“La cuestión del empleo va a ser el gran tema del 2017”

Entrevista a Javier Madanes Quintanilla, Presidente de Aluar y Fate.

 

Javier Madanes Quintanilla sabe mucho y habla poco. Por lo tanto, dialogar con él siempre es un gran insumo para entender lo que está pasando en el país. En diálogo con El Economista, el industrial analiza el mini-Davos, las perspectivas de inversión de los empresarios locales, la situación de la economía, la cuestión de los costos en dólares, el plan productivo que tiene el Gobierno en mente y señala en qué aspecto ha cambiado más el país desde el 10 de diciembre. “Me gustaría creer que Argentina cambió en cuanto a la impunidad”, señala.

 

Quizás para el empresario local, que está más consustanciado con la situación local y tiene más llegada a los funcionarios de su área, el foro que se desarrolla en el CCK no aporta demasiado, pero debe ser un gran insumo para los extranjeros que no están muy al tanto de los pormenores del vaivén local. ¿Qué utilidad le encuentra al foro?

Es un evento bien organizado y, como bien señalás, parece más apuntada a la gente del extranjero, como los fondos de inversión o alguna empresa en particular que aún no haya estudiado a fondo el mercado argentino. Desde ese punto de vista, el foro estuvo bien planteado y es equivalente a otro tipo de eventos a los que uno puede asistir en el mundo en los que se hace una presentación de una oportunidad de diversificación de riesgos. Está hecho profesionalmente y, como decía, orientado hacia el extranjero con interés por diversificar el riesgo y está pensando en apostar por Argentina para lograrlo. Lo que me resulta más cuestionable del evento, y esto es una percepción, es que está bastante orientado a las actividades que implican ganancias de capital. Es decir, aquellos negocios que se pueden presentar en Argentina y cuyo interés se orienta a obtener una ganancia de capital, y bastante menos a aquellas actividades en las que se percibe una renta operacional del negocio. Es una diferenciación un poco moderna y a los más grandes nos cuesta alejarnos del concepto de que las actividades generan valor fundamentalmente a través de la renta operacional de los negocios y que la ganancia de capital es un agregado, que puede darse o no, pero no es la estrategia inicial ni por donde arranca la estrategia de cualquier inversión. El foro apunta a que los sectores que admiten las apuestas para generar ganancias de capital tengan en Argentina un polo de atracción.

 

El discurso oficial suele deslizar algunas críticas hacia la actitud de los hombres de negocios locales. Alfonso Prat-Gay pidió que se apuren porque si no los extranjeros iban a tomar su lugar y Rogelio Frigerio mencionó que algunos son remolones a la hora de invertir. Asimismo, las cifras muestran que tiene más dinamismo la famosa Inversión Extranjera Directa (IED) que la inversión de capitales locales. ¿Está más entusiasmado y tiene más expectativas el empresario extranjero que el local?

Es como el matrimonio: está el que lo mira desde afuera y el que lo vive desde adentro. Cuando estás inmerso en un proceso de cambio y ya tenés tu propia apuesta realizada, esperas que se reordenen los temas que te generan los problemas inmediatos. Si tenés capacidad ociosa por una baja de mercado y tenés un problema de competitividad en parte de tu negocio, la reacción natural, más que mirar las oportunidades de inversión, es tratar de corregir aquellas cosas que hoy te hacen estar desalineado con los tiempos que vienen. Ese fenómeno es el que se está dando. El cóctel de los últimos ocho o nueve meses fue una caída en muchos segmentos del nivel de actividad, un problema con algunos mercados que para vos han sido fundamentales como Brasil y un incremento en varios sectores de la proporción de importaciones de lo que es el mercado. La suma de todo esto genera que muchos quieran, primero, reordenarse internamente antes de buscar apuestas nuevas. Para el que viene de afuera, y mira el país para diversificar sus riesgos y tiene negocios en distintas partes del mundo, va más allá de la coyuntura. El que está metido en el baile, la coyuntura pesa relativamente mucho más.

 

El país, dijo el Presidente cuando inauguró el evento, estaba cerca de una crisis en diciembre pasado. Desde entonces se alejó de esa cornisa y pronto dejaremos atrás la recesión y la inflación empezará a ceder. ¿Comparte esa visión y qué le preocupa de la macroeconomía hoy?

Hay distintos sectores y cada uno tiene una realidad un poco diferente. El sector más golpeado ha sido el de los transables. Fue por una suma de factores: errores del pasado Gobierno, errores en la gestión privada en el manejo de los negocios y varios motivos más. El sector de los transables está pasando un momento complicado y se hace difícil ver la luz al final del túnel. Hay problemas de competitividad y productividad, que a veces son lo mismo pero no siempre. Los factores de producción son caros en términos internacionales. Si las diferencias en los precios relativos de los costos se van a mantener a lo largo del tiempo, el futuro pone un poco de sombra y preocupación. Hay actividades que no resisten tener costos laborales que dupliquen, o más, los costos de aquellos países con los que Argentina tiene una relación comercial fuerte, como Brasil, México o el propio EE.UU. Y sobre todo cuando venimos arrastrando otros problemas de productividad como el ausentismo o las sobrecargas impositivas, y no sólo nacionales, sino también provinciales y municipales. Todo eso junto genera un cóctel complicado. En la medida en que el mercado se cayó, se ha tornado más complicado. Antes, el volumen tapaba estos asuntos.

 

Mencionaba que los costos son altos y ese fue uno de los temas del foro. Es un infaltable. El Gobierno dijo iba a bajar esos costos de producción, pero sin sacrificar el salario real. ¿Se puede?

Se pueden hacer muchas cosas, pero lo que no debería hacerse es pensar que son todas variables independientes. Están todas interrelacionadas. No ve muy fácil mantener salarios en dólares tan elevados como los que tiene Argentina sin que esto guarde relación con el grado de apertura de la economía. Tienen relación, y eso también se vincula con la capacidad de exportación de los bienes transables. No son cuestiones independientes. El Estado es el que direcciona la apuesta y después son los privados los que tienen que ver si pueden o no correr esa carrera. Está todo muy relacionado y es de buena gente defender el salario de la gente y, sobre todo, el poder adquisitivo. El punto es cómo puedo jugar con todas las variables simultáneamente. Ahí está el problema hoy. Se nos va a hacer difícil mantener el poder adquisitivo sin estar tocando otros problemas. Un caso simple es el del sinceramiento tarifario. Cuando uno toca ese tema, inexorablemente una parte del poder adquisitivo del asalariado va hacia las tarifas y va a tener menos poder para consumir otros bienes. El Gobierno tiene que reordenar eso y veremos dónde queda parado el sector de los transables en esa carrera. No creo que sea una decisión dogmática decir ‘yo mantengo los salarios altos y el resto se las tiene que arreglar y hacer que el país crezca’.

 

¿Qué plan productivo tiene el Gobierno en mente y cuáles son los sectores a los que direcciona sus políticas?

Los críticos dicen que tiene un sesgo excesivo hacia lo primario. Hay una cierta línea que apunta a un crecimiento de sectores de servicios, que pueden llegar a ser oferentes de servicios a nivel internacional. Hay mucha gente convencida de que, en función de la capacidad académica de nuestra gente, se puede generar un nivel de empleo alto con un nivel de inversión relativamente bajo. Sirve, y mucho, pero no veo que todos los problemas se vayan a resolver por ahí. Después están todos los sectores a los cuales hay que redireccionar la inversión porque hubo un retraso en el pasado y allí sobresale el sector energético. El Gobierno tiene una buena oportunidad de incentivar la inversión y convocar a jugadores extranjeros. Hay un cierto temor con respecto a las actividades intensivas en capital porque la relación entre el empleo y esas actividades intensivas en capital no es demasiado alta, y hay temor a una caída en el empleo. Para cualquier partido, y más para uno que no forma parte del histórico bipartidismo argentino, es un tema sensible, y creo que va a ser el más sensible de 2017.

 

El Gobierno, forzado un poco a exagerar y vender, en el buen sentido, el país, dice que hay “una nueva Argentina”, que hay consensos transversales sólidos y que no se volverán a repetir los errores del pasado. ¿Cuál es el gran cambio que registra en el país en estos primeros ocho o nueve meses con Cambiemos en el poder?

Me gustaría creer que Argentina cambió en cuanto a la impunidad. Digo ‘me gustaría’ porque hay cosas concretas que se ven, pero es algo que requiere tiempo. Es un tema clave y nos va a permitir reconciliarnos entre nosotros y poder trabajar sin tanta división y tanto rencor. Se han logrado avances importantes y en poco tiempo. Sobre el resto, puedo decir que es una gestión diferente y es una apuesta. Veremos cómo los distintos sectores nos ajustamos a esa apuesta y cómo nos va.

 

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