Estudiar y aprender a trabajar, claves para el desarrollo social

Los jóvenes no necesitan empleos tradicionales a tiempo completo sino “pequeños empleos” más flexibles para aprender a trabajar mientras estudian.

 

por Jorge Colina (*)

 

Para generar desarrollo social hay que aumentar sustancialmente la tasa de empleo de la población. En otras palabras, hay que reducir no sólo la tasa de desempleo sino también la tasa de inactividad laboral, esto es, gente que teniendo edad para trabajar, no trabaja ni busca trabajo. Para cumplir este objetivo, la meta debe ser elevar la tasa de empleo entre los jóvenes.

 

En Argentina, se estima que la tasa de desempleo entre los jóvenes es de 16% para los varones y 23% para las mujeres respecto de la población económicamente activa con edades entre quince y veinticuatro años. Esto señala que el desempleo juvenil es un problema grave, agudizado en las mujeres.

 

Pero más severo es el problema de la inactividad laboral juvenil, ya que el 53% de los jóvenes varones en este rango etario no trabaja ni busca trabajo y en el caso de las mujeres jóvenes el 70% no participa del mercado laboral. Ciertamente que muchos de estos jóvenes laboralmente inactivos están estudiando. El 80% en el caso de los varones y el 70% en el caso de las mujeres. Por diferencia se detecta el problema más agudo del empleo juvenil que son los chicos que no estudian, ni trabajan, ni buscan trabajo, que serían el 20% de los inactivos en el caso de los varones y el 30% en el caso de las mujeres. Pero igualmente, aunque estudien, el tener jóvenes que no participan del mercado laboral es generar dificultades que luego se traducen en déficit de empleabilidad permanentes cuando las personas son más grandes.

 

Países avanzados como Australia, Canadá, Dinamarca, Holanda y Suiza tienen altas tasas de empleo y esto viene asociado con el hecho que muy tempranamente la gente hace la transición de la educación al empleo. Estos mismos datos de inactividad laboral de jóvenes (que en Argentina son 53% para varones y 70% para mujeres de entre quince y veinticuatro años) en estos países avanzados son de apenas el 35% tanto para varones como para mujeres, y además son países con altas tasas de alta cobertura de educación secundaria y superior, lo que señala que son países donde la mayoría de los jóvenes combina el estudio y el trabajo.

 

En esta perspectiva, superar el desafío de aumentar estructuralmente la tasa general de empleo de la gente en edad de trabajar comienza por promover entre los jóvenes la sana práctica de estudiar y trabajar.

 

Para ello, hay que sacarse de la cabeza que los “buenos” empleos son sólo aquellos a tiempo completo, de 9 a 18 horas, de lunes a viernes. Estos empleos de jornada tradicional sólo se ajustan a las posibilidades de los adultos, generalmente varones. Los jóvenes, para poder combinar la educación con el trabajo, requieren otros tipos de empleos: que sean part-time, algunos días, de algunas pocas horas (posible y preferentemente, después de las 18), de corta duración, de pago en el día (jornal), etcétera, es decir, todas aquellas características que muchos políticos, sindicalistas, abogados laboralistas y generadores de opinión, asociarían con la “precarización” del empleo. Ciertamente que empleos con estas características son precarios, pero no desde la concepción negativa sino de la que señala la Real Academia Española cuando afirma que precario es algo de poca estabilidad o duración.

 

La mayoría de los jóvenes no necesita un empleo para sustentar una familia (como sí lo necesiten los adultos y entonces, sí, un empleo precario es una insuficiencia). Los jóvenes necesitan un empleo para “hacerse de unos pesos” que financien sus gastos personales generalmente asociados al entretenimiento, y fundamental necesitan un empleo para aprender a trabajar mientras están estudiando. Es muy importante esta concepción, llámese de pequeños empleos, o sea aquellos de corta duración, puntuales, de jornada muy reducida, que lejos de resaltarle el tinte de precariedad deben ser asociados como buenos empleos para que los jóvenes aprendan a trabajar.

 

El peor escenario es el que actualmente hay en Argentina. Con instituciones laborales muy vetustas que datan de los años ‘40 (legislación muy estricta y burocrática, judicialidad exacerbada y abusivas cargas sociales) se aspira a generar sólo trabajos a tiempo completo, que son sólo aptos para adultos. Para los jóvenes, queda la inactividad laboral y el desempleo. Si además fracasan en los estudios, de adultos pasarán a ser inactivos estructurales.

 

El norte de un joven debe ser el de estudiar y trabajar para aprender mientras se es joven, porque cuando ya se es adulto es muy difícil estudiar y/o aprender a trabajar. Las instituciones laborales en Argentina deben modernizarse y acompañar sensibilizándose con las necesidades de los jóvenes, de estudiar y aprender a trabajar.

 

(*) Economista de Idesa

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