El principio y el fin de los holdouts

9 de marzo, 2016

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El 23 de diciembre de 2001, en aquel recordado discurso ante el Congreso, Adolfo Rodríguez Saá (en su calidad de Presidente provisional) anunciaba ante los presentes, y la mirada del mundo, el cese de los pagos de los compromisos de la deuda externa argentina. De toda la historia económica contemporánea es el default más grande del que se tenga recuerdo.

Cuatro años tuvieron que transcurrir para que en el 2005 se iniciara el primer canje de deuda en pos de intentar reestructurar la deuda en default, que ascendía a más de US$ 110.000 millones. Este primer canje logró 72% de aceptación.

Cinco años debieron transcurrir para que en el 2010 se diera lugar al segundo canje de deuda (en similares condiciones que su antecesor) alcanzando, con ello, una aceptación de algo más del 92% del total de la deuda en default, considerando ambos canjes.

Mientras Argentina transitaba entre intentos de salir de la crisis de finales de 2001 con intentos de canjes y reestructuraciones, comenzaba a nacer allá por el 2003, en el juzgado de Thomas P. Griesa, la presentación de la demanda del fondo NML Capital, uno de los fondos de inversión que no aceptaban quita alguna en el pago de los bonos que estaban en su poder y pretendían el cobro total del capital original más los intereses que correspondiesen. Presentación que daría inicio a años de litigio con presentaciones, apelaciones y fallos por donde uno los quiera buscar. Luego de obtener más del 92% de aceptación tras el segundo canje de deuda del 2010, la estrategia argentina se encaminó detrás de cierta lógica con la que el Gobierno argentino creyó tener la carta ganadora: si el 92% había aceptado la reestructuración y la correspondiente quita, esto encapsularía los reclamos de quienes no aceptaron la oferta ya que la Justicia estadounidense entendería lo injusto del reclamo de los holdouts (fondos de inversión con la deuda en litigio) para con el Estado. Estrategia que claramente fracasaría con el transcurrir del tiempo.

Y entre idas y venidas, canjes y ataques mediáticos a la Justicia, el punto de inflexión de la historia de la deuda en default llegaría el 27 de julio del 2014: el juez Griesa bloquearía el pago que debía realizar el Gobierno a través de fondos que había depositado para tal fin en el Bank of New York Mellon (BoNY). Esto daría nacimiento al llamado default técnico (no solo no se pagaba a quienes no ingresaron al canje sino que a partir de él tampoco a los bonistas ya reestructurados y con los que se venía cumpliendo religiosamente con los pagos). Las consecuencias estarían a la vuelta de la esquina.

Estancamiento del PIB, falta de financiamiento externo, merma de inversiones extranjeras, pérdida de reservas del BCRA y un déficit fiscal extremo fueron solo alguna de las cuestiones que se han tenido que padecer a partir de la incomprensible situación a la que ha arribado Argentina en el manejo del litigio con los holdouts.

Resta aún el guiño del Congreso con la derogación de la Ley de Pago Soberano y la Ley Cerrojo, dos escollos ineludibles que deberá resolver en lo inmediato nuestro cuerpo legislativo, lo que permitirá (antes del 14 de abril, según lo determinado por el Juez Griesa) pagar el acuerdo con los holdouts y poder decir, luego de casi quince años, que Argentina está nuevamente dentro del mundo, lugar del cual jamás deberíamos habernos alejado.

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