El campo ya arrancó

El sector respondió a los estímulos oficiales y lidera la recuperación de la actividad, aunque todavía queda mucho por hacer.

 

La devaluación, quita de retenciones y la apertura de las exportaciones fueron un gran envión para gran parte del campo. El sector respondió con un fuerte incremento en las exportaciones, que fue determinante para la estabilidad en el mercado de cambios al tiempo que se nota un marcado dinamismo en las inversiones, tanto en ganadería como en la agricultura. El agro lidera la recuperación de la actividad.

 

Luego de una década de destrato oficial, el campo vuelve al centro de la escena, no por sus inconvenientes sino porque es el sector que más rápido empieza a despegar. Atrás quedaron los resultados de una muy mala política económica que interrumpió el desarrollo de la agricultura y la ganadería: se perdieron producción, exportaciones, mercados, empleo y sólo la soja logró sobrevivir.

 

Si la situación no fue peor fue porque los precios internacionales, más allá de la típica volatilidad, se mostraron muy favorables. Los datos son más que elocuentes: en el caso de la agricultura, el área sembrada quedó estancada desde el máximo de 110 millones de hectáreas de la campaña 2010-2011 y se aceleró la “sojización” dado que la superficie destinada a la oleaginosa en los últimos cuatro años creció 650.000 hectáreas al año mientras que la destinada a trigo y maíz apenas subieron 100.000.

 

Para la ganadería fue peor pues sufrió una notable pérdida de stocks: con el cierre de las exportaciones desaparecieron mercados, cayó la producción de novillos para exportación a la mitad y el país pasó de tener 7% del mercado global de carnes bovinas a apenas 1%. Lógicamente, cerraron frigoríficos y se perdieron miles de puestos de trabajo.

 

La caída de los precios de las materias primas agropecuarias desde 2011 puso en evidencia la crítica situación, que se reflejó en el mercado de cambios. Siendo el sector que aporta casi la mitad de las divisas de las exportaciones, el continuo deterioro agudizaba los problemas del mercado cambiario, generando más presión en las reservas internacionales.

 

La devaluación y quita de retenciones fueron determinantes para quebrar este proceso. Si bien la suerte de la campaña actual dependió del Gobierno anterior, la liberalización del mercado de exportaciones permitió que se liquiden stock remantes al tiempo que ingresaron más divisas por trigo y maíz. De hecho, las ventas externas de cereales son de los pocos rubros que este año muestran un fuerte crecimiento registrando un alza de 22% interanual, aún con precios más bajos, lo que significó ingreso de más de US$ 800 M.

 

El costo fiscal de quitarle las retenciones al agro y bajar las del complejo sojero fue de $45.000 M (US$ 3.000 M) y el Tesoro lo padece en tiempos en que el déficit fiscal es elevado. Sin dudas, la apuesta es a que con estas medidas el sector comience a dinamizar la actividad, en especial en el interior del país. Todo indica que el campo está dando señales alentadoras: en el primer semestre se dispararon las ventas de tractores (+14% interanual), sembradoras (+45% interanual) y cosechadoras (+ 15% interanual) y hay un fuerte incremento en la venta de fertilizantes. Con todo esto, y si el clima lo permite, se espera una muy buena campaña de trigo y maíz, cuyo impacto se podrá percibir hacia fin de año cuando comience la campaña. Similar situación se observa en el sector ganadero, que apunta recomponer stock.

 

Queda mucho por hacer. Hay actividades que aún tienen mucho por mejorar, tal es el caso de la lechería y las economías regionales que presentan problemas más estructurales, con elevados costos internos, falta de infraestructura y fallas en la comercialización que atentan contra la actividad. Pero sin dudas el agro será el que impulse la recuperación en lo que resta del año y le podrá aportar 1 punto al crecimiento del PIB del año que viene.

 

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