que no puede ocurrir sin una estrategia que marque otro rumbo.

 

Por otro lado…

 

El desarrollo de la sociedad exige transformar la ventaja natural en la dinamización del aparato productivo para lograr la etapa dominante de las exportaciones industriales. Las exportaciones industriales han sido las que han caracterizado los saltos de desarrollo económico y distribución del ingreso, en las más recientes experiencias nacionales exitosas. Carlos Pellegrini, hace cien años, lo sintetizó afirmando que “sin industria no hay Nación”. Nuestra ausencia de desarrollo industrial está asociada a nuestra debilidad de desarrollo como Nación.

 

La renuncia a las políticas para la integración industrial nacional responde al embeleco del “déme dos” importado consumista de J. A. Martínez de Hoz, D. F. Cavallo y Kicillof. Puede servir para ganar elecciones. Pero extravía el proyecto de Nación.

 

Ejemplo. Macri pronunció esta frase de antología del pensamiento antiindustrial: “No podemos condenar a los argentinos a que cada cosa que tenga que comprar valga mucho mas que en el resto del mundo. Hay que cuidar también a los consumidores argentinos”.

 

Al tiempo que anuncia ese futuro importador, en el corto plazo de manera coherente, ejecuta el retraso del tipo de cambio (Martínez de Hoz, Cavallo y Kicillof) como herramienta antiinflacionaria.

 

Hace cuarenta años se la viene utilizando con la consecuencia de producir destrucción del capital industrial y mantener el promedio de la inflación. Lo grave es que está ideología de adelgazar con anfetamina destructora del cerebro se ha naturalizado como algo inevitable y además bueno.

 

Macri cree que ensaya un cambio cultural y en rigor está formateado por la misma cultura dominante de estos cuarenta años.

 

El cambio pasa por la creación de oportunidades de inversión que nos saquen del páramo del 17% del PIB y nos lleven al 30%, pero no a base de cemento. Inversiones productivas. Ese es el eje del empleo estable, la productividad y el cambio de categoría de país. Lo fuimos. Parte de esta cultura dominante es negarlo.

 

El Presidente declaró: “Aquí todo el mundo apuesta al libre comercio para generar trabajo”. Increíble. El País de Madrid tituló: “El G20 admite que la desigualdad social lastra el apoyo al libre comercio”.

 

Libre comercio. Estados Unidos acaba de poner un arancel del 40% a ciertas importaciones a pedido de las organizaciones laborales.

 

La filosofía de “cuidar a los consumidores” o “comprar barato” sólo debería ser pronunciada en el contexto de una “economía de productores” caracterizada, al menos, por el esfuerzo por el pleno empleo y no por la desidia del 10% de desocupación franca y 35% de trabajo en negro que es el cuadro laboral de Argentina.

 

Nada de eso es responsabilidad del PRO como tampoco lo son los niveles de pobreza. Hay que remontarse a Carlos Menem y Cavallo para identificar el origen y repasar los números y acciones de los K para entender su consolidación. Pero es lo heredado. Claro que el rumbo en el que vamos y en el que se declara aspirar a ir, sólo puede acrecentar desempleo y pobreza. Como lo demuestran los incrementos de los últimos meses, aunque la tasa de inflación se desacelere al ritmo del consumo que se desploma.

 

Pandas y canguros

 

En el “entusiasmo chino” de las dos administraciones, la de CFK y la de MM, fundado en el “crédito fácil” del Imperio del Sol Naciente, que oculta las “condicionalidades” que gestan dependencia, navega ahora con el rumbo del modelo australiano que sostienen los autores del plan productivo para el largo plazo.

 

En la Australia de hoy la gran polémica es la dependencia china, que es de tal intensidad que su desaceleración reciente es la consecuencia de la desaceleración China. Lo que en buen romance llamamos “dependencia”, falta de autonomía o consecuencia inevitable de las economías de especialización primaria.

 

Australia es hoy un país extremadamente dependiente de su fabulosa riqueza mineral. Esa abundancia, unida a las reformas de sistema, ha terminado con una gran parte de la industria manufacturera y ha generado, en los últimos años, desempleo y una creciente proporción de trabajo de baja calificación y bajos salarios. ¿Le suena conocido?

 

Australia es hoy también un ejemplo del dilema entre la capacidad de sostener un Estado de Bienestar avanzado y la inclinación a los modelos de dependencia y especialización primaria. Hoy, la industria en Australia representa la mitad de lo que representa la industria argentina en nuestro PIB. Y casi la mitad del producto industrial australiano se genera en los sectores vegetativos. Y ese retraso de desarrollo, en el sentido amplio del término, se refleja en la estructura del comercio internacional en la que el sector superavitario es el primario y el comercio exterior industrial es negativo. ¿Ese patrón queremos imitar?

 

Más allá del nivel de ingreso por habitante, las condiciones sociales predominantes y la consolidación institucional de un país como Australia, niveles que lo hacen envidiable para países como el nuestro, lo que importa como modelo ejemplar, si es que lo hubiera, no es la fotografía de dónde están (que también es discutible) sino la viabilidad y conveniencia del proceso. No parece lógico apostar a la desindustrialización y a la lógica de las materias primas.

 

La vía australiana, tal como la elaboran los estrategas del PRO y tal como surge del entusiasmo chino de la familia Macri, es menos industria, más especialización y más dependencia China.

 

Recapitulando…

 

En síntesis, la visita a China, el contacto con los miembros del G20, de las palabras presidenciales y del modelo que están elaborando los hombres del PRO, sugiere pasos en dirección a la continuidad del “acuerdo estratégico con China” que firmó CFK a lo que se le suma la modelización australiana.

 

No hay en todo esto proyecto propio, proyecto del interés nacional ni vocación industrial. Hay una vocación extraordinaria por sumarse a un proyecto ajeno (el lógico y previsible de China) y procurar una función productiva de abastecimiento de recursos con infraestructura desarrollada, para eso, con ayuda de China. Cualquier parecido invocado con el Pacto Roca-Ruciman es una falta de respeto…para el Pacto Roca- Ruciman.

 

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One Comment

  • Juan Sagredo dice:

    No le encuentro ningún contrasentido a la frase de Macri:
    “No podemos condenar a los argentinos a que cada cosa que tenga que comprar valga mucho mas que en el resto del mundo. Hay que cuidar también a los consumidores argentinos”.
    ¿Se contradice con las críticas que realizaron a Cristina cuando formalizó esos acuerdos con china?
    No es de sorprenderse pues Macri es un veleta.

    Las críticas a Cristina Fernández no las comparto para nada por “pobreza infantil y drama alimentario” que son lo que actualmente instauró Macri con su desastre de gobierno.

    Los gobiernos de los Kirchner multiplicaron por tres y cuatro la riqueza de Argentina y eso significa que aumentaron en un 300% a 350% el PIB per cápita de la población. ¡No cuenten mentiras!. No malversó los recursos generados sino que entre duplicó y triplicó a la clase media por lo que aquello de que “dejó una herencia económica y social espantosa” es una calumnia sin base estadística. Los argentinos tendrían que ser demasiado estúpidos si no leen su historia económica y se creen estos infundios.

    Con respecto al trabajo apareció en el diario digital el destapeweb un cuadro que muestra el número de cesantes año por año donde el sátrapa de Macri bate todos los records del presente milenio.

    COmparto aquello de “que el rumbo en el que vamos y en el que se declara aspirar a ir, sólo puede acrecentar desempleo y pobreza. Como lo demuestran los incrementos de los últimos meses, aunque la tasa de inflación se desacelere al ritmo del consumo que se desploma”

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