El desafío de la desinflación

El BCRA debe coordinar sus acciones con las de otras agencias del Gobierno y orientarlas a moderar las presiones inflacionarias, minimizando los costos en términos de caída del nivel de actividad y destrucción de puestos de trabajo. Se puede, pero no será fácil.

 

por Héctor Rubini (*)

 

El próximo lunes 26, la conducción del BCRA anunciará el programa de metas de inflación que instrumentará desde el 1° de enero de 2017. Ciertamente, enfrentará un escenario algo aliviado, dado que en este año ha debido sortear el desafío de liberar el mercado cambiario, al mismo tiempo que se incurría en un proceso de algo más de cuatro meses para resolver el conflicto con los holdouts. A esto se sumó el aumento de la frecuencia de ajustes salariales en varias convenciones colectivas y el todavía inconcluso proceso de actualización tarifaria, de duración y final inciertos.

 

En un contexto de volatilidad de precios relativos, y de gradual reconstrucción de estadísticas oficiales creíbles, la inflación superó en los primeros ocho meses el anuncio de 25% para todo el año de enero pasado. El IPC de la Ciudad de Buenos Aires acumuló hasta agosto una suba de 31%, aun con deflación en el mes pasado debido al fuerte retroceso de las tarifas de gas (-67,6%).

 

Las diferencias

 

Si bien la dinámica es hacia un descenso de la inflación asociado a la recesión y al impacto negativo de la declinación de las exportaciones manufactureras, los indicadores del IPC CABA muestran una mayor volatilidad de los llamados precios regulados. Esto es más que evidente al comparar la foto de agosto 2016 con la de 2015, que muestra una variación del IPC (punta a punta) de 43,5%, con deflación mensual de 0,8% en agosto. Los precios regulados, estacionales y resto de bienes y servicios en la CABA mostraron en agosto una variación interanual de 68,9%, 34,0% y 40,5%, respectivamente. En términos mensuales, las variaciones fueron también mayores para los precios regulados: -10,1%, mientras que para los estacionales se observó una deflación de 3,5%, y para los demás una inflación de 1,6%.

 

El BCRA La tendencia es claramente descendente. Si bien esto refleja parcialmente la fuerte moderación de la emisión monetaria del BCRA, es claro que en el corto plazo ese instrumento no ha sido suficiente para alcanzar la estabilidad de precios. Algo si se quiere, más que obvio, en presencia de fuertes y persistentes variaciones mensuales de precios relativos, y ajustes de costo y precios en segmentos donde no cayó tanto la demanda de bienes y servicios finales e intermedios.

 

Ciertamente una política monetaria prudente es insuficiente en el corto plazo para consolidar una baja permanente de la inflación. Se requiere, como ha quedado más que evidente, un programa coordinado de política monetaria, fiscal, cambiaria, de ajuste de precios regulados (fundamentalmente tarifas) y salarial.

 

Esto supone una combinación heterodoxa de intervenciones para graduar ajustes de algunos precios e ingresos, y liberalizaciones de mercados conforme a criterios definidos, tanto en términos de qué liberalizar y a qué velocidad. Su inexistencia tornó más que evidente la necesidad de cierta malla (no suficiente, aunque no necesariamente redundante) de cierto pacto o acuerdo social para atemperar los reclamos de sectores con ingresos reales afectados por los cambios esperables de precios relativos. Su anuncio en enero y no concreción ha sido y sigue siendo motivo de fuertes críticas, las cuales arreciaron en las semanas de mayores subas de tarifas y otros precios. A su vez también esto exige una adecuada y detallada explicitación de la gravedad (si la había) de la herencia recibida. Como en medicina, si no se le explica con detalle al paciente el mal que lo aqueja y los esfuerzos necesarios para superarlo, es de esperar que abandone, o directamente rechace cualquier terapia relativamente incómoda (al menos en el corto plazo).

 

En baja

 

Transcurridos ocho meses, el alivio para las autoridades asociado a la baja de la inflación en el IPC de la CABA y de otros distritos se ha visto acompañado a su vez de la baja en el Indice de Expectativas de Inflación a doce meses de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).

 

Desde abril pasado la mediana de las respuestas relevadas viene mostrando una declinación ya permanente de 30% en ese mes a 25% en agosto, mientras que el promedio registra un descenso de 36,0% en abril pasado a 29,8% en agosto. La dinámica es descendente, pero no demasiado auspiciosa: aunque como lo muestra la mayoría de indicadores de la economía real, es a costa de una recesión, que tal vez empiece a revertirse a partir del próximo trimestre. De reaccionar favorablemente la demanda y la actividad económica no es claro como tal dinámica lograría consolidar una baja permanente por al menos 12-15 meses más.

 

Presupuesto y dudas

 

El Presupuesto 2017 constituye el legítimo programa fiscal para el año próximo y el mismo prevé para que este año el PIB caerá 1,5% y en 2016 crecerá 3,5%.

 

Por el lado de la demanda, el Gobierno estima una reversión de la caída del consumo total y de la inversión este año, con un salto de 14,4% para la inversión bruta fija del año próximo. Esto sería coherente con una expansión de la demanda tal que la cuenta corriente cerraría con mayor déficit (en pesos corrientes que este año). ¿Cómo puede ser esto coherente con una proyección de inflación de 17% para el año próximo, coherente con una inflación mensual promedio de no más de 1,3%?

 

Ciertamente, es difícil entender cómo podría lograrse, sin profundizar o mantener la recesión de este año. En ese sentido será necesario conocer no sólo el programa de metas de inflación del BCRA el próximo lunes. La autoridad monetaria parece tener mucha confianza en lograrla, pero debe explicar el cómo hacerlo.

 

El escenario actual muestra varios escollos importantes. Sin reducir el gasto público ni la presión tributaria, ¿se financiará el déficit fiscal con mayor endeudamiento? ¿Seguirá esterilizándose la asistencia monetaria al Fisco con el ya galopante crecimiento de la deuda cuasifiscal del BCRA? ¿Es factible un ajuste de tarifas públicas, transportes y otros precios administrados de menor magnitud que el observado este año? ¿Es factible que los sindicatos acepten voluntariamente ajustes de salarios mirando una meta inflacionaria no observada, en lugar de la inflación ex post observada que ha deteriorado los salarios reales de no pocos trabajadores?

 

En ese contexto se presenta un escenario en el que el BCRA deberá ser muy cuidadoso en la implementación de los ajustes en sus políticas y mensajes en caso de observarse desvíos importantes entre metas y datos observados. El escenario es el de un año electoral en el que el BCRA deberá acomodar sus decisiones no sólo a dichos desvíos sino además consolidar cierta reputación de ente eficaz en la lucha contra la inflación. No es una misión imposible, pero la tarea puede tornarse muy dificultosa si dicho programa monetario no se coordina con las acciones de otras agencias del Gobierno orientadas a moderar las presiones inflacionarias, minimizando los costos en términos de caída del nivel de actividad y destrucción de puestos de trabajo.

 

(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL

 

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