La inconsistencia del Presupuesto

 

En el Presupuesto que presentó el Gobierno y que se discute en el Congreso se detallan los pronósticos de ingreso tributario, gasto y endeudamiento del sector público, como así también la visión oficial sobre los rasgos básicos de la macroeconomía en los años que siguen.

 

Al mirar los números allí presentes, surgen tres reflexiones.

 

La primera, que más allá del contenido –que comentaré más adelante en lo referido al año próximo– hay que decir que se trata de una sensible mejora en materia de acceso a la información pública. Por varios años (no sólo los últimos) nos acostumbramos a mirar al Presupuesto como un texto de ficción. Hoy podemos empezar a mirarlo de otra manera. Y eso es muy importante: estimula la participación de las diferentes voces en la arena política en la orientación de las políticas públicas y provee herramientas para la planificación tanto del sector público como del sector privado. Seguramente, si se avanza en materia institucional, por ejemplo, creando una Oficina de Presupuesto, estas mejoras se pueden llegar a transformar en los primeros pasos de un sistema presupuestario útil.

 

La segunda, podemos ver allí la idea del Gobierno sobre adónde irá la macroeconomía en el corto y mediano plazos. Al respecto, lo que resalta es la constatación de que la corrección de precios relativos que la economía necesita quedó para más adelante. En ese sentido, las cuentas fiscales y externas seguirán el sendero que venían transitando durante los gobiernos anteriores. Para ponerlo simple: si el peso de los subsidios económicos en el gasto público sigue siendo alto y el tipo de cambio real sigue en zona de baja competitividad emerge un status quo en materia de desequilibrios macroeconómicos. El cambio que sí ocurrió es la apertura de la cuenta de capital (la cuenta corriente todavía sigue en parte reprimida por proteccionismo y controles), lo cual comienza a revertir unos de los grandes errores de la última administración kirchnerista: el cepo.

 

¿Es tan malo posponer la corrección de la macro? Si se trata de hacer más gradual el camino, el endeudamiento puede servir como puente para hacerlo. Pero entonces se necesita diseñar una política inteligente para administrar los riesgos en la cuenta de capital. Ortodoxos y heterodoxos opinan igual: sería raro encontrar a alguien que diga que la plena apertura de la cuenta de capital es la solución a los desafíos de la integración financiera (como así también sería raro encontrar a alguien que diga lo mismo del cepo). Tenemos que evitar ir a los extremos y tener la habilidad de construir una política financiera externa responsable y madura.

 

La foto del Mercado Unico y Libre de Cambios (MULC) de agosto da una pauta que estamos avanzando en ese terreno: el gasto neto en turismo y viajes llegó a los US$ 550 millones y la formación de activos del sector privado no financiero a unos US$ 1.500 millones. La suma de ambos items consume el 90% de las liquidaciones netas del sector de cereales y oleaginosas. Además, el perfil de endeudamiento externo contiene riesgos que deben ser tomados en cuenta: se trata de obligaciones en moneda extranjera, a tasas relativamente altas, y parte de ellas ni siquiera cuenta con un marco regulatorio apropiado (como la deuda de las provincias).

 

Así, el Gobierno presupone para 2017 una economía con desequilibrios macroeconómicos irresueltos y un aumento en los riesgos del lado de las finanzas. ¿Es posible en ese contexto crecer 3,5% y tener una inflación de 17%? Claro que sí: de la mano de la construcción y otros no transables, con el tipo de cambio y las tarifas como ancla para los precios. No será un modelo guiado por la acumulación de capital (a menos que se cuente ahí la construcción), pero sí uno de posibilidad de crecimiento de corto plazo.

 

Todo esto apunta a la tercera reflexión: hay un problema de inconsistencia intertemporal en el Presupuesto que trasciende el año próximo. Por eso creo que, si el Gobierno logra cumplir con la “ley de leyes”, es porque no cumplirá con el Presupuesto para 2018 y 2019. En el caso de la inflación, por ejemplo, de cumplirse con el 17% de meta de inflación en 2017 se estará trasladando aceleración inflacionaria hacia los años siguientes. Algo parecido con el crecimiento: la corrección de precios relativos, cuando ocurra, afectará al nivel de actividad, desviando a la economía del sendero propuesto por el Gobierno.

 

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