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Se siente el frío en el consumo

 

La caída del consumo privado sigue profundizándose. Las ventas en los distintos segmentos cayeron bastante durante mayo. En shoppings, registraron una baja real de 16% anual mientras que en los supermercados la caída fue de 13%. En la misma sintonía, los datos relevados por la CAME reflejaron una disminución en el volumen de ventas durante mayo (-9,2%) que se profundizó en junio (-9,8%), cerrando el semestre con el sexto retrocesoconsecutivo.

 

Todo ello en un contexto en el cual muchos comercios ofrecieron sustanciales descuentos y ofertas para amortiguar el bajón de ventas, lo cual puede ser señal de que se anticipaban al “frío” o de que exageraron los aumentos frente al ajuste de precios relativos. En tanto, el mercado automotriz continúa en baja, aunque con algo de heterogeneidad entre segmentos.

 

Los motivos

 

El consumo se salteó el otoño y entró de lleno en el invierno. El factor más relevante detrás de este deterioro es la erosión del poder adquisitivo de los ingresos. La suba de los precios durante el primer semestre, por arriba del 25% según el IPC que se tome, fue superior a la de los ingresos de la mayoría de las familias. Este problema se agrava en aquellos hogares que también sufrieron pérdida de empleos.

 

Existen otros dos factores adicionales que complicaron la dinámica del consumo, aunque sus efectos son secundarios. Por un lado, el deterioro de las expectativas registrado tanto por la Universidad Torcuato Di Tella como en encuestas propias de M&F Consultora aumenta la cautela al momento de decidir gastos, sobre todo en un marco de incertidumbre respecto a la situación laboral. Por otro lado, se volvió más difícil suavizar los patrones de consumo vía crédito debido al sesgo contractivo de la política monetaria, aunque este efecto es marginal dado que los préstamos al consumo privado apenas superan el 6% del PIB.

 

¿Cambio?

 

De todos modos, el panorama podría revertirse parcialmente en los próximos meses. Si bien todavía se mantiene en registros elevados, de a poco la inflación se va moderando. Ello se ve no sólo en el relevamiento del Indec para el área metropolitana sino también en varios índices de preciosde algunas provincias. Más aún, los datos de alta frecuencia de PriceStats que sigue el BCRA para decidir su política monetaria muestran una fuerte desaceleración de la inflación en las últimas semanas.

 

Al mismo tiempo que se espera una baja de la inflación también se anticipa un aumento de los salarios, debido a las paritarias. Muchos de los convenios anuales contemplan aumentos escalonados que aún no fueron implementados, mientras que los acuerdos semestrales deberán renegociarse a medida que llegue su fecha de expiración. A ello hay que agregar el efecto que tendrán el aguinaldo, el aumento automático de las jubilaciones y planes sociales en septiembre y varias medidas fiscales tendentes a incrementar ingresos en los sectores más desprotegidos (devolución del IVA y programa de reparación histórica a jubilados).

 

La eventual recuperación del consumo no compensaría lo sucedido durante el primer semestre. Aún cuando los ingresos recuperen poder adquisitivo, cerrarán el 2016 en terreno negativo debido a una inflación superior al 40% anual. Por su parte, la posible mejora de expectativas (de cara a un 2017 mejor) y el esperado recorte de tasas (si se materializa la desinflación gradual) ayudarían pero, como mencionáramos, su efecto sería secundario.

 

Si bien desde el Gobierno se está intentando promover a las inversiones y las exportaciones como motores del crecimiento, se trata de un proceso que llevará tiempo y esfuerzo. Mientras tanto, la economía continuará dependiendo del consumo privado. Teniendo en cuenta las perspectivas de corto plazo esto implica que el año terminaría en recesión. No obstante, viendo el vaso medio lleno, una incipiente recuperación en el último trimestre sentaría las bases para un 2017 con mejor desempeño, año clave en términos políticos.

 

One Comment

  • Juan Sagredo dice:

    No entiendo el optimismo de algunos a la luz de tantos factores negativos. Dudo que Argentina levante cabeza con el planteamiento de Macri de optar por la libertad de comercio. Puede que la libertad de comercio traiga a la larga una mejora importante.

    La población de China va a crecer, al igual que la de Rusia. La oposición de temporadas de cosechas, por la ubicación de Argentina en hemisferios diferentes, sumado al crecimiento de las clases acomodadas de estos países provocará un aumento explosivo de demanda de alimentos. Los chinos necesitan de países como Argentina y Brasil. Creo que su futuro es agrícola y ganadero y no industrial, por lo que el libre comercio los beneficia. Los chinos y rusos pueden pagar los alimentos con tecnología industrial, maquinaria agrícola, ferrocarriles, robótica. Lo que tiene que hacer Argentina es partir a la brevedad para duplicar o triplicar su producción y volver a ser el país rico que fue en el pasado.

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