Peña Nieto y México se enfocan hacia el Sur

En estos meses, el interés del Gobierno de México por relanzar sus relaciones con América del Sur se incrementó por dos motivos: Donald Trump y Dilma Rousseff. Pronto, Enrique Peña Nieto visitará Argentina para relanzar una relación bilateral que las partes consideran “distante”.

Por Julio Burdman (*)

Los presidentes Enrique Peña Nieto y Mauricio Macri se reunieron en Davos en enero y compartieron un dictamen: que la relación entre ambas federaciones latinoamericanas era “distante”. Acordaron entonces una visita de Peña Nieto a Argentina, que podría concretarse el próximo mes de julio. Ni la Embajada de México en Buenos Aires ni la Cancillería argentina confirmaron definitivamente la fecha de la visita de Estado, ya que todavía se están coordinando las agendas, y observando lo que sucede en el vecindario. Pero no pasará mucho tiempo: apenas pueda, el Presidente mexicano vendrá por aquí.

En estos meses, habría que agregar, el interés del Gobierno de México por relanzar sus relaciones con América del Sur se incrementó. Dos tendencias que afectan a la identidad internacional de México, y en particular su mirada hacia el Sur, se han profundizado: Donald Trump y Dilma Rousseff.

Las explicaciones

Por un lado, el ascenso imparable de Trump en la carrera por la nominación presidencial del Partido Republicano es un factor de cambio para la política exterior mexicana. No es aún seguro que el Grand Old Party vaya a conceder a Trump el gusto de la candidatura, ni que éste pueda vencer al Partido Demócrata en la competencia abierta: su alta imagen negativa, que es generalizada entre las minorías étnicas, es una restricción fuerte. Pero aún así, con cada estado que Trump gana en la primaria republicana, y ha venido ganando en todos, aumentan un poco más sus probabilidades de llegar a la Casa Blanca. México, país norteamericano con vocación latinoamericana, fuertemente integrado a la economía de Estados Unidos por el NAFTA y la frontera, diversificará aún más su estrategia internacional en el caso de que su gran vecino sea gobernado por un antimexicano.

Por el otro, está la crisis política y económica de Brasil, que no cede ni da señales de hacerlo. Durante los últimos años, el “Brasil potencia” se reafirmó geopolíticamente, definió que América del Sur –y ya no América latina– era su región de pertenencia prioritaria, e impulsó junto a Venezuela y Argentina la creación de la UNASUR. Un espacio que compite con la OEA y que se transformó, durante algunos años, en el mecanismo prioritario de la paz y la resolución de conflictos en la región andina. Todo esto implicó, naturalmente, una disminución de la influencia de México, el otro gran país de América Latina junto a Brasil, en la dinámica política del Sur.

¿Acaso un Brasil concentrado en sus propios problemas es una oportunidad para que México recupere espacio político y económico en América Latina? Otto Granados Roldán, politólogo priísta y actual subsecretario de Educación Pública del Gobierno mexicano, reconoce que sí, en el marco del aumento de la inversión directa mexicana en América latina de los últimos años. Pero agrega que para que ello suceda, América Latina va a tener que adaptarse: “Muchas economías de la región donde podría haber más inversiones mexicanas se enfrentan a barreras institucionales, arancelarias y no arancelarias, y opacidad, lo que hace más complicadas las decisiones de inversión”, afirma. Aunque Granados habla a título personal, es una de las voces autorizadas para entender la mirada mexicana hacia el sur: además de su trayectoria política –fue gobernador de Aguascalientes y ocupó varios cargos en gobiernos priístas–, fue dos veces embajador en Chile, estuvo en Santiago hasta el año pasado, y es uno de los dirigentes del oficialismo que más ha seguido la política del subcontinente.

En su visión, la situación de América del Sur en los dos últimos años fue de un significativo deterioro: “La era Kirchner en Argentina deja un legado de profunda crisis especialmente macroeconómica que le tomará tiempo superar; Chile entró en una fase de profunda desaceleración que ha exhibido las debilidades de su estructura económica y productiva y desnudado un fenómeno de corrupción que al parecer estaba latente en la vida política pero que no se percibía; Ecuador y Bolivia, atrapados en una mezcla de populismo de los años setenta y la dependencia de commodities; Venezuela es un verdadero caos que alcanza niveles muy peligrosos”, afirma. Y sobre Brasil, su evaluación no es mucho más benevolente: dice que lo que sucede allí “no debiera sorprendernos”, ya que es el resultado de “una arquitectura institucional profundamente disfuncional y fragmentada, una clase política lamentable y una economía cerrada y poco competitiva globalmente”.

Sin dudas, para Granados la perla de América Latina es la Alianza del Pacífico, “el mecanismo más avanzado y moderno de integración”. Y dentro de esta arquitectura, se destaca el rol de México, país “que hizo bien y a tiempo los deberes, y que hoy es el que atrae más inversión extranjera de la región, exporta unos US$ 1.100 millones cada día y creció casi 3% en el primer trimestre de este año, una cifra sin precedentes”, sostiene.

El rol mexicano

Habida cuenta de este diagnóstico, y del lugar construido a partir de la Alianza del Pacífico, el Gobierno presidido por Peña Nieto está decidido a ejercer un liderazgo en la región latinoamericana, “apoyando los procesos de cambio y apertura” en América del Sur. Aunque sin pronunciar nombres propios, Granados define a la etapa que viene como de “fortalecimiento de las relaciones, tanto desde una perspectiva política como comercial, económica y cultural”. México está buscando relanzar su presencia en la región, con un protagonismo activo, y eso es lo que seguramente planteará Peña Nieto en su próximo desembarco en Buenos Aires.

(*) Politólogo y analista internacional.

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