El Indec confirmó que la pobreza es elevada: ¿y ahora?

Con 14 M de compatriotas en situación de pobreza, la situación social se ubica más cerca del promedio latinoamericano que de Alemania.

 

por Juan Pablo Paladino (*)

 

El primer dato de pobreza e indigencia del “nuevo INDEC” se ubica más cerca del rango que venía calculando la UCA que del último dato oficial (4,7%), confirmando que, con 14 millones de compatriotas en situación de pobreza, la situación social en Argentina se ubica más cerca del promedio latinoamericano que de Alemania.

 

Pero habiendo dado este importante primer paso en cuanto a la discusión sobre la realidad de este indicador (pobreza e indigencia por ingresos), resulta necesario ahora comenzar a incorporar en el debate que el fenómeno de la exclusión social no sólo compete a la suficiencia o insuficiencia de ingresos para adquirir una canasta sino que también se manifiesta en la carencia de capacidades para que se cumplan otros derechos sociales esenciales, como educación, salud, empleo, vivienda digna o servicios básicos. De hecho, en el mismo informe en que la UCA anunció que la pobreza por ingresos afectaba a 29% de la población mostró que otro 20% no estaba alcanzado por esa medida pero sufría de carencias en uno o más de estos derechos sociales.

 

Tener en mente la multidimensionalidad del fenómeno de la exclusión es crucial, ya que será importante continuar trabajando para bajar el 32% de pobreza por ingresos pero necesitamos también acompañar estas acciones con otras que abarquen las restantes dimensiones si queremos realmente una inclusión social plena.

 

La política social

 

Introducir en el debate las restantes dimensiones de la exclusión necesariamente nos llevará a redefinir la dirección de la política social que es, en definitiva, la herramienta capaz de brindar las capacidades de superación de la exclusión a aquellos que se ven imposibilitados de hacerlo por sus propios medios.

 

La política social en los últimos años ha dado un gran salto en materia de cobertura: se triplicó el número de beneficios de planes de transferencias condicionadas y se alcanzó prácticamente la universalidad en el sistema de jubilaciones y pensiones. Esto permite ver, por ejemplo, que sólo el 20% de la pobreza por ingresos cae bajo el umbral de la indigencia (frente al 35% en 2004-2006), y que la menor incidencia de estos flagelos se observa en los rangos etarios de 65 años y más.

 

Sin embargo, el foco de la política social sigue estando principalmente en la construcción de un piso universal de ingresos, lo cual es absolutamente necesario y debe profundizarse, pero no alcanzará para revertir de forma definitiva la situación de vulnerabilidad de la población objetivo ni para cortar los mecanismos de reproducción intergeneracional que hoy existen.

 

Hacia adelante

 

En este sentido, se deberá trabajar en dos grandes líneas de acción.

 

Una primera compete a una recalibración de la política social. Aquí se enmarca un reenfoque de las intervenciones del Estado para que se complemente el piso universal de ingresos con acciones que apunten a dotar unia los beneficiarios de las herramientas para que, en el futuro, puedan por sus propios medios administrar los riesgos sociales. Confeccionar un mapa de la pobreza y avanzar en acciones de capacitación, desarrollo de servicios de cuidado y microcréditos irían en este sentido.

 

En paralelo, se requerirá de una eficiente coordinación del Ministerio de Desarrollo Social (MDS) con el resto de las áreas del Estado (vivienda, salud, educación, etcétera), atendiendo a la multidimensionalidad del fenómeno de la exclusión. El MDS debe convertirse entonces en el mascarón de proa que lleve a todo el Estado allí donde más se necesita.

 

Finalmente, se requiere de un desarrollo de metas cumplibles con un sistema eficiente de evaluación y monitoreo de programas.

 

La segunda gran línea de acción corresponde al modelo macroeconómico. Si el crecimiento esperado de la Argentina muestra una baja elasticidad-empleo, difícilmente pueda revertirse la actual situación, ya que el acceso al mercado laboral sigue siendo el principal dispositivo que articula las capacidades para la inclusión. Con baja creación de empleo, las acciones de la política social perderán poder de fuego. En definitiva, la confirmación de que la pobreza por ingresos supera el 30% puede sorprendernos y conmovernos, pero de ninguna forma paralizarnos.

 

(*) Economista

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