Macri Michetti

La agenda social del Gobierno

(Columna escrita junto a Máximo Pisa, economista de Management & Fit)

El Gobierno finalmente lanzó un paquete de medidas para amortiguar el deterioro de la situación económica. Los efectos positivos de las reformas estructurales implementadas durante los primeros meses de gestión (cepo cambiario, retenciones, devaluación, subsidios y holdouts) tardarán tiempo en manifestarse. Por el contrario, a corto plazo implicaron una aceleración de la inflación y un debilitamiento del nivel de actividad. El bajón económico se ve potenciado, además, por el sesgo contractivo de la política económica, focalizada en reducir la inflación y mejorar la situación fiscal de forma gradual pero creíble. A la espera de una mejora que llegaría recién para el final del año, el Gobierno decidió implementar medidas tendentes a aliviar la situación de los sectores de bajos ingresos.

La devolución de parte del IVA figura entre las medidas más importantes del paquete anunciado. El proyecto en discusión pretende reintegrar una proporción del IVA en las compras realizadas con tarjeta de débito (no inferior al 15% del monto total), con un máximo reintegrable de $300 por mes por beneficiario. La población objetivo incluye a jubilados y pensionados que cobran el haber mínimo y perceptores de AUH. El beneficio se limita a un máximo de 5 AUH por hogar y excluye a aquellos jubilados y pensionados que perciban más de una prestación, a quienes deban pagar el Impuesto a los Bienes Personales y/o Ganancias y a quienes conviven con un trabajador registrado o autónomo dentro del grupo familiar. Debido a los criterios de exclusión, el total de potenciales beneficiarios (8,4 millones de personas) se reduciría sustancialmente.

Los ingresos familiares se verán incrementados por la devolución del IVA. A partir de información pública es posible simular el efecto que habría tenido esta medida de haberse aplicado a mediados del año pasado (último período para el que se cuenta con microdatos de EPH). Según estimaciones propias, los ingresos de los hogares aumentarían 1,6% en promedio, aunque obviamente existen diferencias entre los diferentes estratos sociales. El mayor impacto se vería en las clases más bajas, siendo prácticamente nulo en los niveles de mayores recursos. En efecto, luego de la medida el ingreso de los hogares del primer decil se incrementaría en 6,3% en promedio, mientras que el segundo decil lo haría en el 3,4%, el tercero en 2,1% y el cuarto en 1,7%. A partir de ahí la incidencia de la medida se reduce.

IVA

Asimismo la medida implica mejorar la progresividad del impuesto. Si bien el IVA es proporcional al consumo, su incidencia es claramente regresiva desde el punto de vista de los ingresos. Con la devolución parcial el Gobierno intenta dotar de mayor progresividad al impuesto, resultado que observamos en nuestra simulación. En concreto, la alícuota implícita para los hogares pertenecientes al primer decil de ingresos rondaría el 13%, mientras que alcanzaría el 17% y 18% para el segundo y tercer decil respectivamente. En tanto, los sectores más acomodados seguirían pagando el tributo de acuerdo a la alícuota vigente.

Una de las claves del éxito de la iniciativa estará en el grado de utilización de la tarjeta de débito. El problema reside en que la población más vulnerable utiliza el dinero en efectivo, ya sea por costumbre o por falta de cobertura de medios de pago electrónicos en los comercios en los cuales se realizan las compras (a su vez, por cuestiones de costos para operar con posnets y por la informalidad). Los resultados anteriores suponen que la tarjeta de débito se utiliza en el 100% de las compras y los beneficios de la medida se reducen sustancialmente si se calculan porcentajes más bajos. Este hecho es una debilidad y un desafío para la iniciativa oficial. La debilidad es obvia: el impacto positivo se diluye. El desafío pasa por fomentar la utilización de medios de pago electrónicos, lo que no solo incrementa la efectividad de la iniciativa sino también reduce la informalidad.

 

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