Cambio de régimen

 

por Fernando Amador Agra (*)

 

Han transcurrido poco más de nueve meses del inicio del nuevo Gobierno. Un período equivalente a la gestación de una criatura. Hubo marchas y contramarchas, que son de público conocimiento. También logros de gestión como la salida del cepo y medidas que buscan desregular mercados y generar un ámbito de mayor competencia.

 

Pero también se están evidenciando cambios relevantes, sin evidencias de contramarchas, que de mantenerse implicarán adaptaciones que trascienden su ámbito de aplicación. Nos estamos refiriendo a la política monetaria y a su faceta antiinflacionaria en particular.

 

El BCRA se ha puesto a la cabeza en la lucha contra la inflación cumpliendo con uno de los mandamientos que su Carta Orgánica estipula: la estabilidad monetaria. Para lograr su cometido ha seleccionado del menú de políticas disponibles un marco de política en particular, que países de la región y otras latitudes están aplicando. Se trata de las metas de inflación, que involucra el anuncio de un nivel o rango de inflación que se deberá alcanzar para un período determinado.

 

Credibilidad, reputación, rendición de cuentas, la no existencia de “dominancia fiscal” y, además, un indicador creíble de la evolución de los precios son condiciones críticas para que las expectativas inflacionarias se alineen al rango postulado. Las tres primeras condiciones se irán construyendo con el tiempo y cumpliendo con la palabra empeñada; la dominancia fiscal se irá diluyendo a medida que la política fiscal ordene las cuentas públicas y la última está en pleno proceso de reconstrucción (Indec).

 

Para alcanzar el rango de inflación que se propone, el instrumento seleccionado es la tasa de interés (Lebac a 35 días). Es decir, que dicha tasa será la variable exógena a la cual se deberán ajustar el resto de las variables nominales de la economía, en un marco de flexibilidad cambiaria.

 

Como bien expuso el presidente del BCRA:“Una vez normalizada la situación cambiaria, resultó importante precisar cuál es el régimen cambiario y monetario que estimamos apropiado para la economía argentina. En este punto fuimos muy claros desde un comienzo: la experiencia internacional muestra que Argentina debe evitar la tentación cortoplacista de recurrir a los esquemas de tipo de cambio rígido que han sido típicamente ‘pan para hoy y hambre para mañana’. Por el contrario, su régimen monetario debe migrar a los esquemas de metas de inflación y creciente flexibilidad cambiaria e integración financiera, que han mostrado ser el mecanismo más efectivo y duradero en muchos países para alcanzar la estabilidad de precios y procesos de crecimiento ordenados”. [ 1]

 

Agregó: “(…) En las últimas semanas el BCRA ha comenzado a migrar formalmente hacia un esquema en el que la herramienta principal de política monetaria es el uso de la tasa de interés mientras que la cantidad de dinero se determina endógenamente (por lo tanto, sin una meta explícita para su evolución)”.

 

En este contexto, el objetivo de la política monetaria es la tasa de inflación comprometida para el período relevante (rango del 17% – 12% para 2017). No otro. No el tipo de cambio nominal en particular. Y este es un punto relevante: las intervenciones cambiarias serán “ocasionales” [2] con el objetivo de administrar la hoja de balance del BCRA y “prevenir fluctuaciones injustificadas”. De cumplir con la política comprometida, no deberíamos esperar que el tipo de cambio nominal sea el ancla de la economía o que la paridad cambiaria sea un instrumento para generar bolsones de competitividad.

 

Estamos frente a un cambio de régimen en la política monetaria cuyos efectos e implicancias trasvasan el campo monetario y llegan al corazón de la economía real: la inversión. La competitividad de la economía crecerá si crece la inversión productiva, si se renuevan las técnicas productivas, si se afianzan los esfuerzos innovativos. Por cierto, nada nuevo desde el punto de vista de la teoría.

 

Sin embargo, este cambio de régimen agudiza la necesidad de cambiar de eje en la discusión sobre atraso cambiario: deberán direccionarse a cuánto invertimos y a qué tan eficiente somos produciendo. Es una discusión que pondrá en tela de juicio la sustentabilidad de largo plazo de algunos complejos productivos a lo largo del país.

 

La necesidad de reconversión productiva será un tema relevante de la agenda. No se deberá apelar más a salvatajes cambiarios de corto plazo. Se acerca la hora de la Producción y la Eficiencia. Con mayúsculas, y sin retórica.

 

[ 1 ] Disertación del Presidente del BCRA como expositor invitado al Bloomberg Argentina Summit 2016 (05/04/16)

[ 2 ] Ver http://www.bcra.gov.ar/Pdfs/ Prensa_comunicacion/PresentacionPoliticasMonetarias2016. pdf

(*) Director de la licenciatura en economía de la UCES

 

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