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Los datos sugieren que el PIB estaría tocando un piso

 

El invierno económico se sintió con fuerza en la primera mitad del año. De acuerdo al Indec, el PIB se contrajo 3,4% anual en el segundo trimestre, acumulando un retroceso de 1,7% en el año. Peor aún, la variación desestacionalizada arrojó la tercera caída en fila, confirmando el cuadro recesivo.

 

La caída del consumo privado, el menor impulso fiscal y la demora en la inversión privada marcaron la cancha del primer semestre. Llegando casi al final del tercer trimestre, los indicadores de actividad siguen sin ser favorables, aunque existen indicios de una desaceleración de la caída y perspectivas de recuperación hacia fin de año.

 

El segundo semestre no arrancó de la mejor forma. Las estimaciones alternativas de actividad reflejan que la mayoría de los sectores productivos no mostraron una performance alentadora. Entre los más afectados se destaca la construcción, condicionado por la demora de la obra pública y la inversión privada y una base de comparación relativamente elevada dado el factor electoral que caracterizó al 2015. También se registraron problemas con el agro (ganadería), la industria y el comercio. Respecto a esta última actividad, el Indec registró en julio una caída real de las ventas tanto en supermercados como en shoppings a pesar de los descuentos y promociones.

 

¿Cómo sigue? Sin embargo, los primeros datos de agosto sugieren que la actividad estaría tocando un piso. De acuerdo a la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas cayeron 6,7% anual en agosto, promediando un retroceso de 6,6% desde enero pasado. Si bien esta fue la octava caída consecutiva en el año, la magnitud de la baja se ha ido suavizando en los últimos tres meses. A su vez, los datos del mercado automotriz se muestran más promisorios. Los patentamientos de unidades 0 km aumentaron 24% anual el mes pasado, confirmando un crecimiento de 8,7% en 2016. Las promociones y facilidades de pago permitieron sostener cierto dinamismo en este mercado. Por su parte, el segmento de vehículos usados sigue en baja pero la magnitud de la caída fue sustancialmente menor en agosto que en los meses anteriores.

 

Estadísticas ligadas a la inversión están en la misma sintonía. Los despachos de cemento con destino al consumo interno crecieron por primera vez en el año, mejorando las perspectivas para los próximos meses. La reactivación de la obra pública y la inversión privada impacta directamente sobre la economía. En rigor, el sector emplea el 7,5% de los trabajadores sólo considerando el sector privado registrado e impulsa la actividad sobre sectores conexos.

 

Paso a paso

 

La reactivación se confirmaría a medida que transcurran los meses. El nivel de actividad se recuperaría gracias a la reversión de los mismos factores que causaron la recesión. Por un lado, la desaceleración inflacionaria permitiría una parcial recuperación de los ingresos. De hecho, más allá del efecto tarifas, los datos de agosto fueron favorables en este aspecto y los de septiembre no son muy diferentes (aunque sería esperable algún rebote), mientras que los últimos sondeos de la UTDT ubican las expectativas de inflación en torno al 20% anual, su nivel más bajo desde principios de 2010. A ello debe agregarse un mayor dinamismo del crédito (que, en efecto, ya comienza a observarse) y mejores perspectivas a futuro.

 

En concreto, de acuerdo al último relevamiento realizado por M&F Consultora el índice de optimismo económico alcanzó esta semana niveles similares a los de mayo, impulsado por la situación económica a futuro.

 

Para 2017 el escenario se muestra más alentador. Habiendo tomado las medidas más costosas en términos de actividad y superado lo peor de la recesión, el Gobierno posiblemente inicie el año próximo con una economía en reactivación y con perspectivas favorables, al menos a corto plazo. La relativa estabilidad del tipo de cambio (no se prevé una gran devaluación sino una depreciación suave), una inflación más baja y gradualidad en la corrección tarifaria, aseguran una recomposición de los ingresos y, por ende, una reactivación del consumo interno. A esto debería sumarse el gasto público típico de un año electoral, la maduración de las primeras inversiones y la mejoría económica de Brasil.

 

De allí que las estimaciones oficiales refieren a un crecimiento en torno al 3,5%, en sintonía con el consenso entre analistas. Estará en manos del Gobierno capitalizar esa expansión políticamente y ampliar el margen de maniobra como para poder consolidar una agenda de reformas con horizonte de largo plazo y transformar lo que será un rebote económico en un proceso de crecimiento.

 

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